lunes, 6 de julio de 2015

Mis comentarios sobre la encíclica Laudato Si

Finalmente ya pude terminar de leerme la encíclica del Papa Francisco, Laudato Si, sobre el cuidado de la casa común (el planeta Tierra). La verdad es que ya se ha dicho mucho de ella, y seguro que mejor de lo que pueda hacerlo yo. Pero a pesar de eso aquí van mis comentarios, por si a alguien le resultan de interés o por si sirve como base para esas discusiones tan interesantes que tenemos en Ricci o con un GT de por medio. Advierto que la entrada es bastante más larga de lo habitual, en parte porque he ido añadiendo referencias a la encíclica para ilustrar algunos puntos.

Comienzo con algunos comentarios de otros que inciden en algunos apartados sobre los que luego volveré yo con los míos, y que creo que ayudan a situar la discusión:

- Jaime Tatay en EcoJesuit, un verdadero estudioso del componente medioambiental en la pastoral de la Iglesia, y que por tanto ayuda mucho a entender algunas claves no evidentes para los que no estamos en ese mundo. (ADD: Mi rector también da su opinión en ABC, con una conclusión imbatible).
- David Brooks en el NYTimes o Guy Sorman en ABC (sólo para suscriptores), en representación de las críticas de los liberales a algunas reflexiones sobre el mercado o sobre la tecnología que se hacen en la encíclica.
- Andrew Simms en The Guardian recordando el fondo ético/moral de la economía, que desgraciadamente se ha olvidado en los últimos tiempos, con cada vez más economistas queriendo convencernos de que esta ciencia es neutra, y de que el problema de la equidad no debe tocarse, sólo el de la eficiencia. También me parece interesante su recordatorio del planteamiento económico que proponen distintas religiones.
- Santi en su blog comienza cuestionando el valor de un documento "religioso" para el mundo occidental secularizado, y luego critica las críticas a la encíclica. Como siempre, es una entrada larga y densa, pero recomendable.

Y ahora mis comentarios, empezando con lo que me ha gustado, que ha sido mucho. De hecho, hay muchos elementos de la encíclica que ya han salido muchas veces en este blog , así que no voy a andar enlazando a todas las referencias pasadas, salvo en ocasiones contadas, porque sería muy largo.

En primer lugar, creo que la encíclica pone de relieve de forma clara la naturaleza fundamentalmente ética del debate ambiental, y además lo hace en gran medida en una forma abierta a todos los seres morales (aunque con algún matiz que luego comento).

