viernes, 31 de marzo de 2017

Dice D. Antonio que hay que desconectar

Y yo, como buen discípulo suyo, pienso hacerle caso. Pero eso sí, tal y como dice: No necesariamente dejando de trabajar en fin de semana o en vacaciones. Porque a mí, como a él, me gusta trabajar en fin de semana, igual que me gusta(ría) irme a dar un paseo después de comer, o por la mañana, uno de estos días laborables tan estupendos que está haciendo en Madrid. Y de hecho lo hacía de vez en cuando, para desconectar de verdad, cuando todavía controlaba mi agenda (algo que desgraciadamente no pasa desde hace 4 años y medio). Será que, como a Tyler Cowen, a mí me relaja y me divierte trabajar en algo que me gusta (muy recomendable el podcast completo). Eso sí, este estilo de trabajo y desconexión vale cuando es una decisión personal del empleado (favorecida por supuesto por el empleador), no cuando se convierte en una forma encubierta de exprimir a los empleados, como parece que está pasando en algunas startups con la excusa del buen rollo.

Así que os deseo un buen finde, trabajando o descansando, o haciendo las dos cosas a la vez, pero voluntariamente.

Costes y beneficios de los estándares para vehículos

En este caso, de los estándares para emisiones de vehículos en USA (el famoso CAFE). Por un lado Max Aufhammer habla de ventajas e inconvenientes, y concluye que aunque lo mejor sería un impuesto, prefiere un mal estándar (el CAFE) a nada. Yo incluso diría que lo de que el impuesto sea mejor no está tan claro, por problemas de racionalidad acotada: el efecto de un impuesto socialmente óptimo sobre el CO2, traducido a precio de la gasolina, es casi invisible, y por tanto puede ser que inefectivo. Habría que pensar en otro tipo de señal más visible.

Y por otra parte, Steve Cicala compara el CAFE americano con el sistema japonés, que ha dado lugar parece a un peso muerto enorme (y no sólo en términos económicos) por el incentivo de los fabricantes a buscar los recovecos de la regulación.

jueves, 30 de marzo de 2017

La ley de Moore, para el carbono

Esto es lo que proponen Rockstrom et al en Science, en un artículo que se está haciendo viral. Básicamente dicen que si hay que hay que lograr los objetivos de descarbonización, y dado lo complicado que es esto de la política, lo mejor es buscar un objetivo sencillito (de entender, claro): reducir las emisiones de CO2 a la mitad en cada década.

Y luego dan pistas de cómo hacerlo. Interesante cómo llaman a las que hacer entre 2017 y 2020: no-brainers (vamos, las de cajón): eficiencia energética, abandono del carbón, prohibición a largo plazo de los vehículos de combustión...

En cambio, para 2020-2030 lo llaman "esfuerzo hercúleo". Ahí es donde nos la jugamos, según ellos. Y a partir de ahí ya la tecnología y el cambio de paradigma nos llevarían hacia un 2050 totalmente descarbonizado.

miércoles, 29 de marzo de 2017

¿Razones para el optimismo en la transición energética?

Varias noticias que invitan al optimismo (moderado, y al menos durante unos días) en este asunto:

- Las inversiones de carbón parecen estancarse algo, aunque no creo que debamos ser optimistas todavía, como bien nos avisan. Sobre todo en el caso de la India, todavía no hay razones de peso que vayan a mover al gobierno a dejar el carbón.
- El pico de demanda del petróleo parece estar cerca, 2026, según nos cuenta Perry Sioshanshi. La parte de reducción de la movilidad me parece algo más difícil de creer, pero también podría suceder, por supuesto...llevamos mucho tiempo hablando no sólo de viajes virtuales, sino también de teletrabajo, de fabricación distribuida, de reuniones virtuales...y nos dicen que esto va a suceder sin una inflexión tecnológica...
- Desde Stanford nos proponen formas asequibles de abaratar aún más la solar fotovoltaica, promoviendo la colaboración internacional.
- Y por último, un añadido, el análisis de David Hone sobre la evolución de las emisiones de CO2 globales.

martes, 28 de marzo de 2017

Política vs tecnocracia

En estos tiempos que vivimos hay un rechazo absoluto de la tecnocracia. Los movimientos populistas nos piden rechazar a los tecnócratas, y en cambio que los ciudadanos nos involucremos en las decisiones cotidianas. Hay partes que me parecen correctas: está bien que los ciudadanos nos involucremos en la Política (con mayúsculas), que nos mojemos, que la sociedad civil tenga cada vez más fuerza.

