jueves, 22 de enero de 2026

Las tecnologías rompedoras en 2026, según MIT

Un año más, MIT TR saca su lista de tecnologías rompedoras. Y, como siempre, con algunas elecciones controvertidas, este año quizá más que otras veces: por ejemplo, el "vibe coding" o "generative coding" a mí al menos no me convence, después de algunas experiencias agridulces. Sí, es una buena forma de comenzar cuando necesitas un empujoncito, pero mete mucho la pata. No me extraña que muchos no terminen de convencerse. Los reactores modulares también tienen sus problemillas...

La verdad es que, quitando las baterías ion sodio, el resto no termina de parecerme tan rompedor o útil...

miércoles, 21 de enero de 2026

Biocombustibles vs Fotovoltaica

 Un análisis curioso de Our World in Data, que se centra en el uso de la tierra (y en su coste de oportunidad). Nada sorprendentemente, concluyen que el uso de la tierra para biocombustibles es muy ineficiente, sobre todo ahora que ya tenemos más alternativas para descarbonizar el transporte.

martes, 20 de enero de 2026

Comunicación para académicos

Un buen y sensato resumen de Jan Rosenow. Me gusta porque no renuncia a la complejidad y el matiz, esos que siempre me han parecido imprescindibles para no convertirnos en tertulianos o políticos, simplemente la gradúa (en otra aplicación de la teoría de la cebolla de Ignacio Pérez Arriaga). Totalmente de acuerdo en que, si no sabemos comunicar bien, nuestro trabajo vale para poco.

Gracias a Manu por la pista.

lunes, 19 de enero de 2026

Más sobre IA y empleo

 Un par de ensayos interesantes: este de Luis Garicano, y este de Cal Newport, en los que dicen básicamente lo mismo: que al menos por ahora, no parece que el fin del empleo se acerque, salvo para tareas más básicas. Y que incluso la IA en este fase, más que destruir empleo, aumenta productividad y por tanto salarios. 

viernes, 16 de enero de 2026

How emotions are made, de Barrett

Como decía en verano, este libro ha conseguido enfadarme muchas veces, porque me enfadan los libros en los que el autor (autora, en este caso) cree que ha descubierto América, usa argumentos falsos, plantea teorías aún por demostrar como si fueran la verdad revelada...El libro tiene cosas interesantes, sí, pero la verdad es que me ha costado. 

La premisa básica del libro es una historia que puede ser graciosa para una charla TED, pero no para montar toda una teoría sobre ella: la autora creía que se había enamorado de un tipo en un café, cuando realmente lo que tenía era una gripe. Y a partir de ahí se monta toda una historia según la cual las emociones son constructos sociales, historias que se monta el cerebro a partir de unas sensaciones corporales (como las que le generaba la gripe), mediadas por el lenguaje y la cultura. Entiendo que esta teoría tan posmoderna haya encandilado a mucha gente de Silicon Valley, pero la verdad es que a mí me cuesta mucho tragármela. En parte porque muchos de sus argumentos son totalmente anecdóticos o conjeturales (como ella misma reconoce en la p.102)

Por supuesto, hay cosas válidas en lo que cuenta: cómo nuestras sensaciones deben ser interpretadas por el cerebro, que busca darles sentido. Y que esta búsqueda de sentido viene mediada por los patrones que tenemos en el cerebro. También parece sensata la idea de que no es posible objetivar totalmente las emociones, establecer patrones universales para reconocerlas. Donde se desvía de la teoría clásica es que ella considera que las emociones no son universales, que no están pre-programadas, sino que se construyen por medio del lenguaje (por ejemplo, si no hay palabra para definirla, ella dice que esa emoción no existe) y del acuerdo social. Esto ni siquiera es original, Goscinny y Uderzo ya planteaban esa idea en Astérix y los vikingos :)