En segundo lugar, establece la conexión entre cuestiones sociales y cuestiones ambientales, que muchas veces se olvida. Como ya contaba yo aquí hace tiempo, tendemos a compartimentalizar el análisis de la sostenibilidad, o a identificar sostenibilidad sólo con medio ambiente. Las cuestiones sociales son una parte esencial de la sostenibilidad, y además interrelacionada con el resto. Dos párrafos que me han gustado particularmente:
El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social. De hecho, el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta. [48]
No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza. [139]
También me ha parecido muy apropiado a este respecto el énfasis que se hace en la desigualdad, ese problema de nuestra sociedad actual que tanto está aumentando en los últimos tiempos. Este párrafo me parece tremendo:
Pero especialmente deberían exasperarnos las enormes inequidades que existen entre nosotros, porque seguimos tolerando que unos se consideren más dignos que otros. Dejamos de advertir que algunos se arrastran en una degradante miseria, sin posibilidades reales de superación, mientras otros ni siquiera saben qué hacer con lo que poseen, ostentan vanidosamente una supuesta superioridad y dejan tras de sí un nivel de desperdicio que sería imposible generalizar sin destrozar el planeta. Seguimos admitiendo en la práctica que unos se sientan más humanos que otros, como si hubieran nacido con mayores derechos. [90]
En tercer lugar, y relacionado con lo anterior, el recordatorio permanente de que "todo está conectado" y las implicaciones que ello supone para el análisis interdisciplinar, tan necesario.
Si tenemos en cuenta la complejidad de la crisis ecológica y sus múltiples causas, deberíamos reconocer que las soluciones no pueden llegar desde un único modo de interpretar y transformar la realidad. También es necesario acudir a las diversas riquezas culturales de los pueblos, al arte y a la poesía, a la vida interior y a la espiritualidad. [63]
La especialización propia de la tecnología implica una gran dificultad para mirar el conjunto. La fragmentación de los saberes cumple su función a la hora de lograr aplicaciones concretas, pero suele llevar a perder el sentido de la totalidad, de las relaciones que existen entre las cosas, del horizonte amplio, que se vuelve irrelevante. Esto mismo impide encontrar caminos adecuados para resolver los problemas más complejos del mundo actual, sobre todo del ambiente y de los pobres, que no se pueden abordar desde una sola mirada o desde un solo tipo de intereses. Una ciencia que pretenda ofrecer soluciones a los grandes asuntos, necesariamente debería sumar todo lo que ha generado el conocimiento en las demás áreas del saber, incluyendo la filosofía y la ética social. [110]
Aquí no puedo evitar recordar un libro que me encantó en su planteamiento (aunque no comparta todo lo que en él se dice): Consilience, de E.O. Wilson, y en el que, de forma similar a lo que hace el Papa, anima a buscar los puntos de encuentro entre disciplinas dispares para que colaboren en la solución de los verdaderos problemas globales.

También, por supuesto, me gusta cómo la encíclica subraya el componente medioambiental de las relaciones globales, y cómo llama la atención sobre la "deuda ecológica", tan relevante y a la que no se hace mucho caso (como por ejemplo las emisiones indirectas de CO2, pero no sólo).

Otro elemento que comparto totalmente es la necesidad de parar, de reflexionar, de dejar esta "carrera de ratas" en la que estamos, y de darnos cuenta de lo que realmente vale en esta vida (esto es lo que tengo colgado en mi despacho desde hace un par de años):
Se hace difícil detenernos para recuperar la profundidad de la vida....No nos resignemos a ello y no renunciemos a preguntarnos por los fines y por el sentido de todo. De otro modo, sólo legitimaremos la situación vigente y necesitaremos más sucedáneos para soportar el vacío. [113]
Esto no quiere decir, por supuesto, que renunciemos al desarrollo (aunque sí al crecimiento):
Simplemente se trata de redefinir el progreso. Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso. [194]
La sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora. No es menos vida, no es una baja intensidad sino todo lo contrario. En realidad, quienes disfrutan más y viven mejor cada momento son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, aprenden a tomar contacto y saben gozar con lo más simple. [223]
En este sentido, comparto en gran medida el planteamiento que se hace de la tecnología, y de la necesidad de hacerla compatible con el desarrollo humano. El que la tecnología nos haya permitido gozar de increíbles mejoras en el bienestar no quiere decir que esto sea inherentemente bueno (tal como plantean algunos críticos liberales), si cuando lo hace deja a muchos sin estas mejoras o aumenta la desigualdad.
Hay que reconocer que los objetos producto de la técnica no son neutros, porque crean un entramado que termina condicionando los estilos de vida y orientan las posibilidades sociales en la línea de los intereses de determinados grupos de poder. [107]
El hecho es que «el hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto», porque el inmenso crecimiento tecnológico no estuvo acompañado de un desarrollo del ser humano en responsabilidad, valores, conciencia. [105]
Y finalmente, el mensaje a los políticos, tan imprescindible en algunos países. Porque al fin y al cabo, si esta encíclica busca crear conciencia fundamentalmente entre los católicos (y también la gente de buena voluntad) no podía olvidarse de dar señales claras a nuestros representantes, para hacerles ver la incoherencia de algunos de sus mensajes:
La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo. Al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación. [178]
Es indispensable la continuidad, porque no se pueden modificar las políticas relacionadas con el cambio climático y la protección del ambiente cada vez que cambia un gobierno. [181]
Como veis no comento muchas de las recomendaciones que hace el Papa en energía, agua, biodiversidad, etc. En cuanto al mensaje de fondo, en general comparto casi todos los mensajes. sólo tengo problemas con algunos, y además, no tanto con los fines sino con los medios. Vamos entonces con los aspectos que me han parecido cuestionables.

