viernes, 4 de noviembre de 2016

Necesitamos héroes...pero de los buenos

Estos días estoy leyendo sobre un tema que me gusta bastante, la epopeya de la exploración antártica, (para los que no hayáis leído nada, este es mi libro favorito), curiosamente mucho más trabajada en la literatura que la ártica, seguramente por la tragedia de Robert Scott y su competición con Amundsen. Una de las cosas más interesantes de toda esta historia es cómo Scott se convirtió, a pesar de su muerte y derrota en la carrera, en un héroe para los británicos, y Amundsen, en cambio, que fue quien conquistó el Polo Sur de forma totalmente noble, en un villano.

Es bien sabido que los seres humanos necesitamos construir historias, narrativas, para entender la realidad. Es el origen de los mitos, y también de muchos de los problemas que tenemos a la hora de interpretar hechos que no encajan en esas narrativas.

Pues bien, y al igual que en el caso de los mitos, también necesitamos héroes que nos levanten de la realidad, que nos hagan volar por encima de nuestras miserias y mediocridades (o eso creemos). El problema es cuando los héroes que identificamos nos ayudan a volar, pero luego nos estrellan. Nos deslumbramos con sus logros, o con su actitud heroica ante el fracaso, pero luego descubrimos que sus logros estaban edificados sobre barro (por no decir algo más feo), o que sus fracasos no se debían a los hados, sino a su propia incompetencia. Es el caso de héroes como Robert Scott. Pero también, trayéndolo a la época contemporánea, de los CEOs, de gente como Steve Jobs, de Elon Musk, líderes empresariales brillantes pero personas aparentemente no tan ideales…o en España, de Mario Conde, o de muchos grandes capitanes de la industria. En muchos casos, gente con visión, pero también (y cada vez más frecuentemente) que recurre a las malas artes, a pisar cabezas, a despreciar a otros, a comportamientos poco éticos…que sólo busca la gloria y el bien para ellos y no para los demás. Por no hablar de las estrellas del fútbol, cuyos mayores méritos, aparte de por supuesto jugar bien, es provocar al contrario, humillarle, fingir lesiones y faltas…Esos son los ídolos de nuestra juventud, y así vamos.

Ojalá fuéramos capaces de fijarnos en los héroes de verdad, los que de verdad están aquí para servir a los demás de forma generosa. Gente como Isabel Solá, a la que estamos homenajeando estos días en Comillas, o como Vicente Ferrer, por citar dos que me resultan ahora más cercanos, pero también a los padres que se dejan la vida por sus hijos, o a los maestros anónimos cuya única motivación es que sus alumnos salgan adelante. Gente que se mueve por ayudar a los demás, y no por ayudarse a sí mismos, gente que pasa de un ego-system a un eco-system, como cuentan en este curso que me recomendaron los de la caverna (creo recordar que Alessandro). Gente que, como nos cuenta Simon Sinek, pone a sus compañeros por delante de lo demás, y pone el servicio antes que el beneficio. Líderes que cuidan de su gente. Si esas fueran nuestras referencias, otro gallo nos cantaría.

2 comentarios:

Fernando Leanme dijo...

Mis héroes son el chino que se paró en frente del tanque, y Henrique Capriles, un líder de la oposición venezolana que predica la resistencia pacífica contra la dictadura de Maduro.

Marta Suárez Argüelles dijo...

Heroes son todos aquellos que, aún haciendo cosas pequeñas, mejoran la vida de los demás. Imagínate un sistema donde cada uno ayude a los demás y viceversa, de manera desinteresada.Para mi, cada vez los verdaderos héroes son menos, porque tienen objetivos subyacentes y mala praxis.