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jueves, 3 de octubre de 2024

Y otra querella, esta sobre el potencial greenwashing de Exxon

 Aunque no sobre las gasolinas, sino sobre el reciclado de plásticos. De nuevo, no tengo nada claro cómo de viable parece esta querella, pero me parece bien que se visibilice algo que ya sabemos desde hace mucho: el reciclado no ayuda demasiado, incluso cuando es posible. La vía principal para la economía circular debería ser la reducción (que es justo la que no quieren los productores, claro...o muchos consumidores que creen que reciclar es maravilloso y salvará el planeta).

Otra pista de Léo :)

jueves, 23 de mayo de 2024

Las amenazas para la transición climática/energética

En los últimos tiempos cada vez se habla más de que la transición climática/energética está en riesgo. Las protestas de los agricultores europeos, las actitudes y posicionamientos de determinadas empresas, los avances de los partidos negacionistas o escépticos en las elecciones al Parlamento Europeo, o la potencial victoria de Donald Trump se interpretan como posibles barreras a la transición. ¿Son esas las únicas amenazas para una transición efectiva, eficiente y justa? Creo que hay alguna más, y en este artículo me gustaría repasarlas.

Vaya por delante que la amenaza “tradicional”, el negacionismo, al menos en su estado puro, creo que ya es marginal. Sí, todavía queda algún “chalao” que se empeña en negar la evidencia (por supuesto, no incluyo aquí a los pagados por las compañías fósiles, que son otra cosa). Pero la física y en general la ciencia del cambio climático, con todas sus incertidumbres, dejan mensajes muy claros sobre las bases físicas del cambio climático, la influencia de los humanos en él, y los posibles escenarios si seguimos emitiendo gases de efecto invernadero, en particular sobre los daños que sufrirán los países más pobres, que son precisamente los que menos culpa tienen de todo esto, y los que menos recursos tienen para protegerse.

Esto, claro, no quiere decir que todo esté resuelto o que como he dicho antes no haya incertidumbres. Sobre todo respecto a las consecuencias para los países desarrollados, cuya capacidad de adaptación es mayor. Tampoco está claro, porque es difícil que lo esté dada la incertidumbre inherente, el balance que debe encontrase entre actuar con la mayor urgencia o esperar a tratar de hacer competitivas las tecnologías que necesitamos (nótese que no son excluyentes). Más sobre esto después.

Pero, en todo caso, creo que nadie en su sano juicio (y con buen interés) puede cuestionar o cuestiona la necesidad de avanzar de forma efectiva en la descarbonización de nuestras economías. Las amenazas actuales vienen de dos posiciones más matizadas, pero que creo igual o más peligrosas que ese negacionismo cerril.

1.    El buenismo

Creo que la principal amenaza ahora mismo, aunque no lo parezca, es el buenismo. Y creo que es la más importante porque es la posición más frecuente de encontrar ahora mismo en muchos países desarrollados: le contamos a la sociedad que hay que hacer la transición, pero que no se preocupe, que no nos va a costar nada, que vamos a pagar menos por la energía, que los coches eléctricos van a ser competitivos ya, y además, que esto va a ser una fuente de empleo y de bienestar como nunca lo habíamos conocido; tras las estrategias fallidas antes como la de Lisboa, esta es la oportunidad que necesitábamos en Europa (o en EEUU) para recuperar nuestras economías, crear empleos de calidad, trabajar menos horas, y tener mejores servicios. Y que todo esto, cuanto más rápido lo hagamos, más beneficios nos traerá. Eso sí, ni hablar de impuestos u otros instrumentos para acelerar la transición, que hacen daño: mejor ayudas exclusivamente, financiadas por más impuestos a los ricos.

Pero, de repente, los consumidores/votantes, que no son tan tontos como algunos creen, se dan cuenta de que las cosas no están saliendo como nos decían. Sí, que por supuesto que los beneficios de la transición van a compensar los costes, y sobre todo para las futuras generaciones…pero resulta que el empleo que íbamos a generar con las fábricas de coches eléctricos, o con las baterías, se lo lleva, como siempre, los chinos. Que nos venden sus coches eléctricos a un precio no tan barato (en parte porque todos los fabricantes se empeñan en vendernos SUVs que no necesitamos, pero que a ellos les dejan más margen, en parte por los aranceles que ponemos para que no se coman a la industria doméstica), con lo que sólo los más ricos se lo pueden permitir (llevándose de paso las ayudas públicas para ello). O que nos venden sus paneles solares con los que producimos una energía que resulta que no es más barata que la de la red con tantos precios cero o negativos. O que los electrolizadores con los que vamos a producir tanto hidrógeno que se lo vamos a vender a toda Europa gracias a nuestras renovables baratas (con el permiso del Norte de África, eso sí) sólo son rentables si vienen de Asia. Y esto sucede porque esos empleos de calidad que habíamos querido crear aquí son mucho más caros que los que tienen allá (y eso sin entrar en cuestiones de derechos humanos), o porque no somos tan productivos, o tan innovadores como en otros sitios.

A esto podemos sumarle que esos fósiles que nos está costando tanto soltar, como sus productores saben que van a dejar de usarse, se dejan de explorar y producir, y por tanto sus precios suben, sin necesidad de maniobras rusas. O suben simplemente porque hay un cártel que controla los precios, que cada vez lo hará más, y que lo que quiere es ordeñar la vaca lo más posible antes de que se muera, pero eso sí, de forma inteligente, no sea que los dejemos de golpe. 

A toda esta panoplia de decepciones también podemos sumarle que muchas empresas nos venden humo (el famoso greenwashing), haciéndonos creer que reducimos emisiones cuando, en agregado, no es cierto. O que incluso las políticas que nos prometen reducir emisiones (como por ejemplo las normas europeas de emisiones de los vehículos) realmente lo que hacen es generar un rebote que, al menos a corto y medio plazo, también puede aumentarlas.