En primer lugar, creo que a veces el documento tiene dificultades en el equilibrio (que yo creo necesario) entre el respeto a la naturaleza y la razonabilidad (nótese que no hablo de racionalidad) económica. Decía Jaime Tatay en la charla que nos dio el otro día sobre esto que parecía haber varias manos en la encíclica...quizá esa sea la razón de que haya párrafos aparentemente contradictorios.

Por ejemplo, decía antes que el planteamiento sobre el papel de la tecnología me parece correcto en general, pero en algún apartado el argumento se vuelve casi ludita, como aquí:
No es propio de habitantes de este planeta vivir cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados del contacto físico con la naturaleza. [44]
Aunque comparto la idea de alienación urbana, es cierto que las ciudades son mucho más eficientes cuanto menos verde tengan. Me parece irreal proponer una "vuelta a la naturaleza" si queremos solucionar muchos de los problemas que tenemos.

Otro de los aspectos en los que el equilibrio se resuelve mal, en mi opinión, es cuando se habla del mercado. Aunque brevemente se indica, correctamente, que la economía no es mala por sí misma...
El principio de maximización de la ganancia, que tiende a aislarse de toda otra consideración, es una distorsión conceptual de la economía. [195]
...a lo largo del documento hay muchos ataques a la "economía" o al "mercado" como entes malignos, cuando, como ya he dicho aquí muchas veces, esto es un problema de confundir el fin con el medio. La economía es la ciencia de asignación de recursos escasos, y el mercado su mejor instrumento. Atacarlos por sí mismos es confundir los términos...o algo peor, creer que no hay problema de escasez. Esto llega al extremo en dos párrafos, para mí los peores de toda la encíclica. El primero es el que hace referencia al comercio de emisiones:
La estrategia de compraventa de «bonos de carbono» puede dar lugar a una nueva forma de especulación, y no servir para reducir la emisión global de gases contaminantes. Este sistema parece ser una solución rápida y fácil, con la apariencia de cierto compromiso con el medio ambiente, pero que de ninguna manera implica un cambio radical a la altura de las circunstancias. Más bien puede convertirse en un recurso diversivo que permita sostener el sobreconsumo de algunos países y sectores. [171]
Efectivamente, cuando un instrumento se utiliza mal, puede causar mucho daño. Pero el problema es del uso que se le da, no del instrumento. El comercio de emisiones es un fantástico instrumento para asignar recursos escasos y para reducir el coste de la contaminación. Y ha funcionado muy bien por ejemplo para reducir las emisiones de SO2 en EEUU de forma eficiente. Lo de que implique un cambio radical o no depende del límite de emisiones que se ponga. Claro, si el límite de emisiones está mal puesto, o se diseña mal, se convierte en un mero instrumento de especulación. Pero como digo eso no es un problema del instrumento, sino de su diseño. El párrafo de la encíclica parece confundir los dos, y me parece muy dañino para muchos intentos de mejorar las cosas. [Max Aufhammer opina parecido]

