Es la primera vez que hago esto (bueno, hace ya mucho tiempo hice algo parecido, más puntual), pero me ha parecido una buena idea, ahora que me dedico a publicar reseñas de lo que leo, a resumirlas en esta última (o penúltima) entrada del año.
Libros de no-ficción he leído bastante este año, y muchos muy buenos. Pero si tuviera que seleccionar cinco, me quedaría con:
- Lightman, Searching for stars in an island in Maine
- Banerjee y Duflo, Poor Economics (y no lo elijo por el Nobel :))
- Godfrey-Smith, Other Minds
- Rosling, Factfulness
- Thaler, Misbehaving (propiamente lo leí en 2018, pero como entonces no hice esta lista...añado otro más de 2018 que también me parece espectacular: Economic rules, de Rodrik).
Y aunque no reseño los libros de ficción que leo, no puedo dejar de recomendaros algunos estupendos que he leído últimamente:
- American Gods, de Neil Gaiman. También de Gaiman y Pratchett, Good Omens. Con el punto justo de fantasía y mucho humor los dos (más todavía el segundo, claro...).
- Exhalation, de Ted Chiang. Una colección de historias que hacen pensar sobre muchos de los grandes temas: la conciencia, la libre voluntad, el destino....Algunas fantásticas y otras simplemente buenas, pero todas valen la pena. A complementar también con su anterior Stories of your life and others, que contiene Story of your life, en el que está basada la peli Arrival, y que es buenísima también.
- El segundo volumen de The Book of Dust, de Philip Pullman. Este tipo es muy bueno contando historias.
- A supposedly fun thing I'll never do again, de David Foster Wallace. El ensayo que da nombre al título es tronchante. El resto se me hacen más pesados, la verdad
Y como no si mañana publicaré algo o no, por si acaso os deseo a todos una muy Feliz Navidad, y buena entrada de 2020.
lunes, 23 de diciembre de 2019
viernes, 20 de diciembre de 2019
Tras la COP25: Y ahora, ¿qué hacemos?
Aviso: en esta entrada no voy a entrar en detalles de lo logrado o no en la COP, Miguel por ejemplo ofrecía un buen resumen en el blog de Economics. Yo quiero ir un poco más allá del éxito o fracaso de la COP25, porque creo que hay vida, y mucha más de lo que pensamos, más allá de las COPs.
Y es que, un año más, las cumbres del clima nos muestran muy bien el conflicto entre las tres fuerzas que juegan en todo este proceso: las demandas de los científicos y de (parte) de la sociedad; las inercias e intereses distintos, a veces de una parte mayor de la sociedad, que hacen tan difícil avanzar; y el arte de tratar de formular declaraciones políticas que intenten reconciliar todo esto, que no es nada fácil.
Por un lado, las demandas de los científicos y de los activistas deberían llevarnos a tener más ambición en la reducción de las emisiones, y a compromisos más firmes por parte de los países. Pero los intereses de los distintos países o empresas, por supuesto no alineados entre sí, hacen que sea muy difícil responder a esta ambición. En parte, porque, aunque muchas veces nos empeñemos en no reconocerlo, el actuar contra el cambio climático tiene costes a corto plazo, mayores cuanto mayor sea la ambición. Sí, por supuesto: el no actuar también tiene costes, y mayores. Pero esto no es fácil de entender por una parte importante de la sociedad, seguramente porque tenga otras preocupaciones más urgentes y visibles encima de la mesa, y menos aún si la percepción es que estos costes los pagan los de siempre. Y claro, si es esta misma parte -- mayoritaria en ocasiones -- de la sociedad la que elige a los políticos en los sistemas democráticos, no es sorprendente que muchos de estos políticos no estén particularmente interesados en firmar acuerdos que supongan costes fácilmente percibidos por sus electores.
Este es, en mi opinión, el escollo fundamental al que se enfrenta el proceso internacional en materia climática: no la brecha entre políticos y la sociedad, que yo creo que no es tal, sino la brecha entre una parte, relativamente pequeña, de la sociedad que, apoyada en parte en los científicos (y otras veces en otras agendas ocultas o no), exige cambios urgentes; y otra que no ve aún la urgencia, sobre todo cuando se trata de rascarse el bolsillo o de perder confort o viajar menos. El hecho de que por ejemplo en las últimas elecciones españolas nadie hablara de cambio climático es muy representativo de esta situación, en mi opinión. Coincido pues con David Victor cuando dice que no se trata de mostrar liderazgo, sino de conseguir seguidores.
