martes, 12 de diciembre de 2017

¿Es mejor una dictadura que una oligarquía?

Va una de provocación. En varias ocasiones en este blog he argumentado que una cosa es el mercado bien entendido, y otra distinta el "capitalismo de amiguetes", la oligocracia que existe en unos cuantos sectores. Ante esta situación, algunos, y más últimamente, defienden que hay que volver al control por parte del gobierno de estos mercados...sin tener en cuenta que esos gobiernos también pueden estar controlados por élites, las mismas o distintas. Cambiamos de amiguetes, nada más. Y es que la clave por tanto no es mercado vs regulación, sino verdadera democracia vs control por parte de algunos, sean quienes sean. Milanovic nos recuerda que ya Adam Smith nos advertía contra esto:
But in a country where the government is in a great measure arbitrary, where it is usual for the magistrate to intermeddle even in the management of the private property of individuals, and to send them, perhaps, a lettre de cachet if they do not manage it according to his liking, it is much easier for him to give some protection to the slave; and common humanity naturally disposes him to do so. The protection of the magistrate renders the slave less contemptible in the eyes of his master, who is thereby induced to consider him with more regard, and to treat him with more gentleness. That the condition of a slave is better under an arbitrary than under a free government is, I believe, supported by the history of all ages and nations.
Esto lleva a Milanovic a concluir que no deberíamos ser simplistas, en la línea de lo que yo comentaba antes, y a provocar un poco diciendo que una dictadura podría incluso ser más igualitaria que una democracia:
An oligarchic democracy may be worse for the poor than an arbitrary government. A state, relatively autonomous from the elite, may care more about the “general interest” than an ostensibly democratic government that is in reality the government of the rich. Smith highlights, I think, in both his discussion of social cleavage in interests when it comes to colonies and in his discussion of slavery, the ambivalence of the connection between the state and class. In more democratic (but exclusivist) settings the state may be less autonomous and more directly “hitched” to the interests of the ruling class. In an autocracy, the state may be less subject to the power of moneyed interests, and more concerned with the position of the poor. Our facile and somewhat lazy approach that more democracy implies a greater concern or improvement for the poor is shown here, by the founder of political economy, to be possibly—at times—wrong.
Claro, la conclusión para mi no es que debemos volver a las dictaduras, sino que lo que hay que hacer es romper el control de las élites, para así poder aprovechar esa idea maravillosa que es el mercado, pero el de verdad.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Tirole, sobre el bien común, el populismo, el cambio climatico...

Decía hace tiempo que Tirole seguramente estaría de acuerdo en que los académicos deberían involucrarse más en los problemas reales de la sociedad. En esta entrevista lo confirma, así como su posición, que a mí me parece muy razonable, sobre cosas como el populismo, la desigualdad, el cambio climático...Ahí va una perla sobre el crecimiento verde:
The phrase you always hear is green growth. Green growth is about believing what we want to believe. I would love to have green growth but if we could have higher rates of growth, more purchasing power and be greener at the same time, we would be doing it already or we are completely stupid. No, we have to accept that we have to incur costs to be clean.

jueves, 7 de diciembre de 2017

¿Quién mueve la innovación?

Ricardo Hausmann hace un alegato en favor de la innovación a gran escala, esa que se hace en las grandes corporaciones (y que precisamente en los últimos años se ha dejado de hacer en gran medida). Su propuesta: obligar a los monopolios u oligopolios a que devuelvan parte de sus rentas a la sociedad como innovación, igual que hicieron los famosos Bell Labs, amenazándoles si no con la desinversión forzada. De esta forma, según Hausmann, se podrá construir un ecosistema en el que puedan prosperar las start-ups, que, si no, se quedan colgando de la brocha. Claro, no es igual de fácil para un gobierno gastarse unos eurillos para llevarse la fama y luego dejar que las start-ups se estrellen, que entrar en una negociación dura con las grandes empresas para conseguir esto, ¿verdad?

