Mostrando las entradas para la consulta decrecimiento ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta decrecimiento ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de junio de 2023

El decrecimiento o el día de la marmota

Primero de todo me gustaría dar las gracias a Álvaro y Checa por revisar una primera versión de esto. Por supuesto, la responsabilidad de los errores sigue siendo totalmente mía. Segundo, pido paciencia a los lectores, porque la cosa me ha salido larga.

Estos días hay una conversación interesante en LinkedIn, iniciada por Javi Revuelta, acerca del decrecimiento (sobre el que he escrito otras veces), inspirado por esta conferencia BeyondGrowth. Así que he pensado que no venía mal resumir algunas de mis ideas sobre el tema, por si en algún momento alguien se anima a financiar una investigación seria sobre el asunto, tal como pide el propio Javi :).

Comencemos con dos ideas que a mí al menos me sorprende que aún se sigan discutiendo (por ahí lo del día de la marmota):

•          Que el consumismo está detrás de muchos de los problemas ambientales que sufrimos creo que no lo duda nadie sensato. Para no irnos muy lejos, la identidad de Kaya, y su análisis en los últimos informes del IPCC, lo dejan bien claro. Por supuesto, el crecimiento de la población también juega su papel…aunque es previsible que, a futuro, la población reduzca su influencia y el consumismo la aumente. Y todo esto independientemente del nivel de circularidad (más sobre esto luego). Hablo de consumismo y no de producción porque al final, lo que crea los problemas es el consumo…aunque a veces ese consumo está estimulado por los productores.

•          Que el PIB no es ni mucho menos un buen indicador de bienestar, también lo sabemos desde hace mucho tiempo (de hecho, desde que Kuznets se inventó este indicador). No sólo porque incluye cosas que no aportan bienestar (como el gasto innecesario, sólo hay que recordar lo de la ventana rota), sino porque no incluye cosas que sí lo aportan.

Por lo tanto, desde hace tiempo sabemos que claramente necesitamos, si queremos controlar el cambio climático y otros problemas ambientales o de recursos, reducir nuestros niveles de consumo (tanto per cápita como a nivel agregado, tratando también pues de reducir el crecimiento demográfico global por vías aceptables - como la educación de las mujeres). A todo esto evidentemente ayuda el dejar de utilizar el PIB como referencia única de bienestar. Esto como decía ya lo ha explicado mucha gente de distintas orientaciones y disciplinas, desde Solow a Georgescu-Roegen o Daly, etc., y más recientemente Coyle o Jackson. Raworth, con su economía del donut, ha hecho seguramente la contribución más visualmente afortunada y conocida. Incluso nosotros hemos hecho alguna modesta contribución al marco de análisis. Lo malo es que ninguno de ellos nos dice cómo lograr esta reducción de consumo de forma políticamente factible.

Una primera opción que parece estar en la agenda de algunos de los más vocales en este tema es el abandono del modelo capitalista, sustituyéndolo por un modelo mucho más centralizado y controlado por un Estado benefactor. A este respecto, me gustaría recordar que, en principio, el modelo mixto de mercado (la versión del sistema capitalista que tenemos en muchos países europeos) no es necesariamente incompatible con una reducción del consumo (o con un modelo de “suficiencia” y no de crecimiento ilimitado, como nos contaron Arrow o Sen) o con el uso de indicadores distintos al PIB: todo depende de cómo se defina el valor que crea el mercado; dicho de otra forma, de si se internalizan todas las externalidades, y se definen políticamente las incompatibilidades entre los distintos tipos de recursos (por ejemplo, hasta qué punto son sustituibles o no los recursos ambientales y económicos), o los límites no sólo físicos a los mismos. También desde hace mucho sabemos que para que un sistema económico asigne bien los recursos la clave es la escasez y el coste de oportunidad (con las externalidades bien internalizadas, por supuesto), no los deseos ilimitados ni la maximización de beneficios. Nótese por supuesto que un sistema con planificación central también tendrá dificultades para asignar bien los recursos al no recibir buenas señales de escasez o incentivos). El promover un mayor peso de los servicios públicos (que no niego que pueda tener ventajas en algunos ámbitos) tampoco asegura que reduzcamos el uso de recursos.