Se trata de conseguir que la mayor parte de la sociedad vea los beneficios de la actuación contra el cambio climático, de forma tangible y cercana, y que traslade esta prioridad a la elección de los políticos. A veces eso se podrá conseguir gracias a los co-beneficios en términos de salud o de reducción de la factura, pero esto, recordemos, ni es inmediato, ni es tampoco fácilmente perceptible por los ciudadanos. Hace falta bastante más esfuerzo de concienciación, y sobre todo, dar ejemplos concretos de cómo mejorar la vida de los ciudadanos, o de como avanzar sin estropeársela demasiado. A este respecto, me parece fundamental el análisis que está haciendo gente como Paco Heras, de la OECC, que en una fantástica charla que impartió ayer en Comillas nos mostró cómo la sociedad parece estar hipersensibilizada acerca de la importancia del cambio climático, y favorable a emprender medidas....siempre que no le cuesten mucho, y siempre que se las expliquen bien. Otra idea interesante es la que formula Mike Schur en este podcast con Ezra Klein: la gente no quiere apoyar políticas que reconozcan que lo hemos hecho mal personalmente hasta ahora.
En este sentido, el "wishful thinking" que vemos en algunos políticos no creo que ayude mucho, porque, aunque seguro que consigue apoyos porque quieren transmitir el mensaje de que todos lo hemos hecho bien y que la culpa es de otros, lo único que hará será aumentar la frustración cuando ese escenario de color de rosa tarde más de lo previsto en materializarse, o no se materialice por falta de medidas para que suceda.
Esto también se puede trasladar al contexto internacional: hay países, generalmente acomodados, que tratan de avanzar en la reducción de emisiones, y otros que, en parte con razón, dicen que para poder hacer eso necesitan apoyo económico, tanto para reducir sus emisiones como para adaptarse, porque ellos no han sido los culpables del problema. Por supuesto que hay alguno en el lado equivocado, como el gobierno estadounidense, o últimamente el brasileño...Pero, mientras no reconozcamos el problema fundamental, que es de distribución de recursos, y de actuaciones sin costes excesivos, y no pongamos los medios para solucionarlo (básicamente, apoyo y dinero) creo que el multilateralismo se quedará sólo para las declaraciones de flores y pájaros (el "creative PR" que decía Greta Thunberg), que valen para muy poco, como bien nos recuerda Nat Keohane, y naufragará en cuanto tenga que meterse con los detalles no tan bonitos, porque lograr el acuerdo de todos es muy complicado.
Ahora bien, creo que no hay que dejarse llevar por el pesimismo. Primero, porque el que el proceso multilateral no funcione tan suavemente como desearíamos no es algo que nos deba sorprender ni frustrar. Tampoco funcionan los pactos amplios en muchas de nuestras democracias en esta cuestiones. ¿Por qué esperarlo entonces de un proceso internacional aún más complejo, y más aún en estos tiempos de polarización y populismo creciente? Pero, en segundo lugar, y sobre todo, porque tenemos mucho más potencial del que nos creemos para seguir trabajando en la reducción de emisiones, muchas veces apoyados en la tecnología, y otras en el convencimiento.
Por tanto, mantengamos el optimismo. Pero, eso sí, dejémonos de declaraciones grandilocuentes, de lenguaje diplomático semivacío, de objetivos sin medidas a veces incómodas detrás. Gestionemos las expectativas. Y pongámonos a trabajar, como decía JFK. ¿En qué trabajamos?
Pues, a nivel público, en de una vez por todas pasar de los objetivos y de las palabras a la acción. Y acción significa aprobar leyes y decretos a veces incómodos, pero eficaces: medidas para reformar el sistema eléctrico de forma que los inversores en renovables se atrevan a invertir; medidas de restricción de tráfico en ciudades (acompañadas por supuesto de refuerzos de la calidad del transporte público); impuestos significativos para los vehículos más contaminantes (no sólo en términos de NOx o partículas, sino también de CO2), preferiblemente sobre la matriculación, para ayudar de verdad al cambio; incentivos para reducir el transporte de mercancías por carretera; apoyo e instrumentos financieros para la rehabilitación integral (no sólo energética) de los edificios; señales de descarbonización a la industria acompañadas de medidas para impulsar su competitividad; promoción de los sumideros; y por supuesto, apoyo para los perdedores de la transición, que los habrá. Sinceramente creo que, si se diseñan bien estas medidas, no hay muchos argumentos para oponerse a ellas desde ningún lado del espectro polítíco. Otra cosa es si se diseñan desde la demagogia y el clientelismo.
