Mostrando las entradas para la consulta madrid central ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta madrid central ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

martes, 2 de julio de 2019

Madrid Central y su impacto sobre las emisiones

Todavía a medio gas con el blog, pero este no he podido evitarlo. Hace unos días decía que es importante evaluar con cuidado el efecto de las medidas como Madrid Central, y no dejarse llevar por el ruido de estos días ni por la politización absurda de estas cuestiones. También, en ese misma entrada, defendía claramente los beneficios de Madrid Central (y por tanto no comparto la necesidad de la moratoria, que me parece puramente electoralista), así que espero que esta entrada se entienda en ese contexto.

El caso es que Greenpeace acaba de publicar un estudio en el que defiende que Madrid Central ha supuesto realmente una bajada de emisiones. Y lo siento, pero creo que esto no ayuda mucho si de verdad queremos contribuir a un debate riguroso para lograr una ciudad más limpia y más amable. Primero, porque los beneficios de Madrid Central van mucho más allá de la posible bajada de emisiones, y por tanto centrar el debate solamente ahí puede confundir más que otra cosa. Y segundo, porque cuando yo me leo el estudio, no soy capaz de sacar conclusiones tan fuertes como las que sacan ellos (lo cual contribuye a lo anterior, dando argumentos a los que están en contra).

- Primero, su evaluación de los factores climatológicos es únicamente cualitativa. Y además se usa de forma poco rigurosa: Primero se dice que hemos tenido un año muy malo, con lo que la mejora ha sido por Madrid Central... pero al final se dice que el aumento de emisiones en el primer trimestre ha sido por la climatología...
- Segundo, despachan la contribución de los distintos sectores emisores con un "En este período de tiempo no se ha observado ningún cambio de patrón relevante que haya afectado a este reparto, el cual se ha mantenido estable en los últimos años con leves variaciones." No muy riguroso, la verdad. ¿No puede ser que haya sido un año más cálido o más fresco y haya cambiado el uso de las calefacciones?
- Para las emisiones del tráfico toman un estudio de la UPM que afirma que las emisiones han bajado. Pero, si no lo entiendo mal, esto lo hacen a partir de un estudio de parque circulante, en el que asignan cero emisiones de NOx a las etiquetas ECO (algo totalmente erróneo). 
- En cuanto a la evolución del tráfico, de nuevo, no sabemos si se ha debido a Madrid Central o a otros factores. Por ejemplo, me parece curioso que el tráfico en Madrid Central, tras la gran bajada inicial, vaya aumentando (o reduciendo la bajada) poco a poco...Sobre todo, si como bien muestran en el estudio, se sitúa en un contexto de bajada continua en los últimos 10 años, o de aumento del transporte público (curiosamente desde 2015, sin haber dado tiempo al nuevo gobierno municipal de entonces a activar sus políticas...).
- Lo mismo pasa con la comparación con las zonas metropolitanas: sí, algunos elementos cualitativos parecen indicar cierta contribución positiva de Madrid Central...pero como bien dicen en el estudio,  las masas de contaminantes se desplazan, y las estaciones no siempre registran los contaminantes emitidos cerca de ellas. O, quizá es que estemos desplazando tráfico a la corona (algo que al principio se decía que no estaba pasando...). De nuevo, hace falta más análisis aquí.

Así que creo que no, que por ahora no se puede decir que "Madrid Central ha contribuido a mejorar la calidad del aire y que sus efectos sobre la región se han visto amortiguados por el aumento de emisiones en la corona metropolitana". Creo que se puede decir que las emisiones han bajado, y que puede ser que Madrid Central tenga algo que ver. Pero no sabemos cuánto, ni cómo. Y por tanto, no sabemos si Madrid Central ha sido bueno para ello o no. 

Creo que hubiera sido mejor hacer un análisis más sosegado y riguroso, para poder tener más fuerza y credibilidad en la defensa de Madrid Central. Sobre todo porque, como decía antes, no hace falta necesariamente entrar en estos argumentos para justificar los beneficios de Madrid Central, que van mucho más allá de la contaminación...

ADD: En NadaesGratis publican un resumen de un estudio algo más sofisticado, en el que, controlando las condiciones atmosféricas,  se observa una reducción de emisiones en todas las estaciones. Aunque esto no resuelve mi duda fundamental, y es si esto se debe a Madrid Central o no. Porque no es sólo la meteorología: también los vehículos mejoran su tecnología y reducen sus emisiones, y los usuarios pueden cambiar sus patrones de comportamiento a más largo plazo, como muestran algunas de las series descendentes de contaminación que citaba antes.

lunes, 5 de abril de 2021

El impacto de Madrid Central en la contaminación

El primer análisis serio que veo de este tema tan relevante. Lo malo es que no termina de convencerme, a pesar de que el análisis econométrico parece sólido.