En todo caso, independientemente del sistema que elijamos para guiarnos, hacer evolucionar nuestro sistema mixto hacia una economía de suficiencia no es nada sencillo. Hay muchos problemas, que podemos clasificar en dos grandes categorías:

La primera categoría es seguramente la más visible o intuitiva: hay muchos agentes que no tienen ningún interés en que cambie el modelo. Por ejemplo, a ninguna de esas compañías energéticas o industriales que presumen de estar incluidas en los rankings de sostenibilidad las he visto apoyar la reducción de los consumos, salvo que sea el de la competencia…su impulso sostenible se limita a vender mejor su producto que el de los “sucios”; a los financieros que venden activos o inversiones “sostenibles” les preocupa poco si lo son o no, más allá de que alguien lo acredite, y se vendan…El greenwashing está muy extendido, y es muy difícil luchar contra él: no podemos esperar que ninguna empresa renuncie voluntariamente a vender sus productos, la única forma de hacerlo es convencer a los consumidores de que no los compren, y para eso necesitan información que muchas veces no tienen y señales económicas que también faltan (a esto, como bien me señala Álvaro, puede contribuir las tecnologías digitales, para bien o para mal…). Esto por supuesto es un motivo importante para que haya gente que defienda abandonar el modelo capitalista…

La segunda categoría es más compleja: incluso sin que intereses particulares lo bloqueen, llegar a una economía del “steady state”, como decía Daly, o a ese post-crecimiento que se llama ahora, no es tan sencillo sin sufrimiento por el camino (y quizá también al final de él).

•          La primera dificultad está en decidir cuál es el indicador adecuado, o el nivel apropiado de consumo “suficiente” para nuestro bienestar sin comprometer otros recursos. De nuevo, en un sistema centralizado, esto lo elige el Estado, mediante algún sistema de planificación ultra-compleja. ¿Lo haría bien, sobre todo teniendo en cuenta las incertidumbres, y los fallos del regulador? En un sistema de mercado (descentralizado) la clave es el indicador, que ha de ser eficiente en trasladar las señales económicas, y que como cualquier indicador multidimensional no puede definirse “objetivamente”, sino mediante la participación pública bien informada.

•          La segunda dificultad es que, en muchos países, el empleo que hay que generar para una población joven en crecimiento (p.ej. en África) va asociado normalmente a un crecimiento de la actividad económica (y del consumo de recursos, especialmente en un sistema económico lineal). En este sentido, hay que recordar que este debate del decrecimiento es uno fundamentalmente de países ricos, de gente que ya tiene bastantes cosas resueltas en la vida; pero cuando la vida no es tan fácil, o el Estado no está para proveer, y la población sigue creciendo, la respuesta no es tan sencilla.

•          Incluso en los países desarrollados, el reducir el nivel de consumo no es sencillo: si baja el consumo, también baja la producción/actividad, y por tanto el empleo (o los salarios). Es cierto que con niveles de consumo menor no debería hacer falta un salario igual…salvo que nos dediquemos tipos de ocio que no reducen el consumo (un ejemplo son esos vuelos de fin de semana tan populares). Así que, si queremos reducir nuestro consumo, también debemos aceptar reducciones en los salarios (nominales, pero seguramente también reales durante la transición). En este sentido, la semana de 4 días no necesariamente contribuye a esto, más allá de que pueda ser interesante para algunos. Tampoco, llevado al extremo, soluciona este problema una sociedad en la que los robots trabajan y los demás nos dedicamos a lo que queramos (con una renta básica universal): los consumos podrían ser iguales o mayores, los hagamos nosotros o los robots. Otra hipótesis: Si desincentivamos mediante impuestos el consumo (de todo), realmente sería equivalente a reducir los salarios, con lo que estamos igual que antes (aunque con mayor recaudación del Estado, que puede tener alguna ventaja si se usa bien). Otra posibilidad que se maneja en algunos ámbitos es subir los impuestos a los ricos para que financien y compensen esa reducción de salario de las clases medias y bajas. Pero, de nuevo, ya estamos igual que antes: al compensar el salario, volvemos a consumir.. Es cierto que en principio estaríamos mejor que antes, al ser nuestro consumo menos intensivo en materiales o impactos ambientales (desincentivados), pero menos intensivo en términos relativos no quiere decir necesariamente menos intensivo en términos absolutos. De nuevo, la única solución pasa por menos renta, menos consumo; no necesariamente menos bienestar (si ese bienestar lo derivamos de actividades que no consuman recursos), pero sí un cambio cultural con una transición fastidiada. [Por supuesto, estas cosas pasan porque tenemos unos niveles de población muy elevados: en un mundo con 500 millones de personas nos podríamos permitir enfoques más micro o locales como los planteados por algunos defensores del decrecimiento...pero con los que somos, la cosa no es tan sencilla incluso aunque la población no crezca].

•          A este respecto, un tema también complejo es cómo gestionar esta transición, esta reducción de actividad, desde el punto de vista de un sector financiero que necesita el crecimiento para alimentarse…las soluciones que se han planteado de economías locales, en las que no se puede "especular" con el dinero, tienen muchas limitaciones para una inversión que también es muy necesaria.