A nivel particular también podemos hacer cosas: podemos, sobre todo, tratar de abandonar la cultura consumista, y no responder a las estrategias empresariales que, incluso con excusas ambientales, nos animan a seguir comprando y comprando (como pasaba de hecho durante la COP); podemos adoptar dietas más sanas y menos perjudiciales para el planeta; podemos comprar energía renovable, pero exigiendo que sea adicional y no meramente un intercambio de cromos; los que vivimos en ciudades y por tanto lo tenemos más fácil, debemos dejar el vehículo privado y pasarnos al público (siempre que las medidas públicas ayuden a que esta opción funcione bien, claro), o a andar o a la bici; podemos climatizar de forma adecuada y no excesiva nuestras viviendas, cambiar la tecnología de iluminación, y cuando toque, comprar electrodomésticos eficientes; podemos reducir esos vuelos de ocio, y también los de trabajo...Y todo ello sin necesariamente perder bienestar.
Y, ¿si EEUU o Brasil o China no acompañan, debemos seguir haciendo esto en Europa? Pues yo creo que sí. Primero, por responsabilidad. Pero segundo, porque si lo hacemos bien, y demostramos que es posible reducir emisiones sin un coste excesivo (y sin simplemente desplazarlas a Asia, claro), y desplegamos las medidas comerciales adecuadas, podemos empujar a los demás que quieran importar a Europa a seguirnos independientemente del acuerdo o no en las futuras COPs. De nuevo, el caso de California como impulsor de las tecnologías limpias y eficientes en EEUU es una buena referencia.
En resumen, creo que, si todos hacemos nuestra parte, y esto incluye a nuestros representantes políticos, conseguiremos mucho más de lo que nos creemos, sin necesidad de seguir esperando al Godot de las COPs. ¿A qué esperamos?
ADD: En una entrada posterior, David Victor parece apoyar también este enfoque, aunque, curiosamente, recuperando una idea que ya se manejó hace más de 10 años y que se había abandonado, los acuerdos sectoriales.
Y es que, un año más, las cumbres del clima nos muestran muy bien el conflicto entre las tres fuerzas que juegan en todo este proceso: las demandas de los científicos y de (parte) de la sociedad; las inercias e intereses distintos, a veces de una parte mayor de la sociedad, que hacen tan difícil avanzar; y el arte de tratar de formular declaraciones políticas que intenten reconciliar todo esto, que no es nada fácil.
Por un lado, las demandas de los científicos y de los activistas deberían llevarnos a tener más ambición en la reducción de las emisiones, y a compromisos más firmes por parte de los países. Pero los intereses de los distintos países o empresas, por supuesto no alineados entre sí, hacen que sea muy difícil responder a esta ambición. En parte, porque, aunque muchas veces nos empeñemos en no reconocerlo, el actuar contra el cambio climático tiene costes a corto plazo, mayores cuanto mayor sea la ambición. Sí, por supuesto: el no actuar también tiene costes, y mayores. Pero esto no es fácil de entender por una parte importante de la sociedad, seguramente porque tenga otras preocupaciones más urgentes y visibles encima de la mesa, y menos aún si la percepción es que estos costes los pagan los de siempre. Y claro, si es esta misma parte -- mayoritaria en ocasiones -- de la sociedad la que elige a los políticos en los sistemas democráticos, no es sorprendente que muchos de estos políticos no estén particularmente interesados en firmar acuerdos que supongan costes fácilmente percibidos por sus electores.
Este es, en mi opinión, el escollo fundamental al que se enfrenta el proceso internacional en materia climática: no la brecha entre políticos y la sociedad, que yo creo que no es tal, sino la brecha entre una parte, relativamente pequeña, de la sociedad que, apoyada en parte en los científicos (y otras veces en otras agendas ocultas o no), exige cambios urgentes; y otra que no ve aún la urgencia, sobre todo cuando se trata de rascarse el bolsillo o de perder confort o viajar menos. El hecho de que por ejemplo en las últimas elecciones españolas nadie hablara de cambio climático es muy representativo de esta situación, en mi opinión. Coincido pues con David Victor cuando dice que no se trata de mostrar liderazgo, sino de conseguir seguidores.