  • Está claro que Plaza del Carmen ve reducidas sus concentraciones, mucho más que las estaciones cercanas. La cuestión es si es por Madrid Central o por una tendencia preexistente.
  • No entiendo por qué dicen que todas las estaciones siguieron una evolución similar pre-Madrid Central: Desde 2018, pre-MC, hay un cambio significativo en la tendencia de unas y otras. En la Figura 5 no se observa a simple vista un cambio de tendencia en Plaza del Carmen, ni en las otras.
  • Por tanto, como bien dicen los autores, las concentraciones podrían verse afectadas por una tendencia de reducción subyacente. Que podría incluir no sólo cambios en los patrones de movilidad, sino también en el uso de calefacciones. Y quizá  el tamaño de la muestra post-MC no permita identificar esta tendencia. 
  • Lo del efecto "contagio" no me parece evidente: sí, las estaciones cercanas reducen sus concentraciones...pero si se reducen menos de lo que debería corresponder a la tendencia, entonces el efecto contagio se convierte en efecto frontera.

viernes, 1 de abril de 2022

Los efectos de Madrid Central sobre el tráfico

 Interesantísimo estudio con muchas derivadas. Un resumen breve (mío):

- Madrid Central redujo el tráfico en el interior de la zona, pero esta reducción se ve más que compensada por el efecto desplazamiento del tráfico al exterior de la zona regulada. Consecuencia: más emisiones de CO2 en Madrid.

- Hay un efecto de sustitución de los vehículos que puede explicar la recuperación del tráfico a lo largo del tiempo. Esto puede suponer menores emisiones de contaminantes atmosféricos (medidas por las etiquetas que dan acceso a la zona, y siempre que no haya muchos PHEVs funcionando en modo no eléctrico), pero no necesariamente reducciones en las emisiones de CO2 (no medidas por las etiquetas).

- Conclusión: las ZBE pueden reducir el tráfico y la contaminación en las zonas reguladas, pero no en el resto. Claramente habría que ampliarlas.

- Todo este análisis ha sido posible gracias a unos estupendos datos abiertos del Ayuntamiento de Madrid, algo no muy habitual en España, y que ojalá se replique más.

martes, 7 de mayo de 2019

Sin buenos datos no hay buena regulación. El ejemplo del transporte.

Hace unos meses blogueaba un enlace que me pasaba Checa sobre las mentiras detrás de las etiquetas ambientales de los vehículos. Aquí hay fundamentalmente dos problemas:

- Uno, la falta de correspondencia entre las emisiones medidas y las reales. Como indican aquí, pueden llegar a ser hasta de un 60% (por encima, claro).
- Dos, el caso de los híbridos, donde ya no sólo es un tema de emisiones medidas, sino que se asume, por defecto, que el coche (incluso aunque sea un SUV enorme) tiene bajas emisiones sólo por ser híbrido.

Estos dos problemas hacen que la gente, que no es tonta, reaccione a medidas como Madrid central aumentando la compra de híbridos, que como ya hemos visto no necesariamente reduce emisiones. El resultado: que los posibles beneficios de la regulación pública terminan yéndose por la válvula de escape, el loophole que dicen los anglosajones, y que desgraciadamente siempre termina estando presente en cualquier regulación.

NOTA: No entro aquí en los beneficios reales de Madrid Central, y en si se reducen las emisiones o no. Porque para ello, más allá de ver si se ha reducido el tráfico en la zona regulada, habría que ver qué ha pasado con el tráfico y las emisiones fuera de esa zona (donde lo normal es que hayan aumentado simplemente por el efecto desplazamiento).

jueves, 16 de enero de 2020

Políticas efectivas para el transporte urbano

Dos ejemplos más de políticas que funcionan para reducir tráfico y contaminación en nuestras ciudades (algo bueno, a pesar de lo que digan algunas ignorantes recientemente), y en línea con lo que recomendábamos en el resumen del Foro BP reciente:

- Aumentar el coste de comprar un vehículo consigue reducciones muy importantes del parque, y también de la distancia recorrida y de la congestión (y por tanto, de la contaminación).
-  Y dar señales dinámicas del coste del aparcamiento consigue reducir la congestión y aumentar el uso del transporte público.

