jueves, 18 de febrero de 2016

El valor del dinero en las personas y las organizaciones

Dos entradas recientes de gente sensata, Tim Harford y Robin Hanson, en las que reflexionan sobre el valor del dinero y en qué medida influye en la motivación intrínseca. El resumen:
- si uno es un santo y tiene alta motivación intrínseca, el dinero estropea las cosas;
- pero si no lo es, y si no tiene motivación, el dinero puede ayudar a poner la atención e incluso a revelar las verdaderas intenciones.

En esta charla de Dan Pink se ofrece una visión complementaria, que trata de explicar en parte estos resultados: Pink dice que los incentivos nos ponen orejeras, nos concentran en la solución. Y eso es bueno para algunas tareas, pero no para las que requieren creatividad. Para esas hacen falta otras cosas: sentido, autonomía, dominio del tema (que viene a ser realmente lo mismo que lo que propone Csikszentmihalyi en Flow)

Relacionado con esto, un video estupendo que me pasó Adela sobre organizaciones con alma (aquí está la versión larga). Al fin y al cabo, también habla de formas de organizarnos en las que el dinero no es lo único, ni lo principal, sino que puede también estropear todo.

El mensaje más importante que me llevo yo es que en estas organizaciones lo importante es el sentido de lo que hacen, y la pasión que ponen en ello. Y cuando eso sucede, todas las mezquindades y estupideces que vemos habitualmente en todas nuestras organizaciones desaparecen, porque dejan de tener sentido, no caben. Y tampoco hace falta control ni jerarquías férreas, porque cada uno es responsable de hacer las cosas bien. De nuevo, para que esto funcione hace falta que la organización tenga un sentido de misión claro, y también gente comprometida, que comparta la misión y se olvide de su ego. Pero por otro lado, este tipo de sitios también deberían atraer precisamente a estas personas movidas por el telos, por el bien interno, y repeler a las que sólo buscan los bienes externos, porque no tienen sitio en ellas.

NOTA: Estos días en el El País también hablan de la holacracy, un movimiento que se puede confundir con el que propone el libro de Laloux (de hecho hay alguna pregunta al respecto al final del video). Pero creo que el sistema de Laloux es mejor por más flexible. Por ejemplo, por cómo plantea la toma de decisiones: ni comités ni leches, una entrada de blog como un ejemplo (casi al final de la charla).

4 comentarios:

Fernando Leanme dijo...

Leí ambos comentarios, y me dejaron confuso. Supongo porque los autores son más bien escritores y no ingenieros.

Yo no sé por dónde vas con esto, pero mi experiencia me dice que hoy día los profesionales de alto nivel valoran mucho la plata porque simboliza su propio valor. Así que si uno tiene un empleado muy bueno y contribuidor tiene que pagarle bien, lo suficiente para que no lo reclute un competidor.

Yo he visto todo tipo de programa para crear grupos élites. Una vez trabajé en un piso donde la mayoría tenían phd, MBA, de todo. Yo era el menos educado y definitivamente no me consideraban un tipo social (porque no me ponía la corbata, y me reía de los jefes en la cafetería). No me fui porque pagaban requetebién, y lo vi como una manera de aprender. No creo que la gerencia fuese muy inteligente, pero tenían presupuesto.

En un momento logre llegar a tener la abilidad para reclutar mi gente, un grupito de seis ingenieros que tenían que ser como un SWAT disponible para lidiar con lo que ocurriera. Les explicaba que los iba a poner a parir, pero que se podían vestir como quisieran, que iban a aprender un montón, y a la fuerza, les expliqué que podían gritarme pero que lo hicieran en privado, y por supuesto el sueldo era buenísimo (pero no el mejor). Con eso me saqué 6 ninjas, y 5 de los 6 llegaron a ser vicepresidentes de empresas.

¿Entonces que te puedo decir? Yo diría que para gente joven el poder aprender, no ponerse la corbata (hoy día eso puede ser vestirse con sandalias y traje de baño), tener la abilidad de gritar su inconformidad y cambiar las cosas, y muy buen sueldo, es la mejor opción. Pero por muy bonito que lo pintes si no pagas bien se te van.

Marta Suarez dijo...

Creo en las teorías de Freud. El ser humano es egoista por naturaleza, busca su propia supervivencia, su propia comida y la de sus hijos. El resto queda para cuando las necesidades están satisfechas.

Checa dijo...

Gracias por tu entrada, Pedro, como siempre, muy inspiradora.
Me animo a dar mi opinión: pongo en duda el punto de partida de tu razonamiento, que es considerar una tipología estática de personas en lo que tiene que ver con su relación con el dinero.

Desde mi propia experiencia (inevitablemente opinamos desde ella, la objetividad en este tema, como en tantos otros, es una meta inalcanzable), considerar esta cuestión de forma estática, es decir, como si las personas no cambiáramos, es un error. El ser humano, a mi entender, es un ser en construcción, y el trabajo remunerado no deja de ser una dimensión más de su existencia en búsqueda permanente. Uno es muy libre de plantearse las metas que quiera en la vida, y una muy lícita es procurarse seguridad en forma de una abultada cuenta corriente; pero eso no lo convierte en un ser sin motivación intrínseca. De ricos insatisfechos, por ejemplo, están los conventos (y los ashrams) llenos!

Dicho esto, cada vez me convence más ese esquema de liderazgo transformador que tan bien conoces y que parte del liderazgo intra-personal para luego dar el salto al inter-personal y al organizacional. Démonos la oportunidad de crecer, que no cuesta nada...

Pedro Linares dijo...

Gracias a ti por el comentario, también lleno de ideas. Estoy de acuerdo, en gran medida, en que las personas evolucionan (aunque decía mi abuela que la gente no cambia, y muchas veces le tengo que dar la razón :)). Y en que es lícito plantearse como meta engordar la cuenta corriente, por supuesto, y además en ocasiones es lo correcto. Pero en lo que discrepo es en que esa búsqueda del dinero pueda ser considerada motivación intrínseca, sobre todo porque casi nunca se busca en sí misma, sino como indicador de estatus y reconocimiento externo. Creo que eso permite reconciliar nuestras dos posturas. Pero habrá que seguir hablando de esto, que da para mucho.