Primero de todo me
gustaría dar las gracias a Álvaro y Checa por revisar una primera versión de
esto. Por supuesto, la responsabilidad de los errores sigue siendo totalmente mía.
Segundo, pido paciencia a los lectores, porque la cosa me ha salido larga.
Estos días hay una
conversación interesante en LinkedIn, iniciada por Javi
Revuelta, acerca
del decrecimiento (sobre el que he escrito otras
veces), inspirado
por esta conferencia BeyondGrowth. Así que he pensado que no venía mal resumir
algunas de mis ideas sobre el tema, por si en algún momento alguien se anima a
financiar una investigación seria sobre el asunto, tal como pide el propio Javi
:).
Comencemos con dos
ideas que a mí al menos me sorprende que aún se sigan discutiendo (por ahí lo del día de la marmota):
•
Que el
consumismo está detrás de muchos de los problemas ambientales que sufrimos creo
que no lo duda nadie sensato. Para no irnos muy lejos, la identidad de Kaya, y su análisis en los últimos informes
del IPCC, lo dejan
bien claro. Por supuesto, el crecimiento de la población también juega su
papel…aunque es previsible que, a futuro, la población reduzca su influencia y
el consumismo la aumente. Y todo esto independientemente del nivel de
circularidad (más sobre esto luego). Hablo de consumismo y no de producción
porque al final, lo que crea los problemas es el consumo…aunque a veces ese
consumo está estimulado por los productores.
•
Que el PIB no es ni mucho
menos un buen indicador de bienestar, también lo sabemos desde hace mucho tiempo (de hecho, desde que Kuznets se inventó este indicador). No sólo porque
incluye cosas que no aportan bienestar (como el gasto innecesario, sólo hay que
recordar lo de la ventana rota), sino porque no incluye cosas que sí lo aportan.
Por lo tanto, desde
hace tiempo sabemos que claramente necesitamos, si queremos controlar el cambio
climático y otros problemas ambientales o de recursos, reducir nuestros niveles
de consumo (tanto per cápita como a nivel agregado, tratando también pues de
reducir el crecimiento demográfico global por vías aceptables - como la educación
de las mujeres). A
todo esto evidentemente ayuda el dejar de utilizar el PIB como referencia única
de bienestar. Esto como decía ya lo ha explicado mucha gente de distintas
orientaciones y disciplinas, desde Solow a Georgescu-Roegen o Daly, etc., y más recientemente Coyle o Jackson. Raworth, con su economía del donut, ha hecho seguramente
la contribución más visualmente afortunada y conocida. Incluso nosotros hemos
hecho alguna modesta
contribución al
marco de análisis. Lo malo es que ninguno de ellos nos dice cómo lograr esta
reducción de consumo de forma políticamente factible.
Una primera opción que
parece estar en la agenda de algunos de los más vocales en este tema es el
abandono del modelo capitalista, sustituyéndolo por un modelo mucho más
centralizado y controlado por un Estado benefactor. A este respecto, me
gustaría recordar que, en principio, el modelo mixto de mercado (la versión del
sistema capitalista que tenemos en muchos países europeos) no es necesariamente
incompatible con una reducción del consumo (o con un modelo de “suficiencia” y
no de crecimiento ilimitado, como nos contaron Arrow
o Sen) o con el uso de indicadores distintos al PIB: todo depende de cómo se
defina el valor que crea el mercado; dicho de otra forma, de si se internalizan
todas las externalidades, y se definen políticamente las incompatibilidades
entre los distintos tipos de recursos (por ejemplo, hasta qué punto son sustituibles
o no los recursos ambientales y económicos), o los límites no sólo físicos a
los mismos. También desde hace mucho sabemos que para que un sistema económico
asigne bien los recursos la clave es la escasez y el coste de oportunidad (con
las externalidades bien internalizadas, por supuesto), no los deseos ilimitados
ni la maximización de beneficiosNótese por supuesto que un sistema con
planificación central también tendrá dificultades para asignar bien los
recursos al no recibir buenas señales de escasez o incentivos). El promover un mayor
peso de los servicios públicos (que no niego que pueda tener ventajas en
algunos ámbitos) tampoco asegura que reduzcamos el uso de recursos.
En todo caso,
independientemente del sistema que elijamos para guiarnos, hacer evolucionar
nuestro sistema mixto hacia una economía de suficiencia no es nada sencillo.
Hay muchos problemas, que podemos clasificar en dos grandes categorías:
La primera categoría es
seguramente la más visible o intuitiva: hay muchos agentes que no tienen ningún
interés en que cambie el modelo. Por ejemplo, a ninguna de esas compañías
energéticas o industriales que presumen de estar incluidas en los rankings de
sostenibilidad las he visto apoyar la reducción de los consumos, salvo que sea
el de la competencia…su impulso sostenible se limita a vender mejor su producto
que el de los “sucios”; a los financieros que venden activos o inversiones
“sostenibles” les preocupa poco si lo son o no, más allá de que alguien lo
acredite, y se vendan…El greenwashing está muy extendido, y es muy difícil luchar
contra él: no podemos esperar que ninguna empresa renuncie voluntariamente a
vender sus productos, la única forma de hacerlo es convencer a los consumidores
de que no los compren, y para eso necesitan información que muchas veces no
tienen y señales económicas que también faltan (a esto, como bien me señala Álvaro,
puede contribuir las tecnologías digitales, para bien o para mal…). Esto por
supuesto es un motivo importante para que haya gente que defienda abandonar el
modelo capitalista…
La segunda categoría es
más compleja: incluso sin que intereses particulares lo bloqueen, llegar a una
economía del “steady
state”, como decía Daly, o a ese post-crecimiento que se llama ahora, no es
tan sencillo sin sufrimiento por el camino (y quizá también al final de él).