A mí esto me cuesta hacerlo compatible con la realidad que percibo. Mi evidencia anecdótica (igual de válida que la suya, entiendo) es que sí hay bastante uniformidad en algunas emociones: miedo, pena, alegría...Ella usa algunos trucos para tratar de convencernos de que no, que podemos confundirnos totalmente al tratar de reconocerlas...pero sólo si no tenemos en cuenta el contexto. Y claro que hace falta un concepto para poder comunicar la emoción. Pero, ¿hace falta el concepto para poder sentirse triste por la pérdida de un ser querido? Si no eres japonés, ¿no puedes experimentar desazón tras cortarte el pelo?¿O para correr cuando ves un león persiguiéndote? De hecho, otro de los problemas es que viene a decir que esto sólo nos pasa a los humanos. Pero tampoco parece muy compatible con una elefanta velando a su cría muerta...

Ella compara las emociones con, por ejemplo, los nombres que ponemos a los colores. Que efectivamente son convenciones sociales. El rojo es sólo un nombre que le damos a ese patrón que reconocemos. Pero eso no cambia la realidad subyacente: luz reflejada. Lo mismo con las emociones. El poder ponerles un nombre no hace, en mi opinión, que pasen a existir. Más aún si el lenguaje puede no ser sinónimo de la asignación de sentido...Las emociones no son comparables en mi opinión, como trata de defender ella, con otros constructos puramente sociales como el dinero o el sistema de gobierno.

La segunda parte de su teoría es que todo viene determinado por el "body budget", la gestión metabólica que hace el cerebro y que es la que condiciona todo lo demás: según ella, todas las emociones están causadas por estas cuestiones (como su gripe). No hay racionalidad que valga, ni por supuesto comportamiento racional más allá de lo necesario para gestionar correctamente el metabolismo. De nuevo, me cuesta hacer compatible este comportamiento inmediato basado en el balance energético con la capacidad del ser humano de planificar a futuro (lo que realmente nos hace humanos, según muchos, aunque tampoco está claro si somos únicos en esto).

A partir de ahí, la sección de Emotion and Law es una basura total. No porque no tenga cierta razón, sino por la inexistente conexión con su teoría. No hay teoría de la moralidad, sobre la subjetividad, sesgos, self-control, el papel de la neurociencia...no hay nada. Además de toda la incertidumbre alrededor de los footprints. Y la sección sobre los animales es totalmente conjetural, y sus argumetnos para decir que los animales no pueden construir realidad social me parecen muy limitados. Lo de que los perros sean más capaces de emoción que los chimpancés parece de risa.

El libro tiene una versión divulgativa que también cometí el error de comprar: Seven and a half lessons about the brain. Aplica lo mismo que al reseñado.

Por terminar con algo positivo: lo que he dicho antes no quiere decir que todo lo que cuente esta señora sea falso; hay algunas afirmaciones contrastadas, y también comentarios o apreciaciones sensatas. El problema es que todo lo trata de hilar con su teoría, sin éxito o necesidad.
 

 

jueves, 15 de enero de 2026

Una propuesta de reforma para el doctorado

 Bastante sensata, la verdad: más transversalidad, programas más aplicados, cooperación entre universidades...Afortunadamente, y aunque todavía nos queda mucho por hacer (sobre todo en transversalidad), los doctorados de Comillas ya siguen estas pautas. Lo curioso es que esta propuesta, que incluye eliminar los programas más desconectados de la sociedad, que a veces se identifican con los de humanidades o ciencias más puras, la plantea un profesor de Religión :)

miércoles, 14 de enero de 2026

¿Vuelve el modelo "Better Place"?