Y claro, con todo esto, al ciudadano se le queda cara de tonto. ¿Nos habrán tomado el pelo?¿Será que no nos estamos enterando de algo? Pero si yo reciclo mis basuras…¿Qué es lo que está fallando?

La respuesta ante este buenismo podría ser simplemente un “vamos a hacer las cosas mejor, vamos a aprovechar las oportunidades bien, y vamos a manejar menor las expectativas”. Pero desgraciadamente los populistas de derechas son más rápidos, y le dan la vuelta y nos vuelven a vender un negacionismo reciclado o retardismo disfrazado de populismo, que es la segunda amenaza a la que nos enfrentamos, y que crece cada vez más.

2.    El negacionismo disfrazado de populismo o retardismo

Llevados de los intereses de algunas empresas, y también de la demagogia y del oportunismo político, los populistas toman las desigualdades sociales que aparecen en la transición (porque en cualquier transición siempre hay ganadores y perdedores, por supuesto, léase agricultores, chalecos amarillos, transportistas, etc.) y las usan como argumento para decir que no tenemos que ir tan rápido…Y que mejor vamos desmontando todas las políticas climáticas para no perjudicar a nuestras economías más de lo necesario. Sobre todo cuando además somos los únicos tontos del planeta, porque mira cómo los chinos o los americanos no reducen…(falso, por supuesto). Nótese que el argumento ya no es que el cambio climático no existe, o que no haya que luchar contra él (aunque, llevados por el impulso, algunos vuelven a sacar argumentos ya más que desmontados como lo del ciclo solar)…sino que el empleo es mucho más importante, y las políticas climáticas lo dañan.

Esto algunas veces se llama también retardismo (o dontancredismo): vayamos más despacio y, mientras tanto, a lo mejor mágicamente aparecen esas tecnologías que necesitamos para la transición, con las que todos seremos felices porque podremos seguir consumiendo como antes sin dañar el clima. Hay que tener cuidado con no confundir este retardismo con un cierto nivel de pragmatismo como el que plantea la carta de Larry Fink de 2024, que propone ser más pragmáticos en la transición y reconocer que los fósiles seguirán siendo necesarios durante la misma, y que quizá no sea tan sencillo ir tan rápido con las renovables.

El problema, por supuesto, es que los retardistas tampoco invierten en la innovación necesaria, ni se plantean trabajar para solucionar las barreras existentes, porque en el fondo lo que tienen detrás son o bien los intereses de los que no quieren cambiar nada, o el cortoplacismo electoral que no se atreve a tocar las narices a los votantes. Para qué meterse en líos innecesarios, ¿verdad? El problema es que esperar sólo se justifica si es para hacer las cosas mejor, no para posponerlas indefinidamente.

En cualquier caso, cualquiera de estas dos posturas simplonas, que toman por tontos a los ciudadanos y prefieren la rentabilidad electoral a corto plazo a solucionar de verdad los problemas de la sociedad, son en mi opinión amenazas severas para la transición climática. En primer lugar, porque ninguna se atreve a contar a la sociedad la verdad completa: ni los costes de actuar, ni los costes de no hacerlo. Y una sociedad que no está bien informada difícilmente actuará en la dirección correcta. En segundo lugar, porque ninguna realmente se atreve tampoco a tomar las decisiones necesarias para enfrentarse al cambio climático y dirigir adecuadamente la transición.

¿Qué hacemos entonces? 

¿Cómo se lucha contra cada una de estas amenazas? Porque la transición hay que hacerla, sí o sí…Y creo que la estrategia es la misma: en el fondo, si hacemos el buenismo más realista, avanzaremos más. Y si hacemos bien las cosas, y aprovechamos de verdad las oportunidades, nos cargamos los argumentos del retardismo. Como decía recientemente Jordi Sevilla, “el populismo surge de los decepcionados. Por eso hay que combatir al populismo con resultados, con acción política y democracia. Y eso requiere pactos y acuerdos.”

Así que creo que lo primero que tendríamos que hacer es lograr un frente común, un pacto amplio que sentara las bases sobre las que actuar. Por supuesto, a nivel europeo, pero también aterrizado a nivel nacional, regional o local. Porque no basta tener a Bruselas de poli malo, eso lo único que hace es generar más reacciones populistas antieuropeístas.

Ya, ya sé que parece un chiste hablar de consensos en tiempos de polarización o de muros…pero sinceramente, también parece un chiste (o más bien una tragedia) tratar de lograr una transformación significativa de la sociedad desde el frentismo. ¿Dónde creo que podemos encontrar las bases para ese pacto amplio, porque creo que son políticas que pueden tener un respaldo social muy amplio si se hacen bien?

•    En primer lugar, las políticas de innovación y competitividad: desarrollo tecnológico, innovación social, o capacitación para el empleo que permitan alcanzar sectores industriales, pero también residenciales y de movilidad descarbonizados y competitivos. Y además, con una característica muy importante en estos tiempo: autonomía estratégica. ¿Quién en la derecha se puede oponer a esto? Estas políticas además deben ayudarnos a generar alternativas para que la fiscalidad no nos haga tanto daño.
•    En segundo lugar, en políticas fiscales justas e inteligentes. Poca gente en Europa se opone a pagar impuestos (EEUU es otra cosa, sí). Pero resulta complicado entender que los impuestos se usen para subvencionar industrias en declive, o para ayudar a los ricos a comprarse vehículos eléctricos o autoconsumo, o para que usemos más el transporte público sin reducir el privado. Las políticas fiscales deben ir orientadas a desincentivar los comportamientos no deseados, y a compensar a los perdedores o ayudarles a convertirse en ganadores.
•    En tercer lugar, y muy relacionado con lo anterior, innovación en la financiación: muchas veces el problema para transformarnos es el acceso al capital, no la inexistencia del mismo, ni la falta de rentabilidad.
•    En cuarto lugar, acuerdos comerciales (la política climática cada vez es más política comercial) que eviten la competencia desleal asociada al cambio climático. La protección en frontera como arma puede ser una fuente de problemas, pero la creación de clubes climáticos puede verse de forma más positiva.