Se trata de conseguir que la mayor parte de la sociedad vea los beneficios de la actuación contra el cambio climático, de forma tangible y cercana, y que traslade esta prioridad a la elección de los políticos. A veces eso se podrá conseguir gracias a los co-beneficios en términos de salud o de reducción de la factura, pero esto, recordemos, ni es inmediato, ni es tampoco fácilmente perceptible por los ciudadanos. Hace falta bastante más esfuerzo de concienciación, y sobre todo, dar ejemplos concretos de cómo mejorar la vida de los ciudadanos, o de como avanzar sin estropeársela demasiado. A este respecto, me parece fundamental el análisis que está haciendo gente como Paco Heras, de la OECC, que en una fantástica charla que impartió ayer en Comillas nos mostró cómo la sociedad parece estar hipersensibilizada acerca de la importancia del cambio climático, y favorable a emprender medidas....siempre que no le cuesten mucho, y siempre que se las expliquen bien. Otra idea interesante es la que formula Mike Schur en este podcast con Ezra Klein: la gente no quiere apoyar políticas que reconozcan que lo hemos hecho mal personalmente hasta ahora.
En este sentido, el "wishful thinking" que vemos en algunos políticos no creo que ayude mucho, porque, aunque seguro que consigue apoyos porque quieren transmitir el mensaje de que todos lo hemos hecho bien y que la culpa es de otros, lo único que hará será aumentar la frustración cuando ese escenario de color de rosa tarde más de lo previsto en materializarse, o no se materialice por falta de medidas para que suceda.
Esto también se puede trasladar al contexto internacional: hay países, generalmente acomodados, que tratan de avanzar en la reducción de emisiones, y otros que, en parte con razón, dicen que para poder hacer eso necesitan apoyo económico, tanto para reducir sus emisiones como para adaptarse, porque ellos no han sido los culpables del problema. Por supuesto que hay alguno en el lado equivocado, como el gobierno estadounidense, o últimamente el brasileño...Pero, mientras no reconozcamos el problema fundamental, que es de distribución de recursos, y de actuaciones sin costes excesivos, y no pongamos los medios para solucionarlo (básicamente, apoyo y dinero) creo que el multilateralismo se quedará sólo para las declaraciones de flores y pájaros (el "creative PR" que decía Greta Thunberg), que valen para muy poco, como bien nos recuerda Nat Keohane, y naufragará en cuanto tenga que meterse con los detalles no tan bonitos, porque lograr el acuerdo de todos es muy complicado.
Ahora bien, creo que no hay que dejarse llevar por el pesimismo. Primero, porque el que el proceso multilateral no funcione tan suavemente como desearíamos no es algo que nos deba sorprender ni frustrar. Tampoco funcionan los pactos amplios en muchas de nuestras democracias en esta cuestiones. ¿Por qué esperarlo entonces de un proceso internacional aún más complejo, y más aún en estos tiempos de polarización y populismo creciente? Pero, en segundo lugar, y sobre todo, porque tenemos mucho más potencial del que nos creemos para seguir trabajando en la reducción de emisiones, muchas veces apoyados en la tecnología, y otras en el convencimiento.
Por tanto, mantengamos el optimismo. Pero, eso sí, dejémonos de declaraciones grandilocuentes, de lenguaje diplomático semivacío, de objetivos sin medidas a veces incómodas detrás. Gestionemos las expectativas. Y pongámonos a trabajar, como decía JFK. ¿En qué trabajamos?
Pues, a nivel público, en de una vez por todas pasar de los objetivos y de las palabras a la acción. Y acción significa aprobar leyes y decretos a veces incómodos, pero eficaces: medidas para reformar el sistema eléctrico de forma que los inversores en renovables se atrevan a invertir; medidas de restricción de tráfico en ciudades (acompañadas por supuesto de refuerzos de la calidad del transporte público); impuestos significativos para los vehículos más contaminantes (no sólo en términos de NOx o partículas, sino también de CO2), preferiblemente sobre la matriculación, para ayudar de verdad al cambio; incentivos para reducir el transporte de mercancías por carretera; apoyo e instrumentos financieros para la rehabilitación integral (no sólo energética) de los edificios; señales de descarbonización a la industria acompañadas de medidas para impulsar su competitividad; promoción de los sumideros; y por supuesto, apoyo para los perdedores de la transición, que los habrá. Sinceramente creo que, si se diseñan bien estas medidas, no hay muchos argumentos para oponerse a ellas desde ningún lado del espectro polítíco. Otra cosa es si se diseñan desde la demagogia y el clientelismo.