 Hace 2-3 años ya se empezaba a anunciar la posible vuelta del modelo de intercambio de baterías de coches eléctricos. Ahora creo que se empieza a confirmar con anuncios como el de CATL, o con el avance de NIO (que usa parece tecnología CATL). Veremos lo que pasa, pero en todo caso, me parece muy interesante que surja/resurja este nuevo modelo, que tiene ventajas evidentes: más rapidez de recarga, y más flexibilidad en la operación de la red, ya que la estación de cambio puede optimizar mejor que un usuario particular los momentos en los que carga las baterías...

martes, 13 de enero de 2026

Barnard, sobre la descarbonización del transporte marítimo

 Un buen resumen de la situación, en base a las recientes órdenes que están recibiendo los astilleros. Y que evidentemente premian la flexibilidad frente a la incertidumbre sobre los distintos desarrollos que no sean eléctricos. En todo caso, creo que esto no decide nada sobre el futuro: la evolución de costes, la presión por descarbonizar, la facilidad de suministro, u otras regulaciones evidentemente irán terminando de configurar el ganador o ganadores, alguno de los cuales quizá ni siquiera conozcamos aún.

lunes, 12 de enero de 2026

Seeing like a state, de Scott

Una de las reseñas que tenía pendientes desde el verano.

Este es uno de esos libros que se recomiendan siempre leer en las universidades americanas, y siempre había querido leer. Y la verdad es que, en general, vale la pena. Porque, a pesar de haberse escrito hace ya 28 años, el libro sigue siendo muy actual, en un contexto en el que el estado tiene un papel importante que jugar por ejemplo en temas como la transición energética, o como la IA, a la que aplica muy bien esta reflexión:

It is apparent that centralized high-modernist solutions can be the most efficient, equitable and satisfactory for many tasks...On the other hand, these methods seem singularly maladroit at such tasks as putting a good meal on the table or performing surgery

El libro puede interpretarse a primera vista como una advertencia contra un papel excesivo del estado, ilustrado con muchos errores que se han cometido mediante planificación estatal...pero realmente, como bien indica Scott, es un alegato contra la arrogancia, más que contra cualquier sistema político. Son 350 páginas contra el hubris, contra la uniformización, la simplificación (más que contra el estado o la planificación, aunque es cierto que estos instrumentso contribuyen a lo anterior). El libro termina con una oda al sentido común...ese menos común de los sentidos, y que no se puede dar por supuesto. Algo que él traduce como metis, o sabiduría tradicional. 

Es un libro que ayuda a los planificadores (como un servidor) a reconocer las limitaciones de una ingeniería, una arquitectura, una economía, no adaptadas a las condiciones locales, al carácter de sus habitantes. Y también a entender que, frente a la enorme incertidumbre que aparece en todo este tipo de procesos, hace falta ser flexible y humilde, y escuchar y entender las dinámicas de base.

La verdad es que basta leer la introducción para quedarse con el mensaje central. Una introducción muy amena e informativa, que ilustra muy bien los problemas creados por los planificadores arrogantes, que generalmente aparecen por una combinación de 4 factores: modelos excesivamente simplistas de la sociedad, sobreconfianza en la ciencia, un estado autoritario, y una sociedad civil disminuida. Y que pueden replicarse también en contextos de libre mercado (y deja muy claro que no comparte las visiones de Friedman o Hayek), con la única diferencia de que la simplificación debe ser rentable en estos casos.

Por otro lado, hay que reconocer que una cierta planificación es imprescindible: una ciudad debe planificar su crecimiento de forma que la vivienda crezca de forma coordinada con los accesos, la educación, la sanidad...pero eso no necesariamente implica cargarse todo lo anterior, o, sobre todo, hacerlo desde la arrogancia del tecnócrata/planificador. Frente a esto, sus recomendaciones para los planificadores son similares a las que planteaba Hirschman: ir paso a paso, evaluando por el camino; tratar de no tomar acciones irreversibles; y contar con las sorpresas y con la inventiva humana.

El libro también ofrece algunas perlas curiosas, como la obsesión de Lenin con la electrificación, también un tema muy actual :), aunque en el caso de Lenin como una herramienta de centralización (mientras que ahora el movimiento, curiosamente también desde las izquierdas, es más hacia la descentralización...