•          Hablaba antes de la circularidad, una de las grandes promesas: la circularidad, puede ayudar bastante si se hace bien, es decir, si sirve para reducir consumos. Pero no ayudará si mantenemos o aumentamos el consumo con la promesa del reciclaje, un reciclaje que es termodinámicamente imposible o no recomendable en una gran cantidad de situaciones (ese famoso segundo principio de la Termodinámica…). La economía compartida, otra de las grandes promesas, tampoco ayuda necesariamente (da igual compartir coche si al final lo que dirige la construcción de un nuevo coche es el número de km recorridos).

•          Por último, otra dificultad es cómo combinar este proceso que parece que es complicado dejar al mercado con los incentivos adecuados para la innovación tecnológica, que, aunque no nos vaya a salvar por sí misma, sí nos puede ayudar y mucho (como ya ha hecho en el pasado). De nuevo, los sistemas muy centralizados no son particularmente buenos para esto (tampoco los mercados en competencia salvaje).

En cualquier caso, en lo que doy la razón a Javi es que este tema debería hablarse más, sin posiciones fundamentalistas (porque ninguna nos llevará a ningún sitio bueno). Algunas cosas ya sabemos cómo hacerlas, por ejemplo internalizar externalidades (otra cosa es que queramos, o que sepamos manejar bien el elemento distributivo asociado). En algunos países hemos conseguido desacoplar algo el crecimiento, aunque seguramente no será suficiente. Para mí, en especial, habría que hablar, e investigar, sobre cómo de posible es lograr alimentar y dar empleo y bienestar a la población sin aumentar el uso de recursos, tanto en países ya desarrollados como en aquellos que todavía tienen camino por recorrer. Sobre cómo podemos aumentar el bienestar, o al menos mantenerlo, y repartirlo bien, sin consumir más. Sobre cómo gestionar el potencial decrecimiento sin revueltas sociales o sin colapsos financieros. Muchos temas para una agenda de investigación fundamental.

jueves, 27 de febrero de 2020

Lecturas muy interesantes sobre decrecimiento

En HBR ofrecen un buen resumen de las teorías sobre el decrecimiento, sus ventajas e inconvenientes, aunque se olvida de la fundamental en mi opinión, y que es la que hay que resolver si queremos ir por esta vía: cómo funciona una economía con menores niveles de producción, y por tanto, o de empleo o de salarios. Porque las propuestas que plantean no la terminan de responder:

- El cambiar el tipo de productos por otros más duraderos o con menor impacto cuesta más (no para el planeta, pero sí para el bolsillo): ¿Quién lo paga, si a la vez estamos reduciendo actividad productiva?¿Podremos trasladar este mayor coste a mayores salarios que compensen la menor actividad productiva y por tanto nivel de empleo?
- Pasarle la patata a los consumidores no creo que arregle la cuestión, si se mantiene el nivel de consumo;
- La tercera propuesta es en el fondo igual que la primera.

Así que me temo que estas propuestas, aunque válidas para que las empresas se vayan adaptando al decrecimiento, no resuelven la contradicción....

Y justo antes de publicar esta entrada, Diane Coyle ha publicado esta, en la que ofrece enlaces muy interesantes a esta discusión (sobre la que ella es muy negativa en general). Aunque ninguno ofrece tampoco respuestas, Cassidy sí plantea claramente las preguntas y sus problemas.

Relacionado: una lista de experimentos con renta básica.

jueves, 19 de noviembre de 2020

El papel del decrecimiento y la tecnología contra el cambio climático

Xavi García Casals vuelve a su blog con un análisis muy relevante: usando la identidad de Kaya como marco, evalúa el potencial de crecimiento de las economías para distintos valores de mejora en la eficiencia energética y en la penetración de renovables. Y saca algunas conclusiones que deben hacernos pensar:

- Bajo las tasas actuales de mejora de la eficiencia y las renovables, es imprescindible decrecer para alcanzar los objetivos climáticos. Y esto no parece muy realista. Según Xavi, o palmamos por el cambio climático, o por la ruptura social que generaría el decrecimiento.

- Así que, claramente, hay que subir estas tasas para no tener problemas. Pero habría que subirlas mucho para no tener que decrecer. Y además, yendo justo por el enfoque sistémico que menciona Xavi: si aumentamos la inversión en eficiencia y en renovables, aumentamos el PIB (y por tanto hay un feedback negativo no tenido en cuenta).

- Pero, sobre todo (y aquí coincido totalmente con él) hacen falta análisis serios de cómo encajar el decrecimiento en nuestras sociedades sin que generen el lío previsible.


martes, 13 de mayo de 2025

The economics of enough, de Coyle

Otro de esos libros que llevaba tiempo queriendo leer...y en este caso he tardado demasiado. Porque yo pensaba que el libro era más general, que iba a hacer propuestas sobre cómo lograr ese equilibrio necesario para la sostenibilidad, de una forma más sólida por ejemplo que Tim Jackson o Raworth. Y tenía muchas expectativas viniendo de Coyle, cuyo The Soulful Science me gustó mucho, y cuyas investigaciones sobre capital social valen mucho la pena. Pero no gestioné bien mis expectativas.