Desgraciadamente, ninguno de los trabajos mira cuestiones de equidad, algo también importante...pero creo que son contribuciones muy valiosas. A ver cuándo conseguimos evaluar igual de rigurosamente Madrid Central...

miércoles, 26 de octubre de 2022

Ciudades y transporte

 Dos artículos interesantes en Un grado y medio: uno de Manu tratando de definir qué es una ciudad, y otro de Juan Luis sobre el efecto de Madrid Central, que añade a un conjunto de evidencia cada vez más amplio.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Las universidades y la España vaciada

Decía el otro día que el capítulo del Informe España sobre universidades me había resultado decepcionante. Como comentó Fernando González Urbaneja el día de la presentación, parece una laudatio más que un análisis crítico. Sí, es cierto que, además de decir lo bien que lo han hecho, al final plantea algunos retos, pero sin formular alternativas que permitan responder a ellos.

Los retos sí los comparto: la universidad debe ser un motor central de la economía; y para ello debe adaptar sus enseñanzas, preservar la equidad (más y mejores becas), atraer estudiantes extranjeros, aumentar el número de estudiantes que hacen másteres, mejorar la selección y contratación, más movilidad internacional, más transferencia e innovación, mejora reputacional y visibilidad internacional, mejorar sistemas de gobierno universitario. El problema es que todo esto en lo que hace falta tanta mejora es difícilmente compatible con esa visión tan optimista de la situación actual.

Esto me parece particularmente sorprendente porque ya llevamos mucho tiempo dándole vueltas a esto. Precisamente fue la Fundación Encuentro la que organizó una conversación en la radio que me sirvió para escribir mis ideas sobre la necesaria reforma. Luego incluso el Gobierno encargó un libro blanco (que acabó donde acaban todos estos libros blancos, en un cajón...). El caso es que creo que hay bastantes elementos claros de qué habría que cambiar en la universidad española, comenzando por la gobernanza. No sé pues qué sentido tiene felicitarse de lo (poco) conseguido y no insistir en lo que hay que cambiar.

Y además, hay un elemento que no figura como relevante en todas estas ideas del 2012 y el 2013, quizá porque el problema entonces no parecía tan agudo: ¿pueden contribuir las (buenas) universidades a aligerar el problema de la España vaciada? Yo creo que claramente sí, y más en el contexto en el que estamos de necesidad de promover la innovación como respuesta al vaciamiento y a la transición justa. Por lo tanto, creo que a la lista de reformas de la universidad sería conveniente añadir la necesidad de descentralizar, de llevarnos algunos de los mejores campus, o de los nuevos que se quieran abrir, a las regiones vaciadas, como palanca de desarrollo.

Y es que las universidades pueden hacer mucho. Pero no hablo de los campus docentes como los que se han abierto en muchas provincias españolas: eso, que no está necesariamente mal (siempre que no distraigan recursos), no consigue sostener una economía local, sólo formar a los locales para que luego se vayan a buscar trabajo fuera, salvo que hagan formación intermedia, al estilo de lo que hacen los community colleges americanos. Para sostener la economía hace falta formar, pero luego aplicar el conocimiento al desarrollo empresarial. Y la evidencia del impacto de las buenas universidades parece estar ahí (sobre todo para ciudades medianas). Habiendo vivido el año pasado en Cambridge doy fe del impulso que la universidad ha supuesto para el desarrollo de un polo de innovación empresarial muy importante, y de cómo esto ha supuesto una atracción de población a lo que antes era, como decían los locales, una ciudad menos que provinciana (y siempre considerada un pueblito en comparación con Oxford). Lehigh es otro ejemplo de cómo una universidad puede sostener una región en decadencia.

Por supuesto, no todos los sitios valen. Pero hay muchos que sí. Decía Fernando hace ya muchos años en este blog que para atraer talento hacía falta un sitio agradable, con vivienda barata, y buenas comunicaciones internacionales. Madrid y Barcelona no cumplen con lo segundo. Pero Segovia, Valladolid, Logroño, Toledo, Guadalajara, Ciudad Real, Cuenca o León por ejemplo, sí que cumplen. Con trenes de alta velocidad, o muy cerca de aeropuertos internacionales, con vivienda muy asequible, con zonas verdes...

No entiendo pues cómo nos empeñamos en seguir abriendo universidades en Madrid o Barcelona o Valencia, en lugar de invertir en el futuro de la España vaciada y en el de las universidades de calidad.