[Lenin] was famous for claiming that "Communism is Soviet Power plus the Electrification of the whole countryside". Electricity had, for him and for most other high modernists, a nearly mythical appeal....Lenin imagined, incorrectly, that it would replace the internal combustion engine in most farm operations.

Electrification was, for Lenin, the key to breaking the pattern of petit-burgeois landholding and hence the only way to extirpate "the roots of capitalism" in the countryside.

The nature of electricity suited Lenin's utopian, centralizing vision perfectly....The way electricity worked was very much the way that Lenin hoped the power of the socialist state would work.

También muy actual la cita de Tolstoi:

In quiet and untroubled times, it seems to every administrator that it is only by his efforts that the whole population under his rule is kept going....While the sea of history remains calm, the ruler-administrator in his frail bark, holding it with a boat hook to the ship of the people and himself moving, naturally imagines that his efforts move the ship he is holding on to. But as soon as a storm arises and the sea begins to heave and the ship to move, such a delusion is no longer possible...and suddenly the administrator, instead of appearing a ruler and a source of power, becomes an insignificant, useless, feeble man.

Dicho todo lo anterior, el libro tiene también algunas partes no tan válidas en mi opinión. El detalle con el que analiza las ciudades, o las políticas agrarias, a veces es excesivo y se hace cansino. Y quizá la mayor crítica que le hago es que, en general, sobrevalora lo tradicional: me gustaría saber cómo habríamos superado el COVID con sabiduría tradicional...¿igual que la peste negra? ¿Sería posible una ciudad de los 15 minutos, esa ciudad que se supone sería mucho más deseable, sin planificación, sólo dejando una evolución "natural"? Creo que, en este sentido, su ataque contra la ciencia y los científicos está fuera de lugar, o mal dirigido: el problema no es la ciencia en sí misma, sino la arrogancia con la que se utiliza en ocasiones, tratando de imponerla sin tener en cuenta sus limitaciones.

En todo caso, como digo un libro muy recomendable, aunque sólo sea la introducción (disponible en Google Books)


viernes, 9 de enero de 2026

El efecto de la desigualdad en la salud

 Un estudio publicado en Nature que se hará famoso, entiendo, pero cuyas conclusiones no termino de compartir:

This work challenges the idea that economic inequality is, on average, detrimental to population well-being and mental health. Inequality can shape these outcomes for better or worse, depending on an individual’s resources and the economic environment. The practical takeaway is that policies aimed solely at reducing economic inequality will have negligible implications for public health. We recommend that, when resources are limited, public policies would do better to prioritize alleviating poverty and material hardship to improve well-being and mental health.

 Si no lo entiendo yo mal, lo que dice el estudio es que, en media, efectivamente la desigualdad no produce impactos negativos en la salud. Pero eso no implica la siguiente frase del párrafo anterior: las políticas de desigualdad sí puede ser que produzcan impactos en la salud, lo que pasa es que dependerá mucho del contexto, un contexto que se lamina en un meta-análisis como este. Además, como indica el editor, sí que está claro que los vulnerables sí pueden verse afectados. Por lo tanto, yo creo que sí puede mantenerse la afirmación inicial (que es lo que quieren cuestionar los autores), lo que no puede es generalizarse.

Lo que sí confirma el estudio es el sesgo de publicación, algo tampoco sorprendente.

jueves, 8 de enero de 2026

¿Dónde vamos con una política energética e industrial basada en ayudas?

 Ayer ya apuntaba un tema que me preocupaba, así que he decidido desarrollarlo un poco más.

En estos días se ha publicado un artículo que confirma alguna de las sensaciones que me lleva generando la ruta que se está adoptando en muchos países, y en particular en el nuestro, para tratar de impulsar la descarbonización industrial: una ruta basada en ayudas a la inversión, y especialmente aquí en España, subvenciones directas a la inversión sin demasiadas contrapartidas.

