Como decía en verano, este libro ha conseguido enfadarme muchas veces, porque me enfadan los libros en los que el autor (autora, en este caso) cree que ha descubierto América, usa argumentos falsos, plantea teorías aún por demostrar como si fueran la verdad revelada...El libro tiene cosas interesantes, sí, pero la verdad es que me ha costado.
La premisa básica del libro es una historia que puede ser graciosa para una charla TED, pero no para montar toda una teoría sobre ella: la autora creía que se había enamorado de un tipo en un café, cuando realmente lo que tenía era una gripe. Y a partir de ahí se monta toda una historia según la cual las emociones son constructos sociales, historias que se monta el cerebro a partir de unas sensaciones corporales (como las que le generaba la gripe), mediadas por el lenguaje y la cultura. Entiendo que esta teoría tan posmoderna haya encandilado a mucha gente de Silicon Valley, pero la verdad es que a mí me cuesta mucho tragármela. En parte porque muchos de sus argumentos son totalmente anecdóticos o conjeturales (como ella misma reconoce en la p.102)
Por supuesto, hay cosas válidas en lo que cuenta: cómo nuestras sensaciones deben ser interpretadas por el cerebro, que busca darles sentido. Y que esta búsqueda de sentido viene mediada por los patrones que tenemos en el cerebro. También parece sensata la idea de que no es posible objetivar totalmente las emociones, establecer patrones universales para reconocerlas. Donde se desvía de la teoría clásica es que ella considera que las emociones no son universales, que no están pre-programadas, sino que se construyen por medio del lenguaje (por ejemplo, si no hay palabra para definirla, ella dice que esa emoción no existe) y del acuerdo social. Esto ni siquiera es original, Goscinny y Uderzo ya planteaban esa idea en Astérix y los vikingos :)
A mí esto me cuesta hacerlo compatible con la realidad que percibo. Mi evidencia anecdótica (igual de válida que la suya, entiendo) es que sí hay bastante uniformidad en algunas emociones: miedo, pena, alegría...Ella usa algunos trucos para tratar de convencernos de que no, que podemos confundirnos totalmente al tratar de reconocerlas...pero sólo si no tenemos en cuenta el contexto. Y claro que hace falta un concepto para poder comunicar la emoción. Pero, ¿hace falta el concepto para poder sentirse triste por la pérdida de un ser querido? Si no eres japonés, ¿no puedes experimentar desazón tras cortarte el pelo?¿O para correr cuando ves un león persiguiéndote? De hecho, otro de los problemas es que viene a decir que esto sólo nos pasa a los humanos. Pero tampoco parece muy compatible con una elefanta velando a su cría muerta...
Ella compara las emociones con, por ejemplo, los nombres que ponemos a los colores. Que efectivamente son convenciones sociales. El rojo es sólo un nombre que le damos a ese patrón que reconocemos. Pero eso no cambia la realidad subyacente: luz reflejada. Lo mismo con las emociones. El poder ponerles un nombre no hace, en mi opinión, que pasen a existir. Más aún si el lenguaje puede no ser sinónimo de la asignación de sentido...Las emociones no son comparables en mi opinión, como trata de defender ella, con otros constructos puramente sociales como el dinero o el sistema de gobierno.
La segunda parte de su teoría es que todo viene determinado por el "body budget", la gestión metabólica que hace el cerebro y que es la que condiciona todo lo demás: según ella, todas las emociones están causadas por estas cuestiones (como su gripe). No hay racionalidad que valga, ni por supuesto comportamiento racional más allá de lo necesario para gestionar correctamente el metabolismo. De nuevo, me cuesta hacer compatible este comportamiento inmediato basado en el balance energético con la capacidad del ser humano de planificar a futuro (lo que realmente nos hace humanos, según muchos, aunque tampoco está claro si somos únicos en esto).
A partir de ahí, la sección de Emotion and Law es una basura total. No porque no tenga cierta razón, sino por la inexistente conexión con su teoría. No hay teoría de la moralidad, sobre la subjetividad, sesgos, self-control, el papel de la neurociencia...no hay nada. Además de toda la incertidumbre alrededor de los footprints. Y la sección sobre los animales es totalmente conjetural, y sus argumetnos para decir que los animales no pueden construir realidad social me parecen muy limitados. Lo de que los perros sean más capaces de emoción que los chimpancés parece de risa.
El libro tiene una versión divulgativa que también cometí el error de comprar: Seven and a half lessons about the brain. Aplica lo mismo que al reseñado.
Por terminar con algo positivo: lo que he dicho antes no quiere decir que todo lo que cuente esta señora sea falso; hay algunas afirmaciones contrastadas, y también comentarios o apreciaciones sensatas. El problema es que todo lo trata de hilar con su teoría, sin éxito o necesidad.
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