No porque el libro no contenga mucha sabiduría, que sí. Su diagnóstico sobre la situación es tremendamente actual, aunque esté escrito en 2011. Ya anticipa los problemas de polarización o de confianza en la política, y algunas de las cosas que dice sobre tecnología se pueden aplicar perfectamente al debate sobre la IA. También es muy actual su discusión sobre el decrecimiento.

Pero es que, aparte de que en algunas cosas como el debate climático se ha quedado algo anticuado, es que el libro es demasiado repetitivo, es más bien un ensayo demasiado estirado. Así que quizá valga la pena con leer su Manifiesto final, porque ahí resume el libro. Y, sobre todo, sus propuestas son demasiado genéricas.

En cualquier caso, os paso mi resumen de las ideas fundamentales:

La primera, su recordatorio sobre las amenazas para el estado del bienestar de una deuda creciente.

p4. In every OECD country the aginng of the population will inexorably increase government spending because state support of the elderly through one route or another is universal, whether it takes the form of pensions, subsidized health care, or other forms of social care.

The benefits they [the boomers] are enjoying are being paid for by mounting government debt, some of it acknowledged, but much of it simply implicit in the promises of what services the government will pay for. Those promises wil almost certainly be broken.

Ante esto, propone estas medidas algo genéricas (aunque seguramente correctas)

p12. How can a better balance between the present and the future be brought about? There are three elements needed to answer the challenge: measurement, values and institutions.
El decrecimiento no lo considera como una posible solución:

p267. And yet people still want the economy to grow. It is wishful thinking to claim that economic growth doesn't increase happiness. it would be dangerously complacent to plan policies on the basis that citizens won't mind sacrificing growth for the sake of the environment or social cohesion. To do so would be to sacrifice any hope of gaining political traction for change. What's more, poor countries need to keep growing to reduce poverty and satisfy natural aspirations to reach the living standards of the leading economies. Rich countries need economic growth because otherwise if won't be possible to avoid the debt trap and create the political conditions for a less unequal and higher trust society.

Su propuesta va más bien por mejorar el capital social, algo que primero define bien:

Social capital consists of the set of relationships between the individual members of a society. Some of the connections between us are impersonal and take place through a monetary transaction; others are nonmarket relationships, that is nonfinancial and personal ties of various degrees of importance and strength. The stronger these nonmarket mutual relationships are between different people in a particular society, the greater the social capital.
Social capital defined in this way brings benefits to the people who make up the society in question, but not necessarily to those outside it. So depending on the context, it can be good or bad for the economy as a whole.

Y luego plantea que tenemos que mejorar:

p183. But the profound social impacts of fundamental technical change, whether it's steam or computing, mean that innovation must also include the social rules that organize the way we live together and cooperate. The rules haven't kept up with the technology. Now, just as in the early Victorian era, the mismatch between the underlying technological structure of the economy and the institutions governing the economy is the source of political and social upheaval
Una de las cosas en las que tenemos que mejorar es en el diseño de los mercados, que, según ella, son imprescindibles, pero deben reflejar mejor nuestros valores:
p185. The benefits of markets in delivering good economic outcomes - the central claim of economics - depends on the values that structure those markets, because markets are social institutions that embody underlying values and cultural and social norms....Not all markets are immoral, but the operation of markets in recent times has become in some respects immoral.
p210. If desired social values are reflected in actual market institutions, markets remain the most powerful mechanism for delivering socially and economically beneficial outcomes. So one challenge now is to ensure that the way markets operate reflect fundamental social norms and values - how to make markets moral.

Y lo segundo en lo que tenemos que trabajar es en la justicia:

p234. Fairness is what makes the drive for an efficient economy politically legitimate


viernes, 26 de febrero de 2021

Milanovic, sobre el pensamiento mágico del decrecimiento

Ya he comentado aquí alguna vez que el problema que tienen las propuestas de decrecimiento es que no tienen números detrás que prueben su factibilidad o incluso su viabilidad política. Branko Milanovic pone algunos números, pero precisamente para demostrar que no es posible. 

Yo soy algo más optimista, pienso que en el margen sí es posible lograr algo por ahí, aunque evidentemente no de forma relevante en términos absolutos, y sin tener claro que la cosa vaya a funcionar (de nuevo, importante tener algunos numeritos). De hecho, Milanovic en su siguiente entrada va por esta vía, y sí plantea algunas políticas para reducir el consumo de la fracción más rica, fundamentalmente aplicar impuestos elevados sobre las actividades perjudiciales. Aunque, de nuevo, no sabemos si la cosa funcionaría: no sabemos si el impacto a corto plazo sería tolerable, o si el impacto a largo plazo sería el deseado.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

¿Es viable el decrecimiento?