Sí, por supuesto entiendo la economía política del tema: los que reciben las ayudas están encantados, y los votantes no ven tan claramente la parte negativa del asunto (entre otras, que esto viene de sus impuestos - no sólo de los ricos -, y que en general el coste para los ciudadanos siempre es mayor vía subvenciones o estándares que vía impuestos). Y un político parece que siempre se pone la medalla si riega de millones un sector, sin que nos preguntemos de dónde sale la pasta, y quién se la lleva. Y además es más sencillo diseñar una bolsa de ayudas que un marco sólido que permita a los agentes jugar con buenas reglas.

También hay que entender, por supuesto, que los fallos en el mercado de la innovación justifican el apoyo público a las tecnologías que aún no son comerciales pero que pueden hacer falta para descarbonizar (como pasó con las renovables). O que en ocasiones, otras barreras (por ejemplo, la falta de acceso de las pequeñas empresas a la financiación) también pueden justificar ayudas para superar estas barreras iniciales.

Pero, como discuto en un artículo en el que valoro el PERTE de Descarbonización Industrial (y que se publicará pronto en Papeles de Economía Española, si todo va bien), esta estrategia tiene muchos problemas:

- el centrarse en el CAPEX en lugar del OPEX, como se hace habitualmente, puede distorsionar las decisiones entre tecnologías, o no ser suficiente para promocionar aquellas cuyo reto es el OPEX;
- como ya ha apuntado muchas veces la literatura, o conocemos de la experiencia con los coches eléctricos, la subvención genera "free-riding": muchos de los que las reciben ya iban a realizar la inversión de todas formas, con lo que en lugar de impulsar una actuación, la cosa se convierte en una mera transferencia de renta;
- las inversiones requieren un marco con incentivos suficientes para poder operarse bien, y para que exista la demanda que las alimente. Si esto no existe, las subvenciones pueden no lograr nada;
- y una muy importante, sobre todo si queremos desarrollar de verdad una economía alrededor de la cadena de valor de todas estas nuevas tecnologías descarbonizadas: unas ayudas como estas no estimulan la innovación que hace falta para ser competitivos a largo plazo, sino todo lo contrario.

En lugar de esto, yo al menos creo que sería mucho mejor dar dinero, sí, pero como una combinación de ayudas asociadas a cumplir compromisos (por ejemplo, contratos por diferencias de carbono que sólo se materializan si se venden permisos de emisión por descarbonizar, o compra pública verde que requiere entregar el producto descarbonizado, etc.), e incentivos para querer asumir dichos compromisos (un precio al CO2 efectivo que impida caer en la tentación del status-quo en lugar de meterse en líos - el precio del ETS no aplica a toda la industria de la misma manera). El caso del hidrógeno o del almacenamiento es aún más llamativo: se conceden subvenciones a la inversión sin previamente disponer el marco que haga aflorar la demanda, con lo que corremos el riesgo de encontrarnos o bien instalaciones que no funcionen por un coste de operación no competitivo (en el caso del hidrógeno) o almacenamientos que no operen de forma eficiente porque ya se han rentabilizado con las ayudas a la inversión, o que compiten de forma ineficiente con otras posibles alternativas (como la gestión de la demanda, por ejemplo). Y todo ello, por supuesto, debería estar acompañado de un marco de innovación que estimule las mejoras tecnológicas y la fijación de rentas que generan en nuestro país.