A nivel particular también podemos hacer cosas: podemos, sobre todo, tratar de abandonar la cultura consumista, y no responder a las estrategias empresariales que, incluso con excusas ambientales, nos animan a seguir comprando y comprando (como pasaba de hecho durante la COP); podemos adoptar dietas más sanas y menos perjudiciales para el planeta; podemos comprar energía renovable, pero exigiendo que sea adicional y no meramente un intercambio de cromos; los que vivimos en ciudades y por tanto lo tenemos más fácil, debemos dejar el vehículo privado y pasarnos al público (siempre que las medidas públicas ayuden a que esta opción funcione bien, claro), o a andar o a la bici; podemos climatizar de forma adecuada y no excesiva nuestras viviendas, cambiar la tecnología de iluminación, y cuando toque, comprar electrodomésticos eficientes; podemos reducir esos vuelos de ocio, y también los de trabajo...Y todo ello sin necesariamente perder bienestar.
Y, ¿si EEUU o Brasil o China no acompañan, debemos seguir haciendo esto en Europa? Pues yo creo que sí. Primero, por responsabilidad. Pero segundo, porque si lo hacemos bien, y demostramos que es posible reducir emisiones sin un coste excesivo (y sin simplemente desplazarlas a Asia, claro), y desplegamos las medidas comerciales adecuadas, podemos empujar a los demás que quieran importar a Europa a seguirnos independientemente del acuerdo o no en las futuras COPs. De nuevo, el caso de California como impulsor de las tecnologías limpias y eficientes en EEUU es una buena referencia.
En resumen, creo que, si todos hacemos nuestra parte, y esto incluye a nuestros representantes políticos, conseguiremos mucho más de lo que nos creemos, sin necesidad de seguir esperando al Godot de las COPs. ¿A qué esperamos?
ADD: En una entrada posterior, David Victor parece apoyar también este enfoque, aunque, curiosamente, recuperando una idea que ya se manejó hace más de 10 años y que se había abandonado, los acuerdos sectoriales.
jueves, 19 de diciembre de 2019
¿Para quién escribir?
Una reflexión muy interesante de Milanovic sobre la libertad al escribir. ¿Escribimos para trasladar un mensaje, o para que nos lean/escuchen/vean?¿Basta que nos lean unos pocos, o cuantos más mejor? Yo creo que esto no es necesariamente una dicotomía, pero es cierto que a veces genera tensiones si, para que nos lean (que es al fin y al cabo el objetivo de muchos de los que escribimos), hay que cambiar lo que decimos. Y esta tensión va en aumento en los últimos años en los que se mercantiliza y polariza todo.
Como en muchas otras cosas, supongo que la virtud está en el termino medio. Si escribimos con total libertad, pero no nos lee nadie, esto es parecido a lo del árbol que cae en medio del bosque y no genera sonido (porque nadie lo escucha). El reto es pues trasladar el mensaje original, provocador, disruptivo, independiente, riguroso...de una forma que los que tienen que escucharlo lo escuchen, y cuantos más mejor. Al fin y al cabo, como decía Bauman, no hay diálogo si sólo nos comunicamos con los que piensan igual que nosotros...Y eso reconozco que es un arte que pocos dominan, yo el último :).
Como en muchas otras cosas, supongo que la virtud está en el termino medio. Si escribimos con total libertad, pero no nos lee nadie, esto es parecido a lo del árbol que cae en medio del bosque y no genera sonido (porque nadie lo escucha). El reto es pues trasladar el mensaje original, provocador, disruptivo, independiente, riguroso...de una forma que los que tienen que escucharlo lo escuchen, y cuantos más mejor. Al fin y al cabo, como decía Bauman, no hay diálogo si sólo nos comunicamos con los que piensan igual que nosotros...Y eso reconozco que es un arte que pocos dominan, yo el último :).
miércoles, 18 de diciembre de 2019
Acemoglu, sobre las razones del crecimiento económico
Una conversación sinceramente apasionante entre Tyler Cowen y Daron Acemoglu sobre el último libro de Acemoglu y Robinson, pero sobre muchas cosas más. Cowen aprieta y Acemoglu responde, por supuesto en la línea de los argumentos que ya conocemos del estupendo Why Nations Fail (y quizá en los del nuevo libro, que no he leído aún, pero que Gerard Llobet ya ha reseñado). Podéis escuchar el podcast o leer la transcripción, pero en todo caso vale la pena.
martes, 17 de diciembre de 2019
Progresos en la discusión sobre la desigualdad
La verdad es que la discusión actual sobre la desigualdad es apasionante, o al menos para mí. Porque, aunque creo que nadie (salvo algún neoliberal recalcitrante) discute que vivimos en un mundo con niveles de desigualdad intolerables, la cuestión es cómo reducirla, y dónde, y cuánto. Y para eso también hay que acertar en el diagnóstico de lo que la está causando. Y sobre todo, en mi opinión, no usarla (igual que el cambio climático) simplemente como una excusa para impulsar una determinada agenda política, sino como un problema a solucionar en sí mismo.