Tras reseñar la entrada de Xavi me quedé dándole vueltas a la viabilidad del decrecimiento. Esto, como he dicho alguna vez, es un tema muy complejo, y para el que todavía no he encontrado una solución satisfactoria (véanse mis reseñas de Raworth o Jackson, por ejemplo). Mi problema fundamental es entender cómo funcionaría una economía de estado estacionario: ¿cómo se impide que la economía crezca?¿con señales económicas, o con una economía planificada?¿cómo se logra el nivel de redistribución necesario sin frustrar y sin desmotivar a muchos?¿cómo se acepta la idea de que, si la economía no crece, los salarios tampoco?¿cómo se encaja eso con el (legítimo) deseo de mejora económica y social? Muchísimas preguntas, para las que no tengo respuesta, y que por eso me hacen cuestionarme cómo de viable es la idea...

Otro problema, por supuesto, es cómo encajar el crecimiento de la población, algo incompatible con este tipo de economía...aunque eso sí creo que puede lograrse con el tiempo, tal como muestran muchas proyecciones de crecimiento demográfico.

lunes, 13 de mayo de 2024

Más de Milanovic sobre el decrecimiento

 Como siempre mucho material para pensar en esta reflexión en la que vuelve a la "steady-state economy" de Daly. Bueno combinarlo con esta otra entrada más antigua que ya blogueé en su momento, sobre las consecuencias distributivas del decrecimiento. Ya puestos, recupero esta entrada mía también para añadir ideas.

viernes, 30 de mayo de 2025

Un lugar al que llegar: Mapa político de la transición energética; de Carralero, Victoria y Gallego

Hace unos días Cristóbal Gallego me hizo llegar el libro que ha escrito con Marta Victoria y Daniel Carralero. Con Cristóbal no coincido en la orientación política, pero sí (aunque pueda parecer paradójico, yo creo que no tanto) en muchos de los mensajes sobre la transición energética, y también en la creencia de que esto debería ser una cuestión transversal, no polarizada, y en la importancia del diálogo. Y eso se refleja bastante en el libro.

El libro es muy recomendable. Presenta de una forma muy clara el dónde estamos y dónde tenemos que ir en la transición, sin apriorismos (bueno, un par de ellos, que luego comentaré) ni autocomplacencias. Y además plantea de forma muy honesta los conflictos inherentes a la misma, sin tratar de resolverlos de forma simplista o maniquea, algo a lo que desgraciadamente estamos muy acostumbrados en el debate político. Además, se lee en un vuelo, no se hace nada pesado.

Creo que, en general, comparto en más de un 90% los mensajes que transmite: que es una transición ineludible, que ya hay soluciones al menos para una parte significativa, que deberíamos comenzar a andar el camino, que hay que buscar consensos y diálogo, que hay que ser honesto en el planteamiento de las dificultades y conflictos que surgen...La verdad es que me podría quedar aquí, y concluir que deberíamos construir juntos sobre este 90%, que me parece más que suficiente, en lugar de ponernos a discutir sobre el 10% restante (que es lo que, en general, hacen nuestros políticos cada uno tratando de buscar su espacio en lugar de buscar el lugar común).

Pero como no soy político, sino analista curioso, no puedo renunciar a señalar algunos aspectos que creo hubieran podido hacer el libro aún más asumible por todos, o en los que creo que hace falta seguir trabajando. En parte también para tener temas para seguir dialogando con Cristóbal :).

Quizá algunos de estos aspectos se deban al hecho, entiendo que buscado expresamente, de que el libro está dirigido a una audiencia muy específica, la más cercana a los autores ideológicamente. Eso no es necesariamente malo, si el objetivo es convencer a los suyos de que esto hay que apoyarlo, y ayudarles a entender bien la cuestión. Pero claro, hace la lectura algo dura a veces, con descalificaciones del contrario en ocasiones merecidas, pero en otras más bien por defecto. Esto hace que determinados lectores pueden sentirse ofendidos o rechazados, algo que no contribuye precisamente a ese consenso explícitamente buscado por los autores; eso sí, sólo con los "civilizados", todavía no sé si me puedo considerar en ese grupo :).

Tampoco ayuda a buscar el consenso el tratar de apropiarse del concepto "verdadero" de la transición energética. Esto me recuerda a algunas guerras de religión. Creo que sería más efectivo de cara a avanzar y a buscar consensos aceptar que a la transición energética puede contribuirse desde distintas orientaciones, sin que deba existir un dogma que la identifique exclusivamente con la izquierda. La izquierda por supuesto tiene mucho que aportar a la transición, pero también el centro y la derecha no extrema.