El segundo párrafo complicado, aunque este más matizable, es el que hace referencia al agua:
Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado. [30]
Digo que es más matizable porque se mezclan ideas. Por ejemplo, coincido en que privatizar el agua como tal crea muchos problemas, porque es un derecho básico. Es cierto que esto depende de los países (en Europa el agua es un bien público, en los EEUU depende). Y también es cierto que el privatizarla no es necesariamente incompatible con su suministro a todos (por ejemplo, la alimentación o la energía son privadas, y también son bienes básicos), aunque sí lo dificulta. Lo que sí es discutible, y mucho, es que sea malo regular su uso con mercados. ¿Qué hay de malo en utilizar las leyes del mercado (por supuesto, controlado) para evitar que el agua se malgaste, es decir, para asignarla eficientemente por encima del nivel básico?  Esto puede implicar a veces privatizar la gestión del agua, para introducir más eficiencia. De nuevo, si esta gestión está regulada, no tiene por qué crear problemas y sí muchos beneficios. Otra vez, como en el caso de los mercados de emisiones, caemos en el error de pensar que la eficiencia económica está reñida con la equidad, sólo por llevar "económico" en el adjetivo. Y no necesariamente.

Por último, y este ya es muy pequeño: ¿por qué la posesión de una vivienda es signo de dignidad o desarrollo?¿No querríamos decir "acceso"? Porque no creo que los que alquilan sean menos dignos o menos desarrollados...

En cambio, hay otros apartados en que el equilibrio se resuelve algo mejor. Aunque la encíclica menciona la necesidad de considerar el valor intrínseco de la creación, algo que llevado a su extremo haría imposible ninguna otra acción que no fuera la extinción humana, al final lo resuelve bien, sin caer en los errores de la ecología profunda:
Esto no significa igualar a todos los seres vivos y quitarle al ser humano ese valor peculiar que implica al mismo tiempo una tremenda responsabilidad. Tampoco supone una divinización de la tierra que nos privaría del llamado a colaborar con ella y a proteger su fragilidad. [90]
Otro tema cuestionable: los comentarios acerca del crecimiento demográfico.
Si bien es cierto que la desigual distribución de la población y de los recursos disponibles crean obstáculos al desarrollo y al uso sostenible del ambiente, debe reconocerse que el crecimiento demográfico es plenamente compatible con un desarrollo integral y solidario. Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas. [50]
Es cierto que si todos redujéramos nuestro consumo podríamos reducir la presión ambiental y social, y que seguramente sería mucho más efectivo.  Pero reconocer que el crecimiento demográfico (sin control, o incluso animado desde las instituciones) es plenamente compatible con un desarrollo integral y solidario es no saber sumar y también una forma equivalente de no enfrentar los problemas.

Afortunadamente, como bien dice Rosling, este es un tema fundamentalmente de educación de la mujer, de su acceso al mercado laboral, y de renta, no de religión. Y es algo en que la sociedad ha evolucionado mucho, incluso en países en desarrollo. Por tanto, podríamos no darle importancia a este párrafo. Pero, dada la posición histórica de la Iglesia en este tema, creo que el andar presumiendo de que el crecimiento demográfico no es un problema no es la mejor forma de justificar su posición, sino más bien de volver a llamar la atención sobre algo en el que muchos católicos no están de acuerdo con la jerarquía y en lo que muchos no católicos piensan que la Iglesia católica no ayuda sino todo lo contrario. Cierto es quizá la encíclica vaya más bien en la línea de criticar métodos radicales de control demográfico que atenten contra la dignidad humana. Pero si es así, el texto final es poco afortunado, se podría haber dicho de una mejor manera.

Otra cosa que no me ha gustado es que, aunque al principio decía que la encíclica quiere abrirse a todos las personas de buena voluntad, acaba cayendo en algunos sitios en formulaciones difíciles de compartir, e incluso que pueden ofender, a gente que podría compartir muchos de los fines e ideales de la encíclica, pero que no necesariamente comulgan con la idea de un Dios creador:
Cuando la persona humana es considerada sólo un ser más entre otros, que procede de los juegos del azar o de un determinismo físico, "se corre el riesgo de que disminuya en las personas la conciencia de la responsabilidad". [118]
De nuevo, puede ser simplemente un problema de redacción poco afortunada, porque sí coincido en que cuando no se encuentra el sentido a las cosas, cuando caemos en el materialismo más extremo, todo el planteamiento que hace la encíclica (y que comparto) puede caerse. Pero es que hay mucha gente que, desde este tipo de planteamientos "cientifistas", son perfectamente conscientes de su responsabilidad hacia el mundo y los demás ¿Hacía falta pues esto? ¿Realmente vale la pena llamar irresponsables a muchos agnósticos o ateos, y perderlos para la causa? Puede pensarse que sí, que si no no sería una encíclica papal...pero yo pienso que una cosa es afirmar la identidad católica del que escribe, que creo que es muy bueno, y otra rechazar los planteamientos no necesariamente opuestos de otros, sobre todo cuando hay tantos de ellos comprometidos con el medio ambiente y con la justicia social.

