Una de las reseñas que tenía pendientes desde el verano.
Este es uno de esos libros que se recomiendan siempre leer en las universidades americanas, y siempre había querido leer. Y la verdad es que, en general, vale la pena. Porque, a pesar de haberse escrito hace ya 28 años, el libro sigue siendo muy actual, en un contexto en el que el estado tiene un papel importante que jugar por ejemplo en temas como la transición energética, o como la IA, a la que aplica muy bien esta reflexión:
It is apparent that centralized high-modernist solutions can be the most efficient, equitable and satisfactory for many tasks...On the other hand, these methods seem singularly maladroit at such tasks as putting a good meal on the table or performing surgery
El libro puede interpretarse a primera vista como una advertencia contra un papel excesivo del estado, ilustrado con muchos errores que se han cometido mediante planificación estatal...pero realmente, como bien indica Scott, es un alegato contra la arrogancia, más que contra cualquier sistema político. Son 350 páginas contra el hubris, contra la uniformización, la simplificación (más que contra el estado o la planificación, aunque es cierto que estos instrumentso contribuyen a lo anterior). El libro termina con una oda al sentido común...ese menos común de los sentidos, y que no se puede dar por supuesto. Algo que él traduce como metis, o sabiduría tradicional.
Es un libro que ayuda a los planificadores (como un servidor) a reconocer las limitaciones de una ingeniería, una arquitectura, una economía, no adaptadas a las condiciones locales, al carácter de sus habitantes. Y también a entender que, frente a la enorme incertidumbre que aparece en todo este tipo de procesos, hace falta ser flexible y humilde, y escuchar y entender las dinámicas de base.
La verdad es que basta leer la introducción para quedarse con el mensaje central. Una introducción muy amena e informativa, que ilustra muy bien los problemas creados por los planificadores arrogantes, que generalmente aparecen por una combinación de 4 factores: modelos excesivamente simplistas de la sociedad, sobreconfianza en la ciencia, un estado autoritario, y una sociedad civil disminuida. Y que pueden replicarse también en contextos de libre mercado (y deja muy claro que no comparte las visiones de Friedman o Hayek), con la única diferencia de que la simplificación debe ser rentable en estos casos.
Por otro lado, hay que reconocer que una cierta planificación es imprescindible: una ciudad debe planificar su crecimiento de forma que la vivienda crezca de forma coordinada con los accesos, la educación, la sanidad...pero eso no necesariamente implica cargarse todo lo anterior, o, sobre todo, hacerlo desde la arrogancia del tecnócrata/planificador. Frente a esto, sus recomendaciones para los planificadores son similares a las que planteaba Hirschman: ir paso a paso, evaluando por el camino; tratar de no tomar acciones irreversibles; y contar con las sorpresas y con la inventiva humana.
El libro también ofrece algunas perlas curiosas, como la obsesión de Lenin con la electrificación, también un tema muy actual :), aunque en el caso de Lenin como una herramienta de centralización (mientras que ahora el movimiento, curiosamente también desde las izquierdas, es más hacia la descentralización...
[Lenin] was famous for claiming that "Communism is Soviet Power plus the Electrification of the whole countryside". Electricity had, for him and for most other high modernists, a nearly mythical appeal....Lenin imagined, incorrectly, that it would replace the internal combustion engine in most farm operations.
Electrification was, for Lenin, the key to breaking the pattern of petit-burgeois landholding and hence the only way to extirpate "the roots of capitalism" in the countryside.
The nature of electricity suited Lenin's utopian, centralizing vision perfectly....The way electricity worked was very much the way that Lenin hoped the power of the socialist state would work.
También muy actual la cita de Tolstoi:
In quiet and untroubled times, it seems to every administrator that it is only by his efforts that the whole population under his rule is kept going....While the sea of history remains calm, the ruler-administrator in his frail bark, holding it with a boat hook to the ship of the people and himself moving, naturally imagines that his efforts move the ship he is holding on to. But as soon as a storm arises and the sea begins to heave and the ship to move, such a delusion is no longer possible...and suddenly the administrator, instead of appearing a ruler and a source of power, becomes an insignificant, useless, feeble man.
Dicho todo lo anterior, el libro tiene también algunas partes no tan válidas en mi opinión. El detalle con el que analiza las ciudades, o las políticas agrarias, a veces es excesivo y se hace cansino. Y quizá la mayor crítica que le hago es que, en general, sobrevalora lo tradicional: me gustaría saber cómo habríamos superado el COVID con sabiduría tradicional...¿igual que la peste negra? ¿Sería posible una ciudad de los 15 minutos, esa ciudad que se supone sería mucho más deseable, sin planificación, sólo dejando una evolución "natural"? Creo que, en este sentido, su ataque contra la ciencia y los científicos está fuera de lugar, o mal dirigido: el problema no es la ciencia en sí misma, sino la arrogancia con la que se utiliza en ocasiones, tratando de imponerla sin tener en cuenta sus limitaciones.
En todo caso, como digo un libro muy recomendable, aunque sólo sea la introducción (
disponible en Google Books)
- Lo primero que me preguntaba el periodista es cuánto realmente paga el consumidor más allá de lo que dice el mercado diario. Eso como sabéis se puede mirar, al menos para el PVPC, en ESios. Ahí podemos ver cómo, para un precio del mercado mayorista extremadamente bajo como el que tenemos estos días, el precio que pagaría un consumidor regulado estaría entre 90 y 265 €/MWh para la semana pasada. A eso hay que sumar el término de potencia, impuesto de electricidad y otros cargos, que, según la CNMC y su comparador, suman un 60% más al coste de la factura. Mirando el coste medio de la electricidad del comparador de la CNMC me salen 250 €/MWh.
- También es interesante analizar cómo de frecuentes son esos precios del mercado diario tan bajos. El año 2026 no es demasiado representativo, por las altas precipitaciones del comienzo, y las temperaturas suaves que tenemos ahora (esto sí lo cuentan bien en el artículo del FT, más allá como digo de su titular). Si miramos un año completo (2025), vemos que el número de horas en las que estuvimos por debajo de los 14 €/MWh fue un 44%. El precio medio (sin ponderar) fue de 65 €/Mwh.
- Y luego, a la hora de comparar los precios de la electricidad para los consumidores, le he recomendado que mire en Eurostat, tanto para Hogares como para Industria y Servicios.
- Por último, tampoco viene mal recordar que, en términos de protección frente a la subida de los fósiles, como ya recordaba en mi artículo de The Conversation, no estamos significativamente mejor que otros en Europa: Europa depende en un 73 % de los combustibles fósiles (un 90-95 % importado) para su suministro energético. En España, y a pesar de los avances recientes en renovables, el consumo final de energía sigue siendo en un 70 % fósil (importado al 100 %), con el transporte alimentado casi por completo por el petróleo. En este sentido, sería interesante hacer el cálculo, pero no me sorprendería que una introducción de vehículos eléctricos como por ejemplo la que planteaba el PNIEC de 2019 nos aislara mejor, al reducir nuestra dependencia del petróleo (como hace China). De hecho, si todas las medidas de ese PNIEC hubieran estado implantadas estaríamos en mucha mejor situación. De ahí la importancia de no perder comba en la transición.
No me despido sin recomendaros que, en cuanto a posibles medidas de apoyo, leáis lo que plantea Javi Revuelta, que me parece en general muy sensato. También podéis por supuesto volver a consultar las recomendaciones que hicimos desde el IIT en la última crisis.