Finalmente, y ya llegando a los temas más concretos donde hay que seguir hablando más:

- Sigo sin entender por qué el autoconsumo, o el mercado eléctrico marginalista, son temas ideológicos en sí mismos. El comentario que hacen respecto a esto cuando hablan del informe Draghi me ha parecido difícil de entender. Claro que hay cuestiones ideológicas alrededor de ellos, pero el autoconsumo, las comunidades energéticas, o el diseño del mercado eléctrico son medios, no fines en sí mismos. Medios que pueden emplearse para lograr unos fines u otros. Es sobre esos fines sobre los que creo que deberíamos discutir, no sobre los medios.
- Quizá la mayor divergencia entre lo que pensamos Cristóbal y yo esté en la forma de empujar la transición. Si no lo entiendo mal, los autores defienden hacerlo con inversión pública financiada con impuestos a los ricos (perdón por la simplificación). Yo creo que esto tiene un recorrido limitado, así que  también deberíamos contemplar obtener recursos mediante la fiscalidad ambiental o energética (que no es injusta necesariamente, si se diseña bien y con compensaciones), y con incentivos bien diseñados, incluyendo señales de precio para evitar rebotes, que movilicen la inversión privada de forma correcta. Totalmente de acuerdo, eso sí, en que hay que plantear mejor la inversión pública, no puede ser que sigamos soltando pasta pública, incluso aunque venga de Europa, sin participar en los eventuales beneficios.
- Su planteamiento de la descarbonización de las ciudades me parece excesivamente optimista. No me parece tan sencillo lograrlo a corto plazo como proponen. Incluso la ciudad que ponen como ejemplo, Copenhague, sigue teniendo un 25% de cuota de vehículo privado, a pesar del tiempo que llevan tratando de echarles de la ciudad y de lo sencillo que es moverse por allí en bici.
- Otra cuestión a matizar es la de los conflictos con las renovables: no está de más recordar que muchos de estos conflictos no tienen origen en el ecologismo, sino en cuestiones de compartir rentas. Por ahí es donde hay que trabajar más.
- Por último, el tema del decrecimiento también daría para mucho más. Ellos no se meten en demasiados líos, y lo plantean como objetivo final...pero para mí lo verdaderamente complicado es cómo gestionar la transición: el decrecimiento supone pérdida de empleo hasta alcanzar el equilibrio, y esto es muy difícil de gestionar bien (aquí alguna entrada mía anterior al respecto). Sobre esto creo que pasan demasiado de puntillas.

En fin, un libro muy recomendable como digo, y una buena contribución al verdadero diálogo que deberíamos estar teniendo.

miércoles, 17 de junio de 2015

Hombres y mujeres para los demás

Estos días ando por Salamanca de reflexión sobre la identidad y misión de las universidades jesuitas. Muchos temas interesantes, la verdad. Hasta ahora hemos hablado de cómo trasladar a nuestros alumnos una concepción humanista de la vida, y también la preocupación por la justicia. Y me ha resultado muy interesante, respecto a este segundo tema, este documento que nunca había leído, pero cuyo título sí había utilizado: Hombres y mujeres para los demás, del P. Arrupe.

Es un discurso a los Antiguos Alumnos, que creó gran polémica en su momento (1973) pero que me parece sigue siendo muy actual (y también seguro que creaba polémica ahora). Las tres recomendaciones concretas de Arrupe a los antiguos alumnos:
Hay que formar hombres y mujeres que no sean esclavos de la sociedad de consumo, que no tengan como norma de vida ser y aparecer un poco más que los demás, sino que se propongan, hasta como ideal, quedarse siempre un poco atrás, para así ir desenroscando el tornillo del lujo y de la competitividad. Hombres y mu- jeres, que en vez de sentirse impelidos a comprar todo lo que ha logrado comprar una familia amiga, sean capaces de ir prescindiendo de muchas cosas, de las que otros en sus mismos ambientes han prescindido, y de las que la mayoría de la humanidad se ve obligada a prescindir.

Esta todavía parece asequible, aunque complicada. Pero sigamos leyendo:
Segunda: Decidido propósito no sólo de no participar en ningún lucro de origen claramente injusto, sino incluso de ir disminuyendo la propia participación en los beneficios de una estructura económica y social, injustamente organizada a favor de los más poderosos. No se trata ya de dis- minuir los gastos, sino, mucho más radicalmente, de disminuir los ingresos basados en estructuras injustas. Ello nos obliga de nuevo a marchar a contracorriente.
Y ya, por si faltaba algo:
La tercera actitud está muy conectada con la anterior. Tal vez sea posible reducir los gastos y llevar una vida mucho más sencilla, sin chocar demasiado con la sociedad, aunque en el fondo le desagrade nuestra actitud y por ello precisamente le haga bien. Pero si lo que pretendemos es reducir nuestros ingresos, en cuanto que ellos nos vienen de nuestra participación en una estructura injusta, ello no es posible hacerlo sin transformar la misma estructura. Entonces es inevitable que los que se sientan con nosotros desplazados de sus puestos de privilegio adopten una actitud de defensa y contraataque.
Demoledor, ¿verdad? Evidentemente va mucho más allá de todos los planteamientos de decrecimiento, y algunos años antes. Pero menudo reto.