NOTA: Aunque aquí me centro en el efecto tractor de las universidades, evidentemente hay otras instituciones que también pueden generar actividad económica y servir como tractores en estas zonas: hospitales punteros, entes públicos (por ejemplo, de los que yo conozco, CNMC, CORES, etc....¿por qué tienen que estar en Madrid?)

ADD: Justo unos días después ha aparecido esta entrada en Nada es Gratis sobre las cosas que no se cuentan de la España vaciada. Y creo que afortunadamente mi propuesta es bastante coherente con lo que dicen...y creo que también con lo que dicen en este artículo del NYTimes, algo distinto en su contexto, eso sí.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Despedida de Cambridge

Hoy termina mi estancia en Cambridge y salgo para España de vuelta. Tras la clase que tengo que dar en el curso de la FSR, comenzaré mi viaje de 1800 km, que espero concluir mañana por la noche satisfactoriamente en Madrid.

La verdad es que ya tenía ganas de volver. Aunque el tiempo ha sido especialmente clemente con nosotros, la falta de sol, y la distancia a los amigos, siempre se nota. Y además, tengo que decir que, aunque aquí no he parado, no he logrado muchos de los objetivos que me planteé para mi estancia. Desgraciadamente, y como ya sabía antes de venir, Internet mató los sabáticos románticos: los proyectos, correos, llamadas, y skypes desde Madrid no me han dejado mucho tiempo para pensar en ideas y proyectos nuevos, como yo quería. Por eso tengo la esperanza de que la vuelta a Madrid me ayude a hacer ese tiempo que necesito para pensar. Veremos.

En todo caso, la experiencia ni mucho menos ha sido inútil. Aquí he tenido la oportunidad de hablar con gente fascinante (que me ha ayudado a esbozar algunas ideas que espero desarrollar a la vuelta, y que ya he apuntado en el blog), y también a conocer mejor los centros de Cambridge que se dedican a temas relacionados con los míos:

- Por supuesto, el EPRG, con su gran colección de Working Papers (algo claramente de lo que aprender).
- El C-EENRG, centro interdisciplinar dentro de Land Economy (en el que trabaja Laura Díaz, estupenda amiga y apoyo durante la estancia). Una de las cosas interesantes de este centro es que está físicamente en el David Attenborough building, en el que se han mezclado estratégicamente ONGs y  departamentos de la universidad, buscando precisamente mayor comunicación y trabajo conjunto (aunque, según me cuentan, con pocos frutos aún, porque evidentemente la cosa no es tan fácil).
- El Cambridge Institute for Sustainability Leadership, muy orientado a la transformación empresarial.

Y también he podido disfrutar de las excelentes bibliotecas: la del Churchill (aquí las vistas desde mis sillón de trabajo), la central de la Universidad, o la fantástica Wren (esta, no para trabajar, claro). La Pepys la tendré que dejar para la próxima visita.

Finalmente, he podido rebotar ideas sobre trabajos que hemos realizado. Espero que todo esto pueda fructificar en el próximo semestre (porque si no, me temo que no me vuelven a dar otro sabático :))



viernes, 17 de enero de 2020

Global visions about the energy transition

The most recent issue of Papeles de Energia, featuring visions of the global energy transition from Vaclav Smil, Spencer Dale & Jorge Blázquez (BP), and Seb Henbest (BNEF), is now available online.

This journal was born in 2016 with the objective of contributing, from independent scientific knowledge, to the necessary debate about the global, European, and Spanish energy transition. As I mentioned in the introduction to the first issue, global energy systems face several challenges and opportunities in their evolution towards more sustainable and robust systems, and it is essential to reach a political and social consensus that will facilitate the investments and actions required, with a long-term vision. And a fundamental element for this consensus is rigorous and independent analysis from different perspectives.

In the seven issues published along these four years, major international researchers have been covering both general issues about the transition and particular aspects, such as the role of demand or business models, competition or innovation policies, the design of electricity markets, or the aspects associated to a just transition.

In this issue we return to the first topic, presenting the vision of three of the most renowned international experts on global energy transitions. As may be easily seen, these experts do not necessarily share their views, something not really surprising given the difficulty in predicting the future…although it is possible to extract a common message from their analysis, a message that, in my opinion, allows us to move towards this sustainable future desired by all.

