Ha sometido a consulta pública la revisión de las ayudas de estado, y ha publicado un plan de acción para acero y metales.
Las medidas que recoge el plan son sensatas: Tratar de reducir los costes de la energía (por ejemplo via PPAs), aumentar la circularidad (esto es más fácil de decir que de hacer), promover la compra verde, y financiar las nuevas inversiones. Incluso reconocen explícitamente que el CBAM actual tiene bastantes agujeros (a lo mejor deberían dejarse de historias y volver al climate contribution).
Lo malo es que varias de las medidas, como bajar los costes de la energía reduciendo los impuestos, o financiar las nuevas inversiones, suponen bastante pasta. Pasta que, si no pone la Comisión, pondrán los Estados Miembros en función de su disponibilidad presupuestaria. Y ahí es donde aparece la para mí mayor amenaza de todo este Clean Industrial Deal: la posibilidad de que los países ricos financien su transición, y los pobres nos quedemos a verlas venir (y no, vender renovables o hidrógeno no generará tanto empleo como la industria).
Y la propuesta de reforma de las ayudas de estado no contribuye a arreglar esto. Sí, las ayudas deben incentivar la transición, eso es bueno. Y por supuesto no se permite jugar con las ayudas para atraer industria de otros estados miembros. Pero lo que no se deja nada claro es qué pasará si, por ejemplo, Alemania empieza a producir acero descarbonizado de forma competitiva gracias a las ayudas, y con ello empieza a ganar cuota en otros estados miembros (por ejemplo en la compra pública verde). ¿Eso no es una alteración del terreno de juego?
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