Por último: todo esto requiere un esfuerzo de comunicación y liderazgo muy importante. Como digo siempre, Churchill no motivó a los británicos para ganar la guerra con promesas de flores y bienestar, sino con sangre, sudor y lágrimas. Y en esto de la transición energética no hay soluciones mágicas ni sin inconvenientes. Hacen falta líderes capaces de transmitir la importancia del problema, pero también la necesidad de cambiar nuestros comportamientos innecesarios, a la vez que la confianza en que hay formas de reducir el daño o de compensarlo para los más vulnerables. Líderes que nos ayuden a gestionar bien las expectativas, y que no nos prometan lo que no es posible. Hay mucha gente ahí fuera que quiere hacer lo correcto, pero no sentirse idiota. Necesitamos líderes que representen a esa mayoría.

miércoles, 20 de marzo de 2024

Sobre las reglas de "disclosure" climático de la SEC

 Lo malo de muchas de estas reglas de "disclosure" es que, si dejan muchos agujeros, como parece que hace la normativa estadounidense, se convierten en una pantalla estupenda para los que quieren simplemente hacer greenwashing, y en una complicación para los que quieren distinguir entre los que lo hacen bien y mal. Justo lo contrario de para lo que se hacen estas reglas.

Relacionado, James Bushnell, en un estupendo ejercicio de cinismo (muy realista por otra parte), nos viene a decir que como todas estas reglas de ESG son un agujero tremendo, para qué ponerse tan finos con los offsets, si por el otro lado se nos escapan igual...


miércoles, 13 de marzo de 2024

Sobre los combustibles "renovables"

 Y hablando de descarbonización del transporte...Como ya comentaba hace unos días, algunas empresas están ya ofreciendo combustibles renovables a los consumidores, y planteando que las materias primas autorizadas para elaborarlos pueden no ser suficientes para una demanda creciente. 

Pero, como uno es mayor y ya algo escarmentado de estas cosas (no hay más que recordar la electricidad "verde" de hace unos cuantos años, o, ya puestos, los certificados renovables actuales, que suelen suponer únicamente un intercambio de cromos pero no un aumento real de las renovables), y además contando con la inestimable ayuda de Manu, he hecho un poco de investigación.

En 2022, el 60% de los HVOs vendidos en España provenían de aceite de palma (no residual). Sólo el 10% era aceite usado, y 9% otros residuos del hogar (es decir, lo que se podría llamar verdadera economía circular). Vamos, que la mayoría son lo que podríamos llamar bios de primera generación, porque provienen de cultivos agrícolas (con evidentes impactos potenciales).

Eso sí, todo este HVO es certificado sostenible, pero como digo antes, eso no significa que no cause daños sobre el medio ambiente, o que no supongan unas emisiones significativas. Más bien, ahora mismo podemos presumir que ese aceite de palma a partir del cual se elabora el HVO tiene un origen no necesariamente "sostenible", porque seguramente se estará cultivando en tierras deforestadas (siempre que se hayan deforestado antes de 2008 la cosa cuela).

A partir de los próximos años esto se endurecerá, y además los bios de primera generación o no sostenibles se irá reduciendo hasta desaparecer. Las directivas REDII (aún no traspuesta en España, lo que ha supuesto la apertura de un expediente sancionador) y RED III (que debería trasponerse antes de 2026) establecen criterios de sostenibilidad y reducción de emisiones más estrictos, pero no necesariamente blindados. Por ejemplo, un aceite de palma obtenido de cultivos en bosques primarios "sin signos de actividad humana" o pastizales naturales no sería certificable. Pero, ¿y uno cuyo cultivo venga de un bosque degradado?¿o de un pastizal que no se considere de gran riqueza?¿O de una tierra deforestada con anterioridad? Y esto por no entrar en lo fácil que resulta cultivar el aceite de palma en tierras perfectamente "sostenibles", y dejar el resto de cultivos (que no necesitan certificación) para las tierras no sostenibles...Teniendo en cuenta que muchas de estas cualificaciones se dejan al criterio del país correspondiente (que tiene claros incentivos para hacer la vista gorda), yo no me fiaría demasiado de ello.

Y además, cuando la materia prima sean residuos no agrícolas, como los aceites usados, el único criterio a cumplir es el de reducción de emisiones. Pero hay que tener mucho cuidado con estas cosas: Igual que unos precios negativos de la electricidad frecuentes podrían incentivar poner resistencias inútiles sólo para disipar energía y llevarse el dinero, no me sorprendería que algún avispado se pusiera a freír aceite de palma directamente para decir que es aceite usado, y luego venderlo para HVOs. O a aumentar la producción de aceite de palma para poder disponer de más residuos de su fabricación, que sí serían certificados sostenibles.

Para terminar de complicar la cosa: todos estos requisitos son fundamentales a la hora de que estos combustibles cuenten para el cumplimiento de objetivos nacionales, o para recibir ayudas. Pero si al fabricante le da igual esto, y lo único que quiere es vender más con etiqueta "renovable", entonces no hace falta que cumpla con nada de ello, sobre todo si lo único que vende es su carácter "renovable", ni "sostenible" ni reductor de emisiones (que sí podría estar sujeto a una normativa más dura). A este respecto, y como bien me recuerda Rafa, una posible solución sería acoplar la garantía de origen renovable al certificado de sostenibilidad, de forma que lo renovable tenga que ser también sostenible. Eso sí, de nuevo, las garantías de origen hay que tomárselas con una pizca de sal, como dicen los anglosajones: si no hay más demanda que oferta, lo único que hacemos con ellas es mover papelitos, sin ningún impacto real (es decir, más greenwashing).