In the first paper, Vaclav Smil, Distinguished Professor Emeritus at the University of Manitoba, and probably the best known analyst of the evolution of the use of energy throughout history, as shown in his many books, makes use of his ever-present critical spirit and reminds us that the public discourse about energy transitions has focused too much on the electricity sector and on the electrification of transport, has forgotten about the industrial transition, has not accounted enough for the history of past energy transitions, and is, in general, excessively optimistic. In his paper he focuses on what he calls six fundamental realities: there is nothing new about energy transitions, which have taken place since the beginning of civilization; the current transition is unprecedented in terms of the desired speed, of the scale required, and of the use of variable and low-density energy sources; the decarbonization of the global energy supply is not being driven by energy prices or fuel scarcity, or by security of supply; even modest reductions in emissions will be very difficult; global civilization will be dependent on fossil fuels for a long time, and therefore any statement that decarbonization may be achieved in two or three decades  is unrealistic and irresponsible; and finally, decarbonization includes some relatively simple transitions, but also others for which we do not have answers currently.

His conclusion, initially negative, is that this transition will share attributes of past ones: it will be gradual, intergenerational, and with different progress rates by region. However, he also ends with a positive note: engaging more strongly in innovation and energy efficiency can speed up this transition.

In the following paper, Jorge Blázquez and Spencer Dale, lead and chief economists respectively at the BP group, present the main questions and uncertainties related to the energy transition. Blázquez and Dale have a clear view that the energy mix in 2040 will be very different to the current one; that energy demand will continue growing in developing countries; and that we must reduce greenhouse gas emissions as quickly as possible. But this is where certainty ends: neither the speed of this transformation, or the role of the different technologies, or its share among sectors, are clear. Their Evolving Transition scenario tries to identify the key issues affecting the energy transition, in particular how much energy will the world require, how important are plastics for oil demand, how fast can renewable energy grow, and what else do we need to ensure a quick transition toward a decarbonized system.

Their (summarized) answers are: energy demand will grow 30% by 2040, driven by the increased prosperity of developing countries, mostly in Asia, something that clearly makes it more difficult to achieved the required reduction in emissions; growing trade disputes may reduce global GDP growth, and with it energy demand, and also promote the use of domestic energy sources (including coal); regulations about the use of plastics may affect significantly oil demand; renewables are growing much faster than other energy sources in the past, but may be slowed by the capital intensity required, and may not grow enough to reach climate targets. The consequence of all this is that this scenario is not consistent with the Paris Agreement. Achieving it would require a much more rapid transition, which in turn will require a wide set of measures, combining carbon prices with other more specific policies, including in particular an unprecedented deployment of renewable energy. However, renewables will continue representing only a third of global energy supply (in primary energy terms), so other technologies will be needed to decarbonize the rest of the energy system, in particular hydrogen and carbon capture.

In a clear contrast, Seb Henbest, chief economist at Bloomberg New Energy Finance, seems to have a much clearer view, at least in the medium term. Henbest relies on the spectacular advances in the cost of photovoltaic and wind energy and of batteries to preview a future in which, by 2050, renewable power (photovoltaics and wind) will produce 80% of the electricity at the global level, something he calls Phase I of the energy transition. In addition, he remarks that these advances will be more important for the global energy matrix than what is generally shown by primary energy statistics, which don’t actually represent the real use of energy (which must be done in terms of final energy). Europe will clearly lead this process, but other regions must speed up renewable energy deployment if they want to achieve this level of penetration before 2050. In the US natural gas is more competitive and hence renewables do not progress that much. In China, India and Southeast Asia cheap coal is the major obstacle. However, a very important point in Henbest’s conclusion, shared by the three papers, is that reaching the climate target of 2ºC, or even 1.5ºC, is impossible if current trends are not changed radically.

Therefore, beyond the different views of the authors, there is a shared central message: achieving the targets included in the Paris Agreement will require additional, substantive measures to speed up the transition. To this extent, the different author’s proposals are not opposed but complementary. We will require, as Smil proposes, to step up our efforts on innovation and energy efficiency; also, as mentioned by Blázquez and Dale, to explore the options offered by hydrogen and carbon capture; and above all, as put forward by Henbest, to create a regulatory framework that may mobilize the large investments required to achieve the targets. As I said at the beginning, these complementary proposals should allow us to advance, from a shared position, towards a more sustainable energy model, from a good understanding of the current situation and the potential constraints, but also of the benefits of adopting ambitious but sensible policies.

As has been repeatedly expressed in the recent COP in Madrid, it is time to act, it is the time to move from target setting to political action. It is the moment in which governments and opposing parties must act responsibly and with a long-term vision, creating those efficient and fair regulatory frameworks that promote investments, and also innovation and energy efficiency. I hope that from Papeles de Energía we will continue offering independent and rigorous knowledge that informs these regulatory frameworks.