martes, 25 de enero de 2011

Madres tigre

Estos últimos días hay un debate en la web sobre un tema que parece alejado de la temática de este blog, pero veréis que no tanto: el papel de los padres en la educación de los hijos.
Todo arranca de un libro de Amy Chua, en el que dice básicamente que hay que dar caña a los hijos para que estos alcancen su potencial. A partir de ahí, comentarios a favor y en contra. Ian Ayres lo enlaza con investigaciones que relacionan la perseverancia con el éxito profesional. Antonio Cabrales, desde FEDEA, lo aprovecha para resaltar el valor del esfuerzo para explicar los buenos resultados de los chinos en las pruebas tipo PISA. Estas dos entradas son interesantes, pero creo que no van al centro del asunto: lo que discute Chua es las diferencias entre la cultura occidental y la china respecto a cómo tratan a los hijos. Y en ese sentido, creo que las conclusiones que alcanzan los dos no dependen de si los padres son "chinos" o no (en el sentido educativo). De hecho, hay otras culturas que también alcanzan grandes resultados sin dar tanta caña a los hijos (véase Finlandia en PISA, o los mismos EEUU en temas de perseverancia). Por eso el artículo que más me ha gustado de todos ha sido el de David Brooks, quizá también porque da caña a Chua: sí, esto de las madres tigre estará muy bien para conseguir éxitos académicos en la estructura tradicional, pero no para hacer personas completas, con inquietudes, preocupadas por su mundo, capaces de manejar relaciones humanas...para todo esto hace falta tiempo para experimentar, para relacionarse, para pensar...y eso no lo da el estar haciendo deberes o practicando música 18 horas al día. La cultura del esfuerzo y del trabajo es muy importante, pero bien orientada. En el fondo, es un mensaje similar al que yo creo que necesitan nuestros ingenieros, como ya he dicho otras veces: tenemos que transmitirles más competencias transversales, para que no sea todo empollar y adquirir conocimientos que luego no sepan aplicar.
Dedicado a Tatiana, que sé que le preocupan mucho estas cuestiones.

3 comentarios:

TatianaAG dijo...

Gracias Pedro, ni que decir tiene que me ha encantado la entrada! Alison Gopnik dice en "El filósofo entre pañales" (por cierto muy recomendable para quien tenga curiosidad por cómo todos hemos aprendido a explorar el mundo) que "los bebés son el departamento de I+D de la especie humana y, en base a esto, defiende el derecho de los niños a vivir la infancia con total libertad y "despreocupación", precisamente para poder aprender al máximo. Cada interferencia nuestra devbería estar muy justificada, oprque privamos al niño de aprender lo que sea por sí sólo, algo que es tremendamente valioso. Creo firmemente en un enfoque educativo de corte constructivo, no punitivo. Del mismo modo que a mi un jefe no me motiva machacándome, sino más dándome buen ejemplo, tratándome con respeto y permitiéndome explotar al máximo mis capacidades, no creo que la mejor manera de ayudar a los niños a formarse sea actuar a lo "tigre", como propone Chu. La filosofía del esfuerzo es por supuesto muy valiosa, pero los chavales deberían llegar a ella a través del ejemplo que les dan las personas a las que admiran, no por imposición...

Pedro Linares dijo...

Parece que Tatiana ya domina lo de los comentarios! Gracias! Y para agradecértelo, el enlace al artículo de Elizabeth Kolbert en New Yorker:

http://www.newyorker.com/arts/critics/books/2011/01/31/110131crbo_books_kolbert?currentPage=all

Anónimo dijo...

Desde luego si preparamos y presionamos a los hijos, y lo hacemos con eficiencia, quizá podamos adaptarlos a nuestros propios fines y espectativas, pero en el fondo perderemos la capacidad de innovación que a veces proporciona la simple sustitución generacional.
Esperemos que no lleguemos a orientar la educación buscando la "confianza de los mercados", que ciertos eufemismos empiezan a resultar escandalosos y patéticos.