Y eso es un poco lo que nos dice el paper citado antes:

The key takeaway for political scientists is that generous early subsidies can ease the later introduction of carbon pricing by lowering the price needed to reach net zero and fostering cleantech industries that build political support for decarbonization. But the results also justify some concerns with green industrial policy. While carrots promote the supply and demand of cleantech, they do not do enough to discourage fossil fuel use and are unlikely to meaningfully erode the strength of the fossil fuel coalition. Cleantech uptake also varies by sector: subsidies lead to greater penetration of electric vehicles than carbon pricing, though less so for solar and wind, which are increasingly competitive with electricity generated from fossil fuels.
¿Cambiará alguna vez la situación? ¿Haremos las reformas necesarias en nuestro marco de ayudas? ¿O nos seguiremos gastando como podamos los fondos europeos, usando todas las estratagemas necesarias para extenderlos todo lo posible, sin que realmente consigamos que generen los beneficios que necesitamos en términos de innovación o descarbonización? Y eso por no hablar de cuando se nos acaben esos fondos...

miércoles, 7 de enero de 2026

Podcasts sobre educación e innovación

 Steve Levitt se despide su podcast con una entrevista bastante personal con Dubner, pero con una parte verdaderamente interesante, en la que habla de su enfoque sobre educación, centrado absolutamente en la motivación del estudiante. Me ha gustado especialmente esa parte en la que habla de "just-in-time learning" vs "just-in-case learning". Hace ya muchos años, cuando estuve hablando con profesores de EEUU sobre las diferencias entre los estudiantes estadounidenses y los españoles, me hablaban justo de esto: los ingenieros españoles aprendemos muchas cosas de mates abstractas por si acaso, o para "formarnos el carácter" (sic). Los de allá, en cambio, tenían la motivación para aprender cuando lo necesitaban. 

Quizá por eso los de allá tienen más espíritu emprendedor, y más capacidad de innovación, algo de lo que hablan también Laurent Ségalen y Alex Wolfe, y que a su vez me hace pensar en que cómo vamos a desarrollar una economía innovadora aquí con una regulación casi totalmente basada en subvenciones y ayudas...(que además no necesariamente nos ayudará a descarbonizar)


lunes, 5 de enero de 2026

Las universidades suizas, en guerra con Nature

 La verdad es que es divertido ver cómo es precisamente uno de los países más ricos el que tiene que levantarse en contra de las editoriales científicas. Pero es que la cosa ya llevaba mucho tiempo clamando al cielo: como he dicho ya muchas veces aquí, un modelo basado en el trabajo gratuito de revisores, y en las suscripciones estratosféricas, no puede más que dejar mucho dinero, pero no necesariamente calidad.

Y el movimiento Open Access no ha hecho más que aumentar los problemas. Un movimiento, por cierto, muchas veces estimulado inconscientemente por universidades o instituciones como el Gobierno español o la Comisión Europea, cuando permiten usar fondos para pagar por artículos Open Access, sin recordar que basta poner el preprint en un repositorio público para dar acceso al trabajo en cuestión. 

Ojalá que el movimiento iniciado por los suizos logre comenzar a cambiar las cosas. Por ahora, me conformaría con que dejáramos de financiar el chiringuito del Open Access...

Feliz noche de Reyes! 

viernes, 2 de enero de 2026

Un par de podcasts y un reto: energía y clima en la India; IA; y cómo salir de la dinámica de la escasez

¡Feliz año 2026! 

 Para este viernes semifestivo, un par de podcasts interesantes:

- La entrevista de Hannah Ritchie con Rahul Tongia: aparte de ponernos al día de la situación energético-climática en India, presenta con mucho realismo y sentido común la perspectiva del subcontinente ante los compromisos climáticos. Para los que no estamos en el día a día de las negociaciones internacionales, muy útil.

-  Y la conversación de Tyler Cowen con Alison Gopnik: el comienzo es interesante, pero cuando me gusta más es cuando Gopnik planta cara a Cowen acerca de la inteligencia artificial, un tema en el que Cowen siempre me ha parecido excesivamente crédulo...

Y, aunque no parezca de inicio demasiado optimista, el reto que nos plantea Jorge Galindo para salir de las dinámicas populistas, tampoco un mal objetivo para este año y para los que vienen. Una fuente de inspiración puede ser el nuevo libro de Dani Rodrik.