En las últimas semanas se han acumulado varias lecturas interesantes para seguir al día sobre la cuestión, así que las concentro todas en esta entrada (seguro que se me olvida alguna):
- El especial de The Economist, en el que cuestionan que la desigualdad sea tan alta como algunos dicen, y resumen bien el estado de las investigaciones recientes.
- Las propuestas (que suscribo totalmente) de Martin Wolf para arreglar el capitalismo: mayor competencia en los mercados, menor financiarización, menos grandes corporaciones y sus lobbies, menos desigualdad, y menos corrupción política.
- Tyler Cowen cuestiona la parte del aumento del monopolio en los mercados, básicamente porque dice que no ve evidencia en precios o cantidades de ese monopolio. Y lo refuerza con un paper reciente en el que se indica que las empresas se hacen más grandes porque son mejores (aunque eso para mí no resuelve el problema....al fin y al cabo es como un monopolio natural...más eficiente, pero que necesita ser regulado, aunque quizá de forma distinta)
- Greg Mankiw dice que, si hay que subir los impuestos a los ricos, hay formas mejores y peores de hacerlo. Su ejemplo inicial es muy bueno. Mankiw presentó esta idea en un debate que ya blogueé, con Summers de estrella.
En las últimas semanas se han acumulado varias lecturas interesantes para seguir al día sobre la cuestión, así que las concentro todas en esta entrada (seguro que se me olvida alguna):
- El especial de The Economist, en el que cuestionan que la desigualdad sea tan alta como algunos dicen, y resumen bien el estado de las investigaciones recientes.
- Las propuestas (que suscribo totalmente) de Martin Wolf para arreglar el capitalismo: mayor competencia en los mercados, menor financiarización, menos grandes corporaciones y sus lobbies, menos desigualdad, y menos corrupción política.
- Tyler Cowen cuestiona la parte del aumento del monopolio en los mercados, básicamente porque dice que no ve evidencia en precios o cantidades de ese monopolio. Y lo refuerza con un paper reciente en el que se indica que las empresas se hacen más grandes porque son mejores (aunque eso para mí no resuelve el problema....al fin y al cabo es como un monopolio natural...más eficiente, pero que necesita ser regulado, aunque quizá de forma distinta)
- Greg Mankiw dice que, si hay que subir los impuestos a los ricos, hay formas mejores y peores de hacerlo. Su ejemplo inicial es muy bueno. Mankiw presentó esta idea en un debate que ya blogueé, con Summers de estrella.
lunes, 16 de diciembre de 2019
Sobre la precisión de los modelos climáticos
Un paper (de pago, aquí el resumen en Real Climate) que ha hecho bastante ruido en la prensa estos días, y que creo que es interesante, pero que cae también en algunos de los errores de los negacionistas, como es el querer transmitir una falsa sensación de precisión, y también el querer validar resultados contra un horizonte aún breve.
En todo caso, creo que la aportación es interesante, aunque para los que estábamos en esto no muy significativa: por si alguien aún lo dudaba, los modelos climáticos no dicen tonterías, sobre todo una vez que se parte de un supuesto claro de concentración de CO2. Y es que, como hemos dicho muchas veces, la física climática no permite muchos errores ni muchas discusiones. Aunque, por supuesto, hay un rango de incertidumbre importante, problemático a la hora de decidir cuáles son los niveles de emisiones tolerables. Por eso, como siempre, lo mejor es seguir manejando los modelos como lo que son, algo que nos ayuda a entender la realidad, pero que sólo pueden ser un input más para tomar decisiones.
En todo caso, creo que la aportación es interesante, aunque para los que estábamos en esto no muy significativa: por si alguien aún lo dudaba, los modelos climáticos no dicen tonterías, sobre todo una vez que se parte de un supuesto claro de concentración de CO2. Y es que, como hemos dicho muchas veces, la física climática no permite muchos errores ni muchas discusiones. Aunque, por supuesto, hay un rango de incertidumbre importante, problemático a la hora de decidir cuáles son los niveles de emisiones tolerables. Por eso, como siempre, lo mejor es seguir manejando los modelos como lo que son, algo que nos ayuda a entender la realidad, pero que sólo pueden ser un input más para tomar decisiones.
viernes, 13 de diciembre de 2019
How solar energy became cheap, de Nemet
Hace unos meses ya blogueé la publicación del libro. Ahora ya lo he leído y comparto la reseña. El resumen: un libro muy ameno y recomendable, pero con pocas conclusiones firmes.
