En estos días en que andamos muchos dándole vueltas a las medidas de emergencia aprobadas, unos para tratar de salvar la cara del Gobierno a pesar de todos los pesares, y otros para desesperarnos porque parece que no hemos aprendido nada desde la última vez, no viene mal recordar que, para poder hacer bien las cosas, conviene levantar la vista de la energía y mirar a las pensiones.
Y es que esa decisión de comprometerse a subir las pensiones automáticamente con la inflación está claramente detrás de los problemas que tenemos a la hora de diseñar medidas de emergencia ante una crisis energética. Ante una situación de altos precios creados por la escasez de oferta, el bonificar estos precios o reducir su fiscalidad parece la peor medida posible: regresiva, desincentivadora del ahorro necesario (es triste ver los mensajes contradictorios de que tenemos que ahorrar y a la vez de que nos van a bajar los precios), fácil de capturar por los operadores como ya pasó con los 20 céntimos, subvencionadora de otros países (los portugueses que vienen a echar combustible a España, o los turistas, o peor aún, los productores y operadores de petróleo, incluida Rusia)...y eso por no hablar del desequilibrio fiscal.
Claramente habría mejores opciones: una transferencia a tanto alzado a cada familia por ejemplo compensaría los mayores costes del combustible, o indirectamente, de los alimentos (afectados no sólo por el coste de transportarlos sino por el aumento de costes de los fertilizantes), y se podría diseñar para no ser regresiva sino todo lo contrario. Otra opción sería usar las medidas actuales, pero sólo para los hogares y empresas verdaderamente vulnerables, para así limitar al máximo sus efectos negativos (como parece que están planteando los británicos), o dirigir las ayudas a la inversión y no al gasto, como plantean los franceses.
¿Cuál es el problema, al menos en España? Pues que esa transferencia no reduce la inflación, sino todo lo contrario. Y en un país donde las pensiones están indexadas a la inflación, y donde el gasto en pensiones es más o menos un 30% del gasto público, dejar que crezca la inflación es una bomba nuclear. Incluso medidas que solo reducen los precios de forma focalizada (como
las opciones de estabilidad ya propuestas en la anterior crisis por
Carlos Batlle) siguen sin resolver el problema de la inflación general, y
por tanto sin desactivar la bomba.
Así que, realmente, la mejor medida de emergencia sería desacoplar las pensiones de la inflación (y eso sin entrar en comparaciones con salarios que no se actualizan automáticamente, o en las cuestiones distributivas asociadas). Eso permitiría aplicar las medidas más apropiadas, justas y eficientes contra la crisis energética, la actual y las que vendrán después. Mientras no hagamos esto, y como bien subraya Jorge Galindo en la entrada que enlazaba antes, seguiremos discutiendo sobre cuál es la medida menos mala sin arreglar lo esencial.
Buena Semana Santa!
- Lo primero que me preguntaba el periodista es cuánto realmente paga el consumidor más allá de lo que dice el mercado diario. Eso como sabéis se puede mirar, al menos para el PVPC, en ESios. Ahí podemos ver cómo, para un precio del mercado mayorista extremadamente bajo como el que tenemos estos días, el precio que pagaría un consumidor regulado estaría entre 90 y 265 €/MWh para la semana pasada. A eso hay que sumar el término de potencia, impuesto de electricidad y otros cargos, que, según la CNMC y su comparador, suman un 60% más al coste de la factura. Mirando el coste medio de la electricidad del comparador de la CNMC me salen 250 €/MWh.
- También es interesante analizar cómo de frecuentes son esos precios del mercado diario tan bajos. El año 2026 no es demasiado representativo, por las altas precipitaciones del comienzo, y las temperaturas suaves que tenemos ahora (esto sí lo cuentan bien en el artículo del FT, más allá como digo de su titular). Si miramos un año completo (2025), vemos que el número de horas en las que estuvimos por debajo de los 14 €/MWh fue un 44%. El precio medio (sin ponderar) fue de 65 €/Mwh.
- Y luego, a la hora de comparar los precios de la electricidad para los consumidores, le he recomendado que mire en Eurostat, tanto para Hogares como para Industria y Servicios.
- Por último, tampoco viene mal recordar que, en términos de protección frente a la subida de los fósiles, como ya recordaba en mi artículo de The Conversation, no estamos significativamente mejor que otros en Europa: Europa depende en un 73 % de los combustibles fósiles (un 90-95 % importado) para su suministro energético. En España, y a pesar de los avances recientes en renovables, el consumo final de energía sigue siendo en un 70 % fósil (importado al 100 %), con el transporte alimentado casi por completo por el petróleo. En este sentido, sería interesante hacer el cálculo, pero no me sorprendería que una introducción de vehículos eléctricos como por ejemplo la que planteaba el PNIEC de 2019 nos aislara mejor, al reducir nuestra dependencia del petróleo (como hace China). De hecho, si todas las medidas de ese PNIEC hubieran estado implantadas estaríamos en mucha mejor situación. De ahí la importancia de no perder comba en la transición.
No me despido sin recomendaros que, en cuanto a posibles medidas de apoyo, leáis lo que plantea Javi Revuelta, que me parece en general muy sensato. También podéis por supuesto volver a consultar las recomendaciones que hicimos desde el IIT en la última crisis.