martes, 9 de julio de 2013

Alternativas al crecimiento

Por dos vías llego hoy a señalar algunos sitios interesantes de economía alternativa o heterodoxa. Este fin de semana Enrique me recordaba que habíamos hablado de las ideas sobre decrecimiento de Carlos Taibo o Antonio Turiel y que no lo había puesto en el blog. Pues nada, aquí están las dos referencias, interesantes consultas en este ámbito.

Y hoy, leyendo esta entrada de TripleCrisis (muy sensata, por cierto), llego a este sitio, Econ4, lleno de gente ilustre y con ideas también más que razonables, de la que me gusta mucho la propuesta de reformar los cursos de Econ101 (la introducción a la economía) para no seguir contando la misma murga de siempre y hacer creer a los alumnos que los mercados perfectos son la norma.

Mi pega con Econ4: el recurso a esto que los americanos llaman "the straw man argument",  esto es, el caracterizar erróneamente la posición contraria. En este caso, lo que representan erróneamente es a la economía clásica, que, como cualquier lectura de Adam Smith o sus continuadores indica, no supone ni implica ni privilegios, ni plutocracia, ni búsqueda de rentas, ni oligarquía, sino todo lo contrario. Más bien estos problemas surgen normalmente cuando el gobierno se mete por medio y crea rentas, permite que las capturen, favorece a los "campeones nacionales", o directamente a sus amigos, como el caso español muestra tan bien. Sí, es cierto, también aparece cuando no hay gobierno y los jetas campan a sus anchas...pero precisamente en esos casos los economistas "ortodoxos" dicen que entonces hay que arreglarlo. Más sobre este tema de las falacias y hombres de paja en economía aquí (curiosamente también en un post reciente).

Y luego, mi problema principal con este tipo de economía: A riesgo de generalizar, yo coincido con sus planteamientos en el fin, pero no en los medios. Por ejemplo, sí creo que tenemos que ir a un modelo (en particular energético) más sostenible, y que esta sociedad en la que el consumo "conspicuo" de Veblen es lo que nos dirige no va bien (ya lo decía Galbraith hace ya años).

Pero no coincido ni en la velocidad de alcanzar el desastre, que seguramente será más lenta de lo que nos dicen, ni en el desastre en sí mismo: más bien, como ya he dicho algunas veces, creo que ya hemos demostrado una enorme capacidad de adaptación, y en este caso, si no lo estropeamos mucho, también tenemos posibilidades de enderezar el rumbo. Eso sí, con petróleo o sin petróleo, con ciertos recursos o sin ellos, porque lo importante no es el petróleo, por ejemplo, sino el servicio que proporciona. Y ahí ya tenemos alternativas a las que queda poco para empezar a explotar. Finalmente, tampoco coincido en los medios para alcanzar la sostenibilidad, que en muchos de estos sitios implican planteamientos casi soviéticos. De nuevo, creo que el mercado, bien utilizado, y por supuesto complementado con políticas de redistribución, tiene mucho que jugar aquí (mientras que los otros instrumentos, como decía aquí hace tiempo, no solucionan los problemas).

martes, 5 de diciembre de 2017

La ilusión del decrecimiento

Así habla Branko Milanovic de esta cuestión (en dos partes), que alguna vez he comentado yo también aquí: la que plantean algunos que, una vez que han alcanzado un nivel de vida suficiente, proponen que dejemos de crecer, sin darse cuenta de que hay muchos más por detrás queriendo igualarse a nosotros. De hecho, la anécdota que yo suelo contar (real, por supuesto) es la de ese ecologista de corazón que se proponía enérgicamente que se dejara ya de construir en zonas de valor natural, una vez, por supuesto, que él ya tenía una casita construida en esa zona.