•
La primera
dificultad está en decidir cuál es el indicador adecuado, o el nivel apropiado
de consumo “suficiente” para nuestro bienestar sin comprometer otros recursos.
De nuevo, en un sistema centralizado, esto lo elige el Estado, mediante algún
sistema de planificación ultra-compleja. ¿Lo haría bien, sobre todo teniendo en
cuenta las incertidumbres, y los fallos del regulador? En un sistema de mercado
(descentralizado) la clave es el indicador, que ha de ser eficiente en
trasladar las señales económicas, y que como cualquier indicador
multidimensional no puede definirse “objetivamente”, sino mediante la
participación pública bien informada.
•
La segunda
dificultad es que, en muchos países, el empleo que hay que generar para una
población joven en crecimiento (p.ej. en África) va asociado normalmente a un
crecimiento de la actividad económica (y del consumo de recursos, especialmente
en un sistema económico lineal). En este sentido, hay que recordar que este
debate del decrecimiento es uno fundamentalmente de países ricos, de
gente que ya tiene bastantes cosas resueltas en la vida; pero cuando la
vida no es tan fácil, o el Estado no está para proveer, y la población sigue
creciendo, la respuesta no es tan sencilla.
•
Incluso en
los países desarrollados, el reducir el nivel de consumo no es sencillo: si
baja el consumo, también baja la producción/actividad, y por tanto el empleo (o
los salarios). Es cierto que con niveles de consumo menor no debería hacer
falta un salario igual…salvo que nos dediquemos tipos de ocio que no reducen el
consumo (un ejemplo son esos vuelos de fin de semana tan populares). Así que,
si queremos reducir nuestro consumo, también debemos aceptar reducciones en los
salarios (nominales, pero seguramente también reales durante la transición). En
este sentido, la semana de 4 días no necesariamente contribuye a esto, más allá
de que pueda ser interesante para algunos. Tampoco, llevado al extremo,
soluciona este problema una sociedad en la que los robots trabajan y los demás
nos dedicamos a lo que queramos (con una renta básica universal): los consumos
podrían ser iguales o mayores, los hagamos nosotros o los robots. Otra
hipótesis: Si desincentivamos mediante impuestos el consumo (de todo),
realmente sería equivalente a reducir los salarios, con lo que estamos igual
que antes (aunque con mayor recaudación del Estado, que puede tener alguna
ventaja si se usa bien). Otra posibilidad que se maneja en algunos ámbitos es
subir los impuestos a los ricos para que financien y compensen esa reducción de
salario de las clases medias y bajas. Pero, de nuevo, ya estamos igual que
antes: al compensar el salario, volvemos a consumir. Es cierto que en principio estaríamos mejor que
antes, al ser nuestro consumo menos intensivo en materiales o impactos
ambientales (desincentivados), pero menos intensivo en términos
relativos no quiere decir necesariamente menos intensivo en
términos absolutos. De nuevo, la única solución pasa por menos renta, menos consumo; no
necesariamente menos bienestar (si ese bienestar lo derivamos de actividades
que no consuman recursos), pero sí un cambio cultural con una transición fastidiada. [Por supuesto, estas cosas pasan porque tenemos unos niveles de población muy elevados: en un mundo con 500 millones de personas nos podríamos permitir enfoques más micro o locales como los planteados por algunos defensores del decrecimiento...pero con los que somos, la cosa no es tan sencilla incluso aunque la población no crezca].
•
A este
respecto, un tema también complejo es cómo gestionar esta transición, esta
reducción de actividad, desde el punto de vista de un sector financiero que
necesita el crecimiento para alimentarse…las soluciones que se han planteado de economías locales, en las que no se puede "especular" con el dinero, tienen muchas limitaciones para una inversión que también es muy necesaria.
•
Hablaba antes
de la circularidad, una de las grandes promesas: la circularidad, puede ayudar bastante
si se hace bien, es decir, si sirve para reducir consumos. Pero no ayudará si mantenemos
o aumentamos el consumo con la promesa del reciclaje, un reciclaje que es
termodinámicamente imposible o no recomendable en una gran cantidad de
situaciones (ese famoso segundo principio de la Termodinámica…). La economía
compartida, otra de las grandes promesas, tampoco ayuda necesariamente (da
igual compartir coche si al final lo que dirige la construcción de un nuevo
coche es el número de km recorridos).
•
Por último,
otra dificultad es cómo combinar este proceso que parece que es complicado
dejar al mercado con los incentivos adecuados para la innovación tecnológica,
que, aunque no nos vaya a salvar por sí misma, sí nos puede ayudar y mucho (como
ya ha hecho en el pasado). De nuevo, los sistemas muy centralizados no son
particularmente buenos para esto (tampoco los mercados en competencia salvaje).
En cualquier caso,
en lo que doy la razón a Javi es que este tema debería hablarse más, sin
posiciones fundamentalistas (porque ninguna nos llevará a ningún sitio bueno). Algunas
cosas ya sabemos cómo hacerlas, por ejemplo internalizar externalidades (otra
cosa es que queramos, o que sepamos manejar bien el elemento distributivo
asociado). En algunos países hemos conseguido desacoplar algo el crecimiento, aunque
seguramente no será suficiente. Para mí, en especial, habría que hablar, e
investigar, sobre cómo de posible es lograr alimentar y dar
empleo y bienestar a la población sin aumentar el uso de recursos, tanto en países ya desarrollados como en aquellos
que todavía tienen camino por recorrer. Sobre cómo podemos aumentar el
bienestar, o al menos mantenerlo, y repartirlo bien, sin consumir más. Sobre
cómo gestionar el potencial decrecimiento sin revueltas sociales o sin colapsos
financieros. Muchos temas para una agenda de investigación fundamental.