miércoles, 4 de mayo de 2016

Más sobre la rentabilidad del coche eléctrico

Hace unos días decía que tenía que poner en bonito mis números sobre la rentabilidad del coche eléctrico, y ya tenemos una primera versión.

En el paper analizamos los principales elementos que determinan la rentabilidad social y privada del coche eléctrico, aunque hay algunas cosas que no hemos incluido. Por ejemplo, el otro día nos comentaba un futuro comprador que él iba a comprar un coche eléctrico (bueno, un híbrido enchufable, pero es aplicable) para ahorrarse el aparcamiento. Efectivamente, algunos ayuntamientos eximen del pago del aparcamiento público a este tipo de vehículos. Esto es bueno para los usuarios, claro. Pero no es nada bueno para los ayuntamientos, que pierden ingresos, y encima ven cómo se incentiva la congestión, al haber más gente dispuesta a entrar en la ciudad. Según el estudio del IMF que citamos en el informe, la congestión es posiblemente la mayor externalidad del transporte, así que esto no es ninguna tontería.

De hecho, y aunque como digo no hemos incluido esto en un estudio limitado como el nuestro, lo que sí está claro es que la rentabilidad social del vehículo eléctrico no es necesariamente mejor que la privada. Y que por tanto hay que tener cuidadito a la hora de establecer políticas de apoyo (como esta de prohibir las compras de coches no eléctricos que proponen en Holanda). Los estándares como estos (igual que el de la prohibición del uso de bombillas incandescentes) tienen sentido cuando hay una actuación rentable socialmente e incluso privadamente, pero que los consumidores no son capaces de ejecutar por cuestiones de racionalidad acotada, etc. En esos casos interesa obligarles. Pero cuando las cuentas no salen, esto no está tan claro, porque puede costar mucho dinero a todos.

Así que la clave es tratar de que las cuentas salgan, por ejemplo investigando en abaratar las baterías. Ése es el supuesto clave de Bloomberg, y que también se ve bien en nuestro trabajo. Si las baterías bajan de coste hasta un 30% del coste actual, entonces ya la cosa funciona. Según Bloomberg, eso se conseguirá en la década de 2020. O antes si siguen avanzando los sistemas de car-sharing, que hacen que los coches se conduzcan más km al año, y por tanto mejoran el balance económico (como también mostramos en el paper). Aunque hay que recordar que a partir de ese momento empezarán a comerse cantidades significativas de la demanda de petróleo, y por tanto el precio del petróleo bajará (haciendo de nuevo más competitivo el coche tradicional).

Otra opción es crear una verdadera disrupción en el mercado, tal como comentan aquí: según esta entrada, lo que sí tiene un indiscutible futuro es el pequeño vehículo eléctrico (que incluye a la bici eléctrica), porque atenderá un mercado de movilidad que ahora está sobreatendido con el coche de combustión. Según el autor, seguirá habiendo vehículos tradicionales, pero habrá mejor ajuste entre las necesidades de movilidad y la oferta. Habrá que estar atentos.




2 comentarios:

Fernando Leanme dijo...

Estoy de acuerdo: 1. El precio y peso de la batería es clave. 2. El coche eléctrico no tiene que competir necesariamente con un coche de combustión interna. Yo veo un buen mercado para coches de 2 pasajeros con capacidad para viajar 100 km sin recargar.

Desde el punto de vista práctico pueden incluir un sistema de calefacción alimentado con una bombona de butano, que se puede utilizar para alimentar un generador de 10 KW en caso de emergencias. Llámalo un mini híbrido gallego.

Alvaro Lopez-Peña dijo...

Una de las cosas que salían de mi tesis es que lo que no tiene mucho sentido es tener coches de 5 plazas usados por una media de 1.5 personas. Así que de acuerdo en que hay que reducir el tamaño de los vehículos (llámalo bici/moto/lo que sea) o aumentar mucho la ocupación. Yo también me decantaría por la primera opción…