Nemet parece compartir la creencia de Ignacio Pérez Arriaga en el modelo docente de la cebolla: contar varias veces lo mismo a distinto nivel de detalle, tanto para cubrir las necesidades de distintos públicos, como para mejorar el aprendizaje. Así, los capítulos 1 y 2 resumen bien el libro completo. Y en cada uno de los capítulos posteriores hay un resumen de cada uno. De hecho, incluso puede reducirse a un párrafo:
Lo que pasa es que al leer todo este detalle de relaciones personales y elementos afortunados también te das cuenta de que esa historia aparentemente tan limpia sobre el modelo de desarrollo de la FV y su posible extensión a otras tecnologías no parece tan sencilla como parece desprenderse de la lectura del primer capítulo....Algo que el propio Nemet reconoce, aunque sólo al final (p.212):
En la parte final Nemet trata de responder a las tres preguntas clave: ¿cuáles fueron los drivers del éxito?¿qué atributos de la FV hicieron que respondiera bien a ellos?¿Y a qué otras tecnologías podemos aplicar este modelo (para mejorarlo, claro)?
Según él, la FV mejoró como resultado de una serie de características históricas:
Pero sí que es cierto que mucho depende del tipo de tecnologías. Nemet las clasifica (algo muy útil), para ver cuáles se pueden acoger a un modelo similar al de la FV. Y pone como ejemplo de las que sí la captura directa de carbono. Que es cierto que, si lograra una reducción de costes similar a la que logró la FV en los últimos 20 años, podría ser competitiva y por tanto muy interesante tanto para reducir la concentración de CO2 en la atmósfera, como para producir combustibles sintéticos muy interesantes para el transporte pesado o la industria...
El libro concluye con una lista de propuestas sensatas (independientemente de que el modelo de evolución de la FV sea robusto o no):
Nemet parece compartir la creencia de Ignacio Pérez Arriaga en el modelo docente de la cebolla: contar varias veces lo mismo a distinto nivel de detalle, tanto para cubrir las necesidades de distintos públicos, como para mejorar el aprendizaje. Así, los capítulos 1 y 2 resumen bien el libro completo. Y en cada uno de los capítulos posteriores hay un resumen de cada uno. De hecho, incluso puede reducirse a un párrafo:
This niche market strategy worked in part because the technology could function at any scale. Entrepreneurs were crucial throughout PVs history. Public institutions played critical roles -- especially funding R&D and subsidizing early markets. Five key countries made distinct contributions that emerged from each country's national innovation system. Each built on the work of previous leader countries with global flows of knowledge, in people, devices, and machines, catalyzing a truly global innovation system. However, all of this ocurred too slowly.Y es que, como se lee al final, Nemet no es necesariamente optimista, porque su argumento es que la FV ha tardado demasiado en desarrollarse, desde que en el 54 se desarrolló el primer módulo comercial, algo muy celebrado por el NY Times:
It may mark the beginning of a new era, leading eventually to the realization of one of mankind's most cherished dreams - the harnessing of the almost limitless energy of the sun for the uses of civilization.En todo caso, a los interesados en el tema les recomiendo ir más allá de los resúmenes. El libro está bien escrito, y se sigue muy bien, sobre todo los que describen en detalle la evolución de la FV, las anécdotas, las casualidades...hay muchas cosas que yo no conocía sobre la historia de la FV y su regulación (incluyendo la primera feed-in-tariff y el primer caso de net-metering, o un sistema de compra pública ya en el 75...).
Lo que pasa es que al leer todo este detalle de relaciones personales y elementos afortunados también te das cuenta de que esa historia aparentemente tan limpia sobre el modelo de desarrollo de la FV y su posible extensión a otras tecnologías no parece tan sencilla como parece desprenderse de la lectura del primer capítulo....Algo que el propio Nemet reconoce, aunque sólo al final (p.212):
It is certainly wrong to attribute solar's progress to the main drivers of cost reductions: understanding a scientific phenomenon, funding R&D, public procurement, serving niche markets, subsidizing demand, taking advantage of policy windows, and entrepreneurial scale up. The details of policy design played a role, as did Russia's head start in the space race, geo-politics in the Middle East, the 1994 tax law change in China, and the 1998 federal election in Germany. As it has for many technologies, serendipity also affected progress.Y esto lleva a que su capítulo 8, en el que empieza a plantear ideas para el futuro, resulte demasiado conjetural para mí gusto. Aunque su reflexión sobre los "soft costs" es sensata, no me parece tanto su esperanza en los nichos con alta disponibilidad a pagar para cambiar significativamente las cosas.