Pero por otro lado, no sé si por mi orientación académica, a mí el rechazo me lo genera la idea de querer prescindir de la tecnocracia. No hay más que ver cómo alguno de los nuevos gobiernos populistas están gestionando: con los pies, dejándose llevar por las ideologías. Las ideologías están muy bien para hacer política. Pero es que la política no tiene por qué bajar hasta la gestión detallada de los asuntos. La política debe dar las orientaciones, pero luego son los tecnócratas (en sentido positivo), los que conocen bien el tema y todas sus implicaciones, los que tienen que proponer las soluciones concretas. Por eso me gusta tanto lo que ha escrito Tim Harford.

En materia energética, esto es lo que llevamos repitiendo mucho tiempo: los ciudadanos debemos decir qué criterios nos parecen más importantes, conociendo bien los trade-offs. Pero las propuestas y los análisis, e incluso la ejecución y vigilancia, deben hacerlos los expertos, para evitar que la conversación se llene de verdades alternativas. Ahí por ejemplo es donde el papel de un regulador independiente es fundamental.

lunes, 27 de marzo de 2017

Ideas para la gestión de organizaciones

Esto de llevar una temporada larga metido en asuntos de administración de la universidad hace que cada vez sea más receptivo (también en términos de blog) a cuestiones de gestión de personal, que, tal como lo entiendo yo, es el reto fundamental de cualquier universidad: ¿cómo conseguir que los profesores, investigadores, y personal de apoyo estén motivados, a poder ser intrínsecamente, contentos, y en consecuencia sean productivos?

Entiendo que, como en cualquier organización, no hay una respuesta única, y que distintos gestores usan distintos métodos con niveles variables de éxito. Y además creo que los métodos que nos parecen mejores también dependen de nuestro carácter. Aquí yo no soy muy representativo, porque no me considero un gestor, o al menos no disfruto con ello, pero el caso es que estas dos entradas me han resonado bastante, no porque digan nada nuevo, sino porque lo dicen clarito y en un momento en el que quizá esté yo más sensible :).

Una de GurusBlog que insiste en que los verdaderos líderes son los que se rodean de gente mejor que ellos. En cambio, los mediocres no quieren que nadie les haga sombra, a costa, por supuesto, de que la organización no avance, de que se generen relaciones tóxicas entre los empleados, y de que nadie se forme para ser el siguiente líder. Claro, si no tienen gente fiable a su cargo, tampoco delegan, porque no se fían.

Este último problema tampoco es exclusivo de los mediocres. Incluso líderes que se rodean de gente valiosa caen en este error, no fiarse de ellos. Ahí la cita de Jobs es demoledora:
“No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan qué tenemos que hacer".
Y esta de la HBS también me ha llamado la atención. Porque, ¿quién de vosotros no conoce a gente que trabaja como si esto fuera una carrera de codazos, donde lo importante es ser el primero, ganar, pase lo que pase? Parte de la culpa la tienen ellos, por supuesto, por su naturaleza poco dada a colaborar con los demás, poco dada a preocuparse por que las cosas se hagan, independientemente de quién se apunte el tanto. Pero parte de la culpa también la tienen las organizaciones que ponen a sus empleados (o a sus unidades) a competir, porque esto a veces lleva a comportamientos no deseados. La clave es crear un ambiente propicio para una competición sana, que necesite la colaboración y la creatividad, que genere entusiasmo y no ansiedad en los empleados. Aquí, por ejemplo, la idea de que los incentivos se comparten entre todos me parece estupenda, porque genera unidad de acción (por supuesto, siempre que a la vez se cuide que no haya jetas).

Finalmente, no puedo evitar citar a Godin, cuando nos recuerda que, en todo caso, lo importante en todo esto es no tomarse nada por el lado personal.

viernes, 24 de marzo de 2017

Lo que haría Malcom Gladwell con Harvard

Y con muchas más cosas....por eso en lugar de colgarlo un día normal a las 8, os lo pongo el viernes por la tarde, para que podáis disfrutar de esta conversación entre Tyler Cowen y Malcolm Gladwell. Como no podía ser de otra manera con estas dos mentes absolutamente brillantes, la conversación no tiene desperdicio, un placer para el fin de semana.

Por si alguien tiene curiosidad y no aguanta a escucharlo: lo que haría con Harvard, y con muchos otros, es gastarse el endowment hasta el último céntimo. Desde luego, como bien mencionan, esto da para una entrada en sí misma. Porque, efectivamente, si uno en lugar de mantener un endowment se lo gasta logrará un impacto mucho mayor, pero en un período de tiempo mucho menor. Otro de esos casos en los que Hotelling seguro que tendría algo que decirnos...