Se presentó hace unas semanas el Plan Social para el Clima, algo necesario para amortiguar el efecto de la próxima entrada en vigor del ETS2 (si es que se aprueba en el Parlamento, claro, algo además necesario para que se active el Plan Social). No es mal momento, dado que la crisis que estamos sufriendo (y que todavía podemos seguir sufriendo durante un tiempo que puede ser largo) está generando unos impactos mayores que los que esperamos del ETS2.
Ahora al fin he podido echarle un vistazo, y aquí van mis comentarios sobre las distintas medidas propuestas:
En la parte de vivienda, me parece muy buena idea el facilitar la información y la capacidad de actuación de los vulnerables mediante la Red Actúa. También la rehabilitación exprés. Una pena que sean las medidas con menos presupuesto....porque las que se llevan más dinero no me gustan tanto.
Rehabilitación integral: muy bien si queremos crear empleo en la construcción, o si queremos solucionar problemas más amplios de accesibilidad, pero siempre hemos sabido que la rehabilitación integral es bastante más cara que la rehabilitación parcial, y bastante menos eficiente en términos de reducción de consumo de energía y de coste económico. Si el objetivo es optimizar el uso de los recursos públicos disponibles para reducir la exposición de los hogares vulnerables, hubiera sido mejor un programa focalizado en el cambio de calderas y quizá de ventanas, o directamente rehabilitación exprés.
Promoción de vivienda social: Entiendo que el objetivo es más bien asegurar que la vivienda social cumple con unos buenos requisitos de eficiencia energética...¿No tendría más sentido reformar el código técnico de la edificación?
Comunidades energéticas: lo de siempre, las comunidades energéticas en sí mismas no necesariamente proporcionan ni energía más asequible ni más eficiencia energética. Por supuesto pueden empoderar más a los consumidores, y si hay subsidios cruzados, sí pueden producir un beneficio. Pero de ahí a pensar que puedan ser un pilar para proteger a los vulnerables...
En cuanto a la movilidad rural, me parece buena idea la financiación del transporte a demanda, movilidad compartida o soluciones innovadoras que permitan solucionar la falta de acceso de este tipo de entornos al transporte público. Habrá que ver hasta donde pueden llegar, no vendría mal aprovechar para hacer pilotos bien diseñados que permitan evaluar su funcionamiento de cara al futuro.
Pero en cambio, la financiación del transporte público, que es lo que se lleva una parte significativa del presupuesto, no me parece una buena medida ni mucho menos: el problema del transporte público, como hemos visto muchas veces, no es de coste monetario, es de coste de tiempo. Y eso no se soluciona haciéndolo más barato (algo que puede de hecho generar un rebote significativo). En ese sentido, el Abono Único sí puede contribuir a hacer algo más cómodo el transporte público...aunque la evidencia tampoco es clara; y además habría que extenderlo al ámbito local.
La movilidad activa es otro de estos temas que siempre aparecen, pero que no está nada claro cómo de aplicable o útil puede ser para los hogares vulnerables. Además de que, como también he dicho algunas veces, esto no quita cuota al vehículo privado, sino al transporte público.
Mejorar la intermodalidad, o en general cualquier actuación que mejore la calidad del transporte público en términos de tiempo o comodidad (como el Abono único que señalaba antes) sí puede contribuir a lograr el cambio modal necesario. Favorecer la movilidad compartida también claramente puede contribuir a reducir el impacto de una subida de precios de los carburantes en los usuarios (no sólo los vulnerables). Otra cosa es si funcionarán o no estas medidas: en general, la movilidad compartida se incentiva haciendo más cara la individual, y no tanto facilitando la compartida...pero habrá que verlo. De nuevo, no vendría mal montar programas de evaluación independiente de estas medidas, para aprender a la vez que las desplegamos.
Y por último, electrificar el transporte por carretera también puede contribuir, desde luego, a reducir el impacto del ETS2. Focalizar las ayudas en las microempresas y autónomos es por supuesto muy deseable. Pero habría que preguntarse si el mejor uso del gasto público es la subvención a la inversión, o si, en el caso de empresas, sería más conveniente facilitar su financiación a tipos de interés muy bajos, como proponía Oikos hace tiempo, algo que puede lograr tasas de renovación parecidas a un coste muy inferior (o mejor, mucha más tasa de renovación al mismo coste)
En resumen, parece que muchas de las medidas se focalizan en los vulnerables; eso está bien y además es lo que indica el Fondo Social. Pero no hubiera estado de más aprovechar también para introducir medidas para fomentar el ahorro energético, como las que se proponían en el Libro Blanco de Reforma Fiscal, acompañándolas de compensaciones para los vulnerables. Por si vienen bien ideas, aquí van dos papers recientes de Economics for Energy, ya de despedida (cerramos este verano).
Un último comentario: dado que transporte y vivienda son en general ámbitos en los que el Estado tiene unas competencias muy limitadas, mucho de lo planteado depende de la coordinación efectiva con las Comunidades Autónomas, Diputaciones y entes locales. Ojalá se logre esto, porque si no...
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