Conclusión: esto de garantizar las bajas emisiones y sostenibilidad de los biocombustibles es muy complicado. Incluso aunque recurramos a procesos que permitan obtenerlos de lignocelulósicos de forma competitiva, salvo que utilicemos verdaderos residuos no evitables, siempre va a haber un riesgo de competencia por el uso de la tierra, directa o indirecta, con sus consecuencias negativas para el cambio climático y el medio ambiente. ¿Y entonces, qué hacemos con los bios, avanzados o no? Gran pregunta...

lunes, 29 de enero de 2024

La UE prohibe usar los offsets para "vender" neutralidad climática

 A partir de 2026, las empresas no podrán decir que su producto es "neutro climáticamente" o cosas similares si lo han conseguido mediante offsets. La directiva también quiere eliminar otras formas de greenwashing. Veremos quién es más creativo :)

Gracias a Léo por la pista.

viernes, 2 de junio de 2023

El decrecimiento o el día de la marmota

Primero de todo me gustaría dar las gracias a Álvaro y Checa por revisar una primera versión de esto. Por supuesto, la responsabilidad de los errores sigue siendo totalmente mía. Segundo, pido paciencia a los lectores, porque la cosa me ha salido larga.

Estos días hay una conversación interesante en LinkedIn, iniciada por Javi Revuelta, acerca del decrecimiento (sobre el que he escrito otras veces), inspirado por esta conferencia BeyondGrowth. Así que he pensado que no venía mal resumir algunas de mis ideas sobre el tema, por si en algún momento alguien se anima a financiar una investigación seria sobre el asunto, tal como pide el propio Javi :).

Comencemos con dos ideas que a mí al menos me sorprende que aún se sigan discutiendo (por ahí lo del día de la marmota):

•          Que el consumismo está detrás de muchos de los problemas ambientales que sufrimos creo que no lo duda nadie sensato. Para no irnos muy lejos, la identidad de Kaya, y su análisis en los últimos informes del IPCC, lo dejan bien claro. Por supuesto, el crecimiento de la población también juega su papel…aunque es previsible que, a futuro, la población reduzca su influencia y el consumismo la aumente. Y todo esto independientemente del nivel de circularidad (más sobre esto luego). Hablo de consumismo y no de producción porque al final, lo que crea los problemas es el consumo…aunque a veces ese consumo está estimulado por los productores.

•          Que el PIB no es ni mucho menos un buen indicador de bienestar, también lo sabemos desde hace mucho tiempo (de hecho, desde que Kuznets se inventó este indicador). No sólo porque incluye cosas que no aportan bienestar (como el gasto innecesario, sólo hay que recordar lo de la ventana rota), sino porque no incluye cosas que sí lo aportan.

Por lo tanto, desde hace tiempo sabemos que claramente necesitamos, si queremos controlar el cambio climático y otros problemas ambientales o de recursos, reducir nuestros niveles de consumo (tanto per cápita como a nivel agregado, tratando también pues de reducir el crecimiento demográfico global por vías aceptables - como la educación de las mujeres). A todo esto evidentemente ayuda el dejar de utilizar el PIB como referencia única de bienestar. Esto como decía ya lo ha explicado mucha gente de distintas orientaciones y disciplinas, desde Solow a Georgescu-Roegen o Daly, etc., y más recientemente Coyle o Jackson. Raworth, con su economía del donut, ha hecho seguramente la contribución más visualmente afortunada y conocida. Incluso nosotros hemos hecho alguna modesta contribución al marco de análisis. Lo malo es que ninguno de ellos nos dice cómo lograr esta reducción de consumo de forma políticamente factible.

Una primera opción que parece estar en la agenda de algunos de los más vocales en este tema es el abandono del modelo capitalista, sustituyéndolo por un modelo mucho más centralizado y controlado por un Estado benefactor. A este respecto, me gustaría recordar que, en principio, el modelo mixto de mercado (la versión del sistema capitalista que tenemos en muchos países europeos) no es necesariamente incompatible con una reducción del consumo (o con un modelo de “suficiencia” y no de crecimiento ilimitado, como nos contaron Arrow o Sen) o con el uso de indicadores distintos al PIB: todo depende de cómo se defina el valor que crea el mercado; dicho de otra forma, de si se internalizan todas las externalidades, y se definen políticamente las incompatibilidades entre los distintos tipos de recursos (por ejemplo, hasta qué punto son sustituibles o no los recursos ambientales y económicos), o los límites no sólo físicos a los mismos. También desde hace mucho sabemos que para que un sistema económico asigne bien los recursos la clave es la escasez y el coste de oportunidad (con las externalidades bien internalizadas, por supuesto), no los deseos ilimitados ni la maximización de beneficios. Nótese por supuesto que un sistema con planificación central también tendrá dificultades para asignar bien los recursos al no recibir buenas señales de escasez o incentivos). El promover un mayor peso de los servicios públicos (que no niego que pueda tener ventajas en algunos ámbitos) tampoco asegura que reduzcamos el uso de recursos.