Por supuesto, parto de la base, y creo que Milanovic no lo pone en cuestión, de que crecimiento económico no es igual a bienestar; y que claramente a muchos de nosotros, los más ricos, nos vendría bien dejar de consumir como hacemos. Pero plantear esto a nivel global y tajante implica, claramente, un nivel de redistribución de recursos enorme, y por tanto hay que ser realista en cuanto a la viabilidad práctica de una propuesta como ésta. Quizá debiéramos comenzar por tratar de limitar el crecimiento y el consumo de los que más tenemos (también siendo conscientes de las consecuencias que tiene), y buscar formas de que el mayor consumo de los que vienen por detrás no tenga consecuencias tan negativas sobre el medio.

viernes, 15 de mayo de 2026

Not the end of the world, de Ritchie

Esta realmente es una reseña de dos libros: Not the end of the world, y Clearing the air. Hago la reseña conjunta porque, realmente, son dos libros que se solapan muchísimo. Creo que basta con leer el primero, que es más riguroso. El segundo, forzado quizá por un formato en el que pretende dar respuestas sencillas a preguntas complicadas, termina siendo bastante más flojo. Los temas que cubre son muy similares, en el segundo se centra algo más en cambio climático y se extiende más sobre temas más relacionados. Pero como digo, a costa quizá de intentar cubrir demasiado muchas veces sus respuestas me parecen muy insatisfactorias, y las acciones que propone tremendamente repetitivas (quizá también es que yo no sea público objetivo para estos libros, menos aún para el segundo).

El primero, Not the end of the world, me parece un buen libro de texto para mis clases de sostenibilidad: mismos mensajes que mando yo, pero mejor formulados y con muy buenos datos. Realista, pero sin perder la esperanza en que podemos hacerlo mejor, y en que lo conseguiremos. A veces incluso un poco demasiado optimista, pero no viene mal contra el discurso ambientalista generalmente agorero.


Una lectura muy recomendable por tanto para todos aquellos preocupados por el cambio climático o el medio ambiente, y que quieren saber qué hacer. Por ejemplo, ayuda a establecer prioridades, identifica cosas de las que no preocuparse, sitúa en el lugar correcto cosas que creemos que ayudan mucho pero que luego no tanto (reciclar, el famoso stand-by, el consumo local u orgánico, lo de los microplásticos o las bolsas o pajitas de plástico...incluso lo del aceite de palma). Un buen libro contra los mitos y recetas fáciles que nos llegan desde algunas organizaciones ambientales o políticas. Como ella dice, incluso aunque a veces sus mensajes (como los de la dieta) parezcan contraintuitivos para muchos.

En este sentido, un mensaje muy potente del libro, muy relacionado con muchos de los problemas que describe, es lo importante que es la dieta para cuestiones como el cambio climático, la deforestación, o la biodiversidad. O lo interconectados que están muchos de los retos para la sostenibilidad. 

Otro mensaje muy importante es que el cambio individual no basta, tiene que ser sistémico. Y para eso tenemos que votar con nuestras papeletas, con nuestras carteras, y con nuestro tiempo. Y, por supuesto, dejar de pelear por chorradas y reconocer más los puntos de encuentro que los de disenso (algo a lo que la situación actual tan polarizada no ayuda, es cierto).

Eso sí, decía que a veces se pasa de optimista: hay bastante wishful thinking. Una cosa es ser optimista y otra ser ingenuo. Esto le pasa por ejemplo cuando habla del decrecimiento: sí, efectivamente no llegaríamos a tiempo de resolver el cambio climático sólo con ello...pero eso no quiere decir que eventualmente no haya que tenerlo en cuenta. O cuando da valor a las promesas climáticas, y no a las acciones reales, o cuando pronostica el pico de emisiones para mañana. O cuando habla de la transición energética (en la que sólo se fija en el sector eléctrico), o cuando trata sobre los vehículos eléctricos o los minerales críticos. Quizá en parte porque habla de futuro, y ahí su uso de la evidencia y de los datos es mucho menor (aunque hay alguna gráfica muy buena), y se limita a decir que seguro que podemos resolverlo porque ya hemos resuelto otras similares antes. Su palabra contra la de los agoreros, en algo tan difícil como predecir el futuro. Para eso no hace falta un libro :). Otro punto que me parece complicado es el de los cultivos modificados genéticamente: ella es muy favorable, y su argumento es que eso ayuda a los más pobres...pero claro, esto depende de quién controla estas semillas; si son las grandes empresas que cobran una pasta a esos agricultores más pobres, la cosa no es tan evidente.

La conclusión del segundo libro es menos satisfactoria que la del primero: aunque arranca bien diciendo que esto no va a ser fácil, pero que eso no quiere decir que tengamos que rendirnos, porque este es un problema de largo plazo; lo de que la transición no implique sacrificios, sino sólo oportunidades, me parece un mensaje difícil de manejar. Eso sí, su recordatorio de cómo interpretar tanto dato fake que circula no es malo (parece muy inspirado por Tim Harford).

Por último, hay que decir que al libro le habría venido bien una revisión algo más rigurosa, porque alguna pifia se le ha colado, como cuando dice que la solución a las emisiones de SO2 fue instalar desulfurizadores (no, fue cambiar el tipo de carbón), o cuando defiende el ride-sharing autónomo como forma de reducir la congestión (podría aumentarla si hay rebote).