Curiosamente, justo estos días escuchaba la conversación entre Russ Roberts y Tim Harford en la que Roberts sacaba la idea de Mazzucato: que gran parte de las innovaciones que permitieron el iPhone fueron financiadas por el sector público, y que cuando hubo grandes inventos transformadores, fue gracias a las grandes corporaciones. Ese es precisamente el punto que remacha Hausmann. No que no hagan falta start-ups, o emprendedores como Jobs. Lo que hace falta es el terreno de cultivo que les permita crecer bien. Y eso es responsabilidad del estado y de su capacidad de negociación con las grandes empresas.

La otra opción, claro, es que sea el estado el que haga directamente la innovación (tipo centros públicos de investigación), aunque esto tiene algún inconveniente: básicamente, que las empresas son más eficientes al gastar, y además tienen mejores ideas sobre en qué gastarse el dinero. Una posible solución intermedia es que el estado ponga el dinero mediante préstamos, y las empresas/emprendedores compitan por él, en función del tipo de interés que se ofrezca, de forma que no haya competencia con la posible innovación privada.

martes, 5 de diciembre de 2017

La ilusión del decrecimiento

Así habla Branko Milanovic de esta cuestión (en dos partes), que alguna vez he comentado yo también aquí: la que plantean algunos que, una vez que han alcanzado un nivel de vida suficiente, proponen que dejemos de crecer, sin darse cuenta de que hay muchos más por detrás queriendo igualarse a nosotros. De hecho, la anécdota que yo suelo contar (real, por supuesto) es la de ese ecologista de corazón que se proponía enérgicamente que se dejara ya de construir en zonas de valor natural, una vez, por supuesto, que él ya tenía una casita construida en esa zona.

Por supuesto, parto de la base, y creo que Milanovic no lo pone en cuestión, de que crecimiento económico no es igual a bienestar; y que claramente a muchos de nosotros, los más ricos, nos vendría bien dejar de consumir como hacemos. Pero plantear esto a nivel global y tajante implica, claramente, un nivel de redistribución de recursos enorme, y por tanto hay que ser realista en cuanto a la viabilidad práctica de una propuesta como ésta. Quizá debiéramos comenzar por tratar de limitar el crecimiento y el consumo de los que más tenemos (también siendo conscientes de las consecuencias que tiene), y buscar formas de que el mayor consumo de los que vienen por detrás no tenga consecuencias tan negativas sobre el medio.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Avances en solar termoeléctrica de alta temperatura

Parece que en EEUU se están poniendo las pilas en este tema, y eso es bueno, porque la solar térmica de alta temperatura puede venir muy bien para la transición energética, por su facilidad para regular en la producción de electricidad (aunque no para dar energía en largos períodos sin sol), y también para proporcionar energía térmica de calidad a la industria.

viernes, 1 de diciembre de 2017

La revolución energética china

La visión de Nick Butler sobre el realismo de la aparente transformación de China en materia energética, un poco en la línea de mi comentario de la semana pasada. En la segunda parte cubre sus implicaciones. Ya sé que el FT es de pago, pero creo que esta entrada vale la pena.

jueves, 30 de noviembre de 2017

¿Hay que reducir la duración de los grados universitarios?

El año pasado volvió el debate a España sobre si la decisión de establecer grados de 4 años tenía sentido, o si era mejor volver a los 3 años (como de hecho se hizo desde el principio en muchos países europeos). Ahora parece que también aparece en EEUU. Razones hay a favor y en contra, por supuesto. Y una no menor es el coste-beneficio. Si un año más de formación no aporta demasiado a la productividad del futuro trabajador, quizá no tenga mucho sentido gastarse tanto dinero en ello (no entro por supuesto en los beneficios no monetarios, muy importantes aunque no sé cómo de comparables). Y, como también apuntan en el artículo, reducir el coste de la universidad también facilitaría acceder a ella a más gente (aunque también hay que plantearse si es la universidad, y no otro tipo de formación, la más adecuada para algunos de los que llegan a ella).