En todo caso, independientemente del sistema que elijamos para guiarnos, hacer evolucionar nuestro sistema mixto hacia una economía de suficiencia no es nada sencillo. Hay muchos problemas, que podemos clasificar en dos grandes categorías:

La primera categoría es seguramente la más visible o intuitiva: hay muchos agentes que no tienen ningún interés en que cambie el modelo. Por ejemplo, a ninguna de esas compañías energéticas o industriales que presumen de estar incluidas en los rankings de sostenibilidad las he visto apoyar la reducción de los consumos, salvo que sea el de la competencia…su impulso sostenible se limita a vender mejor su producto que el de los “sucios”; a los financieros que venden activos o inversiones “sostenibles” les preocupa poco si lo son o no, más allá de que alguien lo acredite, y se vendan…El greenwashing está muy extendido, y es muy difícil luchar contra él: no podemos esperar que ninguna empresa renuncie voluntariamente a vender sus productos, la única forma de hacerlo es convencer a los consumidores de que no los compren, y para eso necesitan información que muchas veces no tienen y señales económicas que también faltan (a esto, como bien me señala Álvaro, puede contribuir las tecnologías digitales, para bien o para mal…). Esto por supuesto es un motivo importante para que haya gente que defienda abandonar el modelo capitalista…

La segunda categoría es más compleja: incluso sin que intereses particulares lo bloqueen, llegar a una economía del “steady state”, como decía Daly, o a ese post-crecimiento que se llama ahora, no es tan sencillo sin sufrimiento por el camino (y quizá también al final de él).

•          La primera dificultad está en decidir cuál es el indicador adecuado, o el nivel apropiado de consumo “suficiente” para nuestro bienestar sin comprometer otros recursos. De nuevo, en un sistema centralizado, esto lo elige el Estado, mediante algún sistema de planificación ultra-compleja. ¿Lo haría bien, sobre todo teniendo en cuenta las incertidumbres, y los fallos del regulador? En un sistema de mercado (descentralizado) la clave es el indicador, que ha de ser eficiente en trasladar las señales económicas, y que como cualquier indicador multidimensional no puede definirse “objetivamente”, sino mediante la participación pública bien informada.

•          La segunda dificultad es que, en muchos países, el empleo que hay que generar para una población joven en crecimiento (p.ej. en África) va asociado normalmente a un crecimiento de la actividad económica (y del consumo de recursos, especialmente en un sistema económico lineal). En este sentido, hay que recordar que este debate del decrecimiento es uno fundamentalmente de países ricos, de gente que ya tiene bastantes cosas resueltas en la vida; pero cuando la vida no es tan fácil, o el Estado no está para proveer, y la población sigue creciendo, la respuesta no es tan sencilla.

•          Incluso en los países desarrollados, el reducir el nivel de consumo no es sencillo: si baja el consumo, también baja la producción/actividad, y por tanto el empleo (o los salarios). Es cierto que con niveles de consumo menor no debería hacer falta un salario igual…salvo que nos dediquemos tipos de ocio que no reducen el consumo (un ejemplo son esos vuelos de fin de semana tan populares). Así que, si queremos reducir nuestro consumo, también debemos aceptar reducciones en los salarios (nominales, pero seguramente también reales durante la transición). En este sentido, la semana de 4 días no necesariamente contribuye a esto, más allá de que pueda ser interesante para algunos. Tampoco, llevado al extremo, soluciona este problema una sociedad en la que los robots trabajan y los demás nos dedicamos a lo que queramos (con una renta básica universal): los consumos podrían ser iguales o mayores, los hagamos nosotros o los robots. Otra hipótesis: Si desincentivamos mediante impuestos el consumo (de todo), realmente sería equivalente a reducir los salarios, con lo que estamos igual que antes (aunque con mayor recaudación del Estado, que puede tener alguna ventaja si se usa bien). Otra posibilidad que se maneja en algunos ámbitos es subir los impuestos a los ricos para que financien y compensen esa reducción de salario de las clases medias y bajas. Pero, de nuevo, ya estamos igual que antes: al compensar el salario, volvemos a consumir.. Es cierto que en principio estaríamos mejor que antes, al ser nuestro consumo menos intensivo en materiales o impactos ambientales (desincentivados), pero menos intensivo en términos relativos no quiere decir necesariamente menos intensivo en términos absolutos. De nuevo, la única solución pasa por menos renta, menos consumo; no necesariamente menos bienestar (si ese bienestar lo derivamos de actividades que no consuman recursos), pero sí un cambio cultural con una transición fastidiada. [Por supuesto, estas cosas pasan porque tenemos unos niveles de población muy elevados: en un mundo con 500 millones de personas nos podríamos permitir enfoques más micro o locales como los planteados por algunos defensores del decrecimiento...pero con los que somos, la cosa no es tan sencilla incluso aunque la población no crezca].

•          A este respecto, un tema también complejo es cómo gestionar esta transición, esta reducción de actividad, desde el punto de vista de un sector financiero que necesita el crecimiento para alimentarse…las soluciones que se han planteado de economías locales, en las que no se puede "especular" con el dinero, tienen muchas limitaciones para una inversión que también es muy necesaria.

•          Hablaba antes de la circularidad, una de las grandes promesas: la circularidad, puede ayudar bastante si se hace bien, es decir, si sirve para reducir consumos. Pero no ayudará si mantenemos o aumentamos el consumo con la promesa del reciclaje, un reciclaje que es termodinámicamente imposible o no recomendable en una gran cantidad de situaciones (ese famoso segundo principio de la Termodinámica…). La economía compartida, otra de las grandes promesas, tampoco ayuda necesariamente (da igual compartir coche si al final lo que dirige la construcción de un nuevo coche es el número de km recorridos).

•          Por último, otra dificultad es cómo combinar este proceso que parece que es complicado dejar al mercado con los incentivos adecuados para la innovación tecnológica, que, aunque no nos vaya a salvar por sí misma, sí nos puede ayudar y mucho (como ya ha hecho en el pasado). De nuevo, los sistemas muy centralizados no son particularmente buenos para esto (tampoco los mercados en competencia salvaje).

