lunes, 28 de mayo de 2018

¿Por qué muchos "expertos" no saben realmente economía?

Hace poco descubrí este sitio sobre behavioral aplicado a distintos ámbitos del conocimiento. Su objetivo, ofrecer información provocativa (en el buen sentido) acerca de la ciencia del comportamiento. Y uno de sus últimos artículos (largo, pero muy recomendable), sobre la necesidad de cambiar la forma en la que enseñamos economía, en cierto modo similar a lo que nos dicen desde CORE, combinado con cosas que he escuchado y leído recientemente, me ha hecho reflexionar sobre las razones por las que seguimos equivocándonos de esta forma.

Y es que, en los últimos tiempos, especialmente en España, cada vez estoy más cansado de que supuestos expertos en economía y regulación (que cada cual ponga los ejemplos, que seguro que no le cuesta hacerlo) nos sermoneen sobre la teoría económica ortodoxa/neoclásica, y pontifiquen y traten de evangelizarnos sobre los beneficios de las aproximaciones liberales simplistas a los problemas económicos y sociales, muchos de ellos olvidándose para empezar de los fallos de mercado. Ni siquiera se libran los más avanzados de este grupo, buenos estudiantes, que sí al menos llegaron al capítulo de los fallos de mercado, pero que sin embargo siguen errando en su aproximación ortodoxa first-best, correspondiente a la economía que estudiaron en la carrera, pero que no se corresponde en absoluto con la realidad.

Y es que, como bien dice Avinash Dixit, nada sospechoso de heterodoxia en este tema, “The world is always second best at best”. Es decir, que no sólo hay fallos de mercado, sino que hay distorsiones económicas (causadas en parte por la necesidad de recaudar impuestos para financiar el gasto público), externalidades múltiples, ausencia de racionalidad económica por parte de los agentes, problemas de equidad, etc.

Esto hace que, por ejemplo, en un first-best, los impuestos ambientales sean los instrumentos más eficientes para internalizar una externalidad, y así se lo cuento yo a mis estudiantes en clase. Pero, en la realidad, que ni siquiera es second-best, sino third-best como mucho, un estándar de contaminación puede ser más eficiente, si el impuesto se diseña mal, o si no se reciclan de forma adecuada las rentas, o si el agente que soporta el impuesto no se comporta de forma económicamente racional (esto también se lo cuento a mis estudiantes, por supuesto).

Todo esto está bien documentado y la evidencia es clara, si uno, claro, lee más allá del libro de texto básico. Pero entonces, como decía al principio, ¿por qué los supuestos expertos siguen equivocándose, y por qué seguimos enseñando esto en clase? Pues se me ocurren algunas razones, y ninguna es buena:
- porque los supuestos expertos son más bien unos ignorantes. Como dice mi maestro Carlos Romero, en España basta haber leído un libro para considerarse un experto. En este tema, parece que a muchos les bastó el libro de texto de 3º o 4º de carrera;
- porque los intereses económicos que se benefician de estas aproximaciones liberales simplistas son demasiado poderosos, y tratan de impedir cualquier pensamiento “desviado”, no sea que salgan perdiendo;
- o, finalmente, porque los supuestos expertos son tontos útiles: su ignorancia viene muy bien a los mencionados intereses, que la cultivan y la promueven.

¿Cuál será la buena?¿O es todo una paranoia mía?

NOTA: Por supuesto, creo que todo esto que digo no descalifica en absoluto los enfoques liberales sensatos. Sigo creyendo, basado en la evidencia, que los mercados, bien diseñados, pueden ser mucho más eficientes que la regulación tradicional; también sigo creyendo, también basado en la evidencia, que Hayek acertó en muchas cosas; pero eso, como digo, no justifica que uno se quede con lo básico y trate de extenderlo a todo sin más reflexión o sin apoyarse en la evidencia.

NOTA2: También por si acaso hay malentendidos: igual que no se pueden defender las posiciones liberales simplistas no apoyadas por la evidencia, tampoco pueden defenderse las posturas que argumentan que el Estado siempre es mejor, estén basadas en la ideología o en la ignorancia. En este sentido, esta cita de Kahn (que abre el Libro Blanco de Ignacio Pérez Arriaga) es difícilmente superable:
The central institutional issue of public utility regulation remains finding the best possible mix of inevitably imperfect regulation and inevitably imperfect competition. All competition is imperfect; the preferred remedy is to try to diminish the imperfection. Even when highly imperfect, it can often be a valuable supplement to regulation. But to the extent that it is intolerably imperfect, the only acceptable alternative is regulation. And for the inescapable imperfections of regulation, the only available remedy is to try to make it work better. Alfred Kahn, “The economics of regulation”, MIT Press, 1988
 NOTA3: Bastante posterior a esta entrada Paul Romer ha publicado esta reseña, que viene también muy bien a la discusión.

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