Voy terminando. Creo que la encíclica también peca de optimismo al proponer sistemas de gobernanza global:
El siglo XXI, mientras mantiene un sistema de gobernanza propio de épocas pasadas, es escenario de un debilitamiento de poder de los Estados nacionales, sobre todo porque la dimensión económico-financiera, de características transnacionales, tiende a predominar sobre la política. En este contexto, se vuelve indispensable la maduración de instituciones internacionales más fuertes y eficazmente organizadas, con autoridades designadas equitativamente por acuerdo entre los gobiernos nacionales, y dotadas de poder para sancionar. [175]
Sería fantástico tener esto que dice el Papa, pero me parece bastante poco realista. Ya sabéis que soy muy escéptico, quizá demasiado, y que a veces viene bien soñar. Pero creo que no hace falta este tipo de planteamientos para avanzar: basándonos en ese principio de subsidiariedad que la propia encíclica propone, creo que en muchas cuestiones es mucho más efectivo un enfoque bottom-up (como el que estamos viendo por ejemplo en materia de cambio climático). El problema es de gobernanza y exigencia de responsabilidades, no tanto de si es global o nacional, en mi opinión.

En ese sentido, y ya concluyo, creo que la encíclica en general hace un gran trabajo de denuncia y toma de conciencia. Pero no plantea soluciones prácticas, no es una guía para la acción. Por supuesto, ese no es el trabajo del pontífice sino de los políticos. Pero si se hace un diagnóstico hay que tener cuidado con no proponer cosas que luego sean difíciles de hacer, o incluso con descalificar herramientas perfectamente válidas (como ya he comentado antes).

Por ejemplo, la encíclica propone entre otras cosas diseñar sistemas normativos que incluyan límites infranqueables. Pero, ¿cómo ponemos esos límites?¿Son realmente infranqueables, más allá de las obviedades? Este es un buen ejemplo de esa aproximación a veces problemática basada en el valor intrínseco y en los derechos fundamentales, que, más allá de garantizar una dignidad y derechos fundamentales (que por supuesto es esencial en cualquier caso) no es capaz de resolver los conflictos en la asignación de los recursos naturales que aparecen más allá de este derecho fundamental. Desgraciadamente creo que esta orientación tiene una presencia a veces demasiado relevante en la encíclica.

En todo caso, yo creo que es un documento de mucho valor, tanto para la Iglesia como para la sociedad en general, y creo que hay que estar agradecidos por él. La recuperación y puesta en el primer plano del componente ético en el debate, la conexión de los problemas sociales y ambientales, el énfasis en la desigualdad, el llamamiento a la sobriedad, y el recordatorio de que la tecnología no es neutra, eran todos temas que se echaban de menos en todas estas discusiones de alto nivel, y que son más que bienvenidos, porque sin ellos la cuestión medioambiental se quedaba falta de sentido. Ahora a ver si mueve a algunos (sobre todo esos políticos católicos americanos) a retratarse.

NOTA FINAL: Gracias a Checa por sus propuestas de mejora, algunas técnicas como lo de indicar el párrafo de las citas, y otras más de fondo. Por supuesto, todos los restantes errores y omisiones son sólo míos.

ADD: Los de la Universidad de Santa Clara han creado un módulo online con material docente sobre la encíclica.

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