En la parte final Nemet trata de responder a las tres preguntas clave: ¿cuáles fueron los drivers del éxito?¿qué atributos de la FV hicieron que respondiera bien a ellos?¿Y a qué otras tecnologías podemos aplicar este modelo (para mejorarlo, claro)?
Según él, la FV mejoró como resultado de una serie de características históricas:
- Scientific contributions that provided a fundamental understanding of the PV effectY a partir de ello trata de construir 9 drivers de acuerdo con la teoría de la innovación:
- A breakthrough at a corporate laboratory in the US in 1954 that made a commercially viable PV device
- A major government R&D and public procurement effort in the 70s in US
- Japanese electronic conglomerates serving niche markets in the 80s and launching the first major rooftop subsidy program in 94
- Germany adopting a FIT in 2000 that quadrupled the market for PV and developing production equipment that automated and scaled PV manufacturing
- Entrepreneurs trained in Australia building factories in China and creating the world's largest market
- A cohort of adopters with high WTP and installers learning by doing (con este último, como digo, no estoy de acuerdo, ealmente los construyeron por el net metering).
- Scientific understanding of a phenomenonLo malo es que no sabemos cómo de relevantes son, y si hay causalidad (y si hay contraejemplos). Por tanto, más allá de la correlación, es difícil saber si fueron drivers o no (aunque algunos sí están muy claros). Yo los llamaría circunstancias. Mi interpretación alternativa (aunque basada en algunas de sus ideas) de los drivers es más sencilla pero también menos ambiciosa:
- Evolving R&D foci
- Iterative upscaling
- Learning by doing
- Knowledge spillovers
- Modular scale
- Policy-independent niche markets
- Robust policy support
- Delayed system integration challenges
- La característica esencial de la FV es su tamaño modularEn cuanto a las ventajas de la FV, Nemet propone que son (y aquí creo que tiene razón en todo):
- Que le permitió ser usado en nichos
- Que hace que los retos de integración en el sistema no sean evidentes hasta que hay un despliegue masivo, y que por tanto no son una preocupación al principio
- Y que quizá explique que siempre, en un lugar u otro, ha habido apoyo político y por tanto mercado
- Modular: Más fácil evolucionar en la producciónEn todo caso, la cuestión central es cómo exportar el modelo. Y aquí Nemet refleja el debate existente entre gente como Sovacool, que cree en que es posible un despliegue muy rápido, y gente como Smil o Fouquet, que nos recuerdan que las transiciones llevan tiempo. Está claro de quién me fío más :). La cosa es si es posible acelerar el desarrollo (algo que comparto) sin elegir ganadores, porque eligiendo ganadores puedes equivocarte y mucho, viendo todas las posibilidades. Por ejemplo, hace unos años nadie pensaba que la FV sería la ganadora. ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos apostado todo a otra tecnología? Por eso, no veo mucho sentido a lo que intenta Nemet de tratar de proponer formas en las que se hubiera podido acelerar más la FV, más allá del sentido común. Si no tenemos contrafactual...
- Diseño dominante al que hacer evolucionar
- Automatizable
- Facilidad para entrar en el mercado
- Gran aceptación pública
Pero sí que es cierto que mucho depende del tipo de tecnologías. Nemet las clasifica (algo muy útil), para ver cuáles se pueden acoger a un modelo similar al de la FV. Y pone como ejemplo de las que sí la captura directa de carbono. Que es cierto que, si lograra una reducción de costes similar a la que logró la FV en los últimos 20 años, podría ser competitiva y por tanto muy interesante tanto para reducir la concentración de CO2 en la atmósfera, como para producir combustibles sintéticos muy interesantes para el transporte pesado o la industria...
El libro concluye con una lista de propuestas sensatas (independientemente de que el modelo de evolución de la FV sea robusto o no):
- I+D continuaEn resumen: un libro ameno, útil y sensato, en el que se reconocen las limitaciones del modelo, aunque sólo de forma explícita al final.
- Compra pública
- Fuerza de trabajo