En cualquier caso, en lo que doy la razón a Javi es que este tema debería hablarse más, sin posiciones fundamentalistas (porque ninguna nos llevará a ningún sitio bueno). Algunas cosas ya sabemos cómo hacerlas, por ejemplo internalizar externalidades (otra cosa es que queramos, o que sepamos manejar bien el elemento distributivo asociado). En algunos países hemos conseguido desacoplar algo el crecimiento, aunque seguramente no será suficiente. Para mí, en especial, habría que hablar, e investigar, sobre cómo de posible es lograr alimentar y dar empleo y bienestar a la población sin aumentar el uso de recursos, tanto en países ya desarrollados como en aquellos que todavía tienen camino por recorrer. Sobre cómo podemos aumentar el bienestar, o al menos mantenerlo, y repartirlo bien, sin consumir más. Sobre cómo gestionar el potencial decrecimiento sin revueltas sociales o sin colapsos financieros. Muchos temas para una agenda de investigación fundamental.

martes, 7 de marzo de 2023

Sostenibilidad corporativa y Greenwashing

 Un estudio interesante, aunque no sorprendente:

But here’s where things go sideways. Companies with corporate climate-change initiatives also tend to have higher levels of greenhouse gas emissions, the researchers found. And the presence of a board sustainability committee has little effect on greenhouse gas emissions.

“Overall, our evidence supports the symbolic legitimation/greenwashing view, in that firms are likely to employ process-based climate change initiatives under a symbolic approach to create positive impressions among stakeholders and protect their legitimacy,” the researchers write.

 

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Sobre los compromisos de neutralidad climática de las empresas

Un análisis muy honesto de la situación actual, que es bastante cuestionable.  Básicamente, si las empresas quieren realmente reducir sus emisiones, sin greenwashing, van a tener que:
- investigar en nuevos procesos, no sólo de reducción, sino también de captura de CO2.
- consumir energías renovables directamente (no comprar garantías de origen)
- no usar offsets
- y tratar de influir en los políticos, pero en la buena dirección

lunes, 17 de enero de 2022

Escenarios para el precio de los offsets climáticos

 Bloomberg nos cuenta cómo, dependiendo de lo duras que se pongan las condiciones para certificar offsets climáticos, los precios podrían oscilar entre 47 y 120 dólares en 2050 (a comparar con los 2.5$ actuales). Lo lógico sería que las condiciones se pusieran cada vez más duras, si realmente nos preocupa la integridad climática (es decir, evitar el greenwashing). Pero lo que es interesante señalar, en mi opinión, es que 120$ es mucho menos de lo que le va a costar a muchos países cumplir con sus escenarios net-zero, y por tanto con el precio del permiso de emisión en regiones como el ETS. Por lo tanto, seguramente esta estimación del precio de los offsets esté subestimada, porque lo lógico es que su precio se aproxime al de los permisos, por coste de oportunidad...(y al revés).

martes, 7 de diciembre de 2021

¿Es bueno eliminar los plásticos de un solo uso?

Pues, según esta investigadora, depende. Porque los sustitutos requieren más energía y materiales, y por tanto sólo compensan si los usamos un número suficientemente grande de veces. Y a veces, ni siquiera eso: por ejemplo, las bolsitas zip llevan tan poco material, que sus sustitutos no pueden compensarlo por mucho que los usemos. Moraleja: como en tantas otras cosas, la clave es reducir el consumo de todo aquello que no necesitamos, sea reciclable o no, por encima de cualquier otra consideración. 

Un par de reflexiones adicionales (una comentada en el podcast y otra no):

- Cuidado con esos eventos de huella de carbono cero, o esos regalos "verdes" que nos hacen en congresos o reuniones, y que, si no se usan, lo único que hacen es engordar las emisiones. Mucho riesgo de greenwashing, deseado o no.

- Quizá, a la luz de lo que se menciona en el podcast, no sea tan sorprendente ver cómo algunos comercios están eliminando los plásticos de un solo uso como estrategia de reducción de emisiones...Si han hecho bien las cuentas (y seguro que sí) posiblemente esto les permita vender más, aunque sea en forma de producto reciclable. De nuevo, más ventas, más materiales, más emisiones.

lunes, 29 de noviembre de 2021

El acuerdo de coalición alemán y los mensajes para la política climática e industrial española

Karsten Neuhoff ha compartido con nosotros este fin de semana su resumen de los principales mensajes del acuerdo de coalición alemán para la política climática europea, y por tanto, española: 

The German coalition agreement has been published on Thursday and will likely be approved by the three parties (social democrats, liberal democrats and greens) over next tens days. Here are the three main messages: 

1. Strong wording on implementing CCfDs at the scale necessary to achieve climate objectives (following recent French announcements on CCfD and Dutch SD+, it becomes clear that unless other EU member states wake up to ask for EU scale action, climate neutral investments will be focused on few countries in the North West of Europe). 

2 Commitment to support for EU level CBAM mechanism or comparable effective instrument, which should (i) be designed to be WTO compatible (ii) not put export industry at disadvantage (iii) avoid greenwashing (iv) be implemented with limited administrative effort in the framework of EU ETS. 

3. There was wording on climate clubs in two parts of the agreement.

* The industry section committs to the use of international fora together with European partners to create a climate club which is open to all countries and comprises a common minimum carbon price and a common carbon border adjustment.

* The section on climate and energy foreign policy suggests that upcoming G7 presidency should be used for an initiative to create climate partnerships and climate clubs that are open for all countries. The goals would be climate neutrality, massive expansion of renewable energy and its infrastructure, production of hydrogen. In this section furthermore the aspiration of a global emission trading system was mentioned with the aim to achieve in the mid-term a common carbon price. There is a strong interest in the German debate (and also signals from Brussels) to better understand how CBAM options can contribute to or be part of international climate action.

Los mensajes pues para el gobierno español:

  • Si no nos ponemos las pilas con la política industrial y las tecnologías de descarbonización de la industria, ya sabemos quién se va a llevar todo el know-how: los alemanes, los holandeses, y los suecos (ver mi entrada de mañana). Los contratos por diferencias de carbono, y el resto del paquete que propusimos desde la CFMP, son esenciales para poder tener algo que decir. Si no, mucho de todo ese valor añadido que iba a crear la transición se lo llevarán otros.
  • Con el CBAM nos jugamos mucho. O empezamos a representar bien nuestros intereses en Bruselas, o nuestros sectores exportadores sufrirán con la propuesta actual. Saber que los alemanes tienen los mismos intereses ayuda.
  • Hay que aprovechar también el tirón alemán de los clubes climáticos, pero con cuidado para que no nos la líen, ya que nuestros intereses comerciales no siempre coinciden con los suyos. Y la política comercial es central para un club climático.


 

jueves, 25 de marzo de 2021

La US SEC también se pone seria sobre el disclosure climático

Al menos han abierto una consulta para regular esta cuestión, cada vez más relevante, y que en mi opinión tiene un gran potencial. Siempre, claro, que se haga bien y sin greenwashing.

viernes, 22 de noviembre de 2019

Los beneficios de comprar menos

Tengo pendiente escribir algo sobre este greenwashing constante al que nos someten muchas empresas, que nos venden que la forma de luchar contra el cambio climático o las demás crisis económico-ambientales-sociales es comprar sus productos verdes...algo que evidentemente no es cierto más que en el margen relativo, pero no en el absoluto, que es el que importa. Pero mientras consigo sacar un rato para hacer esto, y además hacerlo sin que me salga demasiada bilis, esto que acabo de leer es una buena introducción.

En esta entrevista nos cuentan algo que me parece muy importante, que comprar menos es más satisfactorio que comprar verde.
We thought originally that both of these greener behaviors—buying green and buying less—should have a positive impact on well-being, because they are proactive coping mechanisms. We did not see that emerge with green buying, but we did see that emerge with reduced consumption. 
Esto es algo muy importante, porque esa compra verde a la que nos animan desde distintos sitios como la estrategia triunfadora (sobre todo para las empresas, claro) puede ser muy mala, por muy verde que sea, en cuanto que supone seguir consumiendo recursos:
Green materialism is a loophole for continued consumption and not changing your lifestyle.
Interesante también la reflexión que hacen sobre las implicaciones financieras, muy en la línea de lo que defiende Mr. Money Moustache (otro de mis ídolos) justo estos días...

Lo malo es que cambiarlo no es tan sencillo, para empezar porque el propio hecho de seguir comprando es una contradicción en la que caemos muchos:
Why do we follow this consumerist ideal—a holiday honoring shopping—when we all know it’s not the values that we are trying to convey and live? Why?
Supongo que al menos es importante que seamos conscientes de nuestras contradicciones.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Los riesgos de las finanzas sostenibles

Buena reflexión sobre el riesgo de que esto a veces se convierta en greenwashing o marketing oportunista y acabe generando rechazo.
as financial institutions rush to profit from the ESG trend, there is a clear danger that they will oversell the ethical and commercial benefits of such investments. And as investors see gaps between what is being promised and delivered, they may start to become disillusioned. It would be a shame if a movement with genuine potential to change the world were stopped in its tracks by old-fashioned misselling.

martes, 9 de julio de 2019

Verguenza de volar

Hace poco Gonzalo me descubrió este movimiento, que yo no conocía, y que parece que está creando impacto en Suecia, sobre todo a la vista de las opiniones reflejadas en las encuestas que se citan al final del artículo (aunque, como pasa siempre, habría que asegurarse de que la reducción en el transporte aéreo se debe a este movimiento y no a otros factores como los que se citan al final). Por otra parte, KLM parece estar animando a los pasajeros a que se lo piensen mejor, y, si no es imprescindible, no vuelen.

Todo esto, evidentemente, es algo bienvenido: el trasporte aéreo es el modo de transporte que más crece, ayudado por supuesto por los bajos precios. Y por tanto cualquier iniciativa para reducir su uso es buena (salvo que sea puro greenwashing, claro). Pero yo no creo que  baste lo de la verguenza a volar, o los recordatorios para pensárselo mejor. Hace falta también incluir bien todos los costes de esta actividad, para que, por un lado, se incentive el uso de otros combustibles, pero también se reduzca la actividad (hay que recordar que el impacto de la aviación sobre el clima no se debe sólo a su uso de combustibles fósiles, sino también a las estelas de los aviones).

ADD: Un tiempo después, y a propósito de la negativa de Greta Thunberg a volar, Tyler Cowen opina sobre el asunto. También pasado un tiempo, aquí se dice que la verguenza a volar no significa que se vuele menos, sobre todo cuando no hay alternativas efectivas.

viernes, 3 de mayo de 2019

The Fourth Industrial Revolution, de Klaus Schwab

Tenía curiosidad por ver si este libro, escrito por el organizador de Davos y líder del World Economic Forum, me ayudaría a entender mejor eso que se llama Industria 4.0, sobre la que de hecho tenemos una Cátedra en Comillas. Pero, desgraciadamente, he de decir que no demasiado.

Primero, porque la mayor parte del libro cuenta cosas que ya sabía y de las que ya he blogueado muchas veces. Cosas interesantes, por supuesto, acerca de la evolución del trabajo, o de la economía en general; o sobre nuevos modelos de negocio; o sobre avances de la biomedicina o la neurociencia. Si acaso, me ha parecido algo más interesante personalmente la parte final, en la que reflexiona sobre el papel de los gobiernos (ver más abajo).

Segundo, porque el ejercicio de equilibrismo (que Schwab llama optimismo pragmático) que supone tratar de casar datos muy negativos que ya estamos viendo sobre las consecuencias de la cuarta revolución industrial con el panorama optimista para el trabajo, el bienestar, o la justicia, que Schwab quiere plantear es demasiado forzado y en ocasiones difícil de aceptar. Quizá sea por haber leído este libro después del espléndidamente objetivo Factfulness. Pero lo de que esta vez es la buena suena en cambio demasiado wishful thinking, demasiado parecido todo al greenwashing empresarial que nos vende siempre el beneficio para el consumidor que luego no se materializa (los beneficios para las empresas sí, claro). Sobre todo si, además, lo que nos vende como bueno para el consumidor es que seamos más productivos. Ya hemos tenido bastante de carrera de ratas y adicción a lo digital, creo yo….curioso que no explote como corresponde la cita de Pico Iyer del final del libro:
In an age of acceleration, nothing can be more exhilarating than going slow. And in an age of distraction, nothing is so luxurious as paying attention. And in an age of constant movement, nothing is so urgent as sitting still.
La tabla 1 es un buen ejemplo de ese bullshit al que estamos demasiado acostumbrados, y que seguro que a Santi haría escandalizarse. Muestra un resumen de los Deep Shifts para 2025 que elaboró el WEF en 2015: por ejemplo, un 78% de los entrevistados creen que tendremos un 10% de vehículos autónomos, y un 84% el primer coche fabricado por técnicas 3D. Muy optimista, en mi opinión, y a veces un poco contradictorio: un 90% creen que un 90% de la población tendrá acceso a almacenamiento digital ilimitado y gratuito en la nube, pero sólo un 78% cree que habrá un 90% de población con acceso regular a internet. Y fuera de la tabla, lo de que esta revolución nos permitirá cargarnos las externalidades medioambientales negativas casi mágicamente, o de que el CCS en el marco de la economía circular convertirá al CO2 en un activo valioso, más de lo mismo.

Schwab además parte de un planteamiento más o menos explícito de que la tecnología siempre es buena. Y claro, es difícil estar de acuerdo con eso. Porque sí, hay infinita capacidad y posibilidades tecnológicas….pero primero deberíamos tener claro para qué las queremos. Ni siquiera comparto la idea de que ese tenerlo claro requiere compartir entendimiento y valores. Porque cuando eso se combina con un cierto tufo tecnocrático top-down, eso de los valores compartidos y un bien común único da un poco de miedo. ¿Dónde está el valor de la diversidad cultural y de las comunidades? Por supuesto hace falta un acuerdo mínimo sobre valores éticos irrenunciables, pero a partir de ahí…

Por último, tampoco tengo claro que realmente estemos frente a una situación totalmente distinta a las anteriores. Sí, es cierto que esta revolución es mucho más rápida, y por tanto más peligrosa si no la gestionamos bien. Pero no me parece ni tan amplia ni tan poderosa como otras…al menos por ahora, y mientras todo se quede en digitalización que es en lo que estamos. Hasta que no llegue la verdadera inteligencia artificial, y los verdaderos avances de la medicina, no veo la revolución todavía.

Pero bueno, no todo es negativo. Decía al principio que me había parecido interesante la reflexión sobre el papel de los gobiernos. Y es que, en más allá de si 3.0 o 4.0, lo cierto es que la aceleración y la incertidumbre son una combinación muy potente que hace cada vez más inútiles y contraproducentes las políticas gubernamentales clásicas: el mandato y control, el querer dirigir el desarrollo económico con mano de hierro, creyéndose que son capaces de saber cuáles van a ser las tecnologías ganadoras o los comportamientos de los consumidores. Hacen falta administraciones (centrales y locales) mucho más ágiles, adaptativas y flexibles. Y para eso evidentemente hará falta un cierto reciclaje después de tantos años en que lo que se valoraba era la solidez mal entendida. Porque no se trata de impulsar políticas menos estables o predecibles…sino que estas políticas sean inherentemente flexibles.

También muy relacionado con ese proceso de transición no sólo energética en el que nos encontramos, otra idea muy interesante es la posibilidad que se abre de reshoring. En lugar de deslocalizar las grandes manufacturas, quizá este momento que viene en el que lo que se valorará será el talento y la creatividad será el de recuperar el valor añadido en países como España. Pero de nuevo, eso no es dar subvenciones a las empresas para que se queden, o garantizar el empleo antiguo con contratos sociales…hace falta creatividad bien dirigida, tal como defiende Mazzucato (cuyo primer libro espero reseñar la próxima semana).

En todo caso, lo que sí creo que es importante, y ahí estoy de acuerdo con la conclusión de Schwab, es que hace falta más reflexión sobre esto que se nos viene, si no queramos que nos coma.Y que aprovechar la oportunidad está en nuestras manos.

lunes, 12 de marzo de 2018

Una nueva responsabilidad social corporativa

Los que leéis este blog sabéis que soy bastante crítico con el enfoque habitual de la responsabilidad social corporativa, generalmente poco más que "greenwashing".  Por eso es una alegría ver cómo parece que las cosas van cambiando, y que incluso gente poco sospechosa de ser anticapi, como BCG, reflexiona de forma razonable sobre el papel de la empresa en la sociedad y su concepto de "impacto social total", muy parecido, por otra parte, a cosas que la doctrina social de la Iglesia lleva diciendo mucho tiempo sobre la legitimidad de la empresa en relación con el bien común.

ADD: McKinsey parece que también se apunta al carro, aunque sólo sea en la parte medioambiental.

lunes, 25 de junio de 2012

Y terminó Río +20

Y no salió nada especial, más que el convencimiento, una vez más (de hecho, es una de las razones de que exista este blog) de que es la sociedad civil la que debe dirigir los cambios (así lo ven también los entrevistados por el NYTimes para predecir la situación en 2050). Aunque, si metemos dentro de la sociedad civil a las empresas o a los representantes de intereses sesgados (sindicatos, etc), tenemos el riesgo de que nos den gato por libre (traducción libre de greenwashing). Jadish Baghwati tiene una lectura interesante del tema.

viernes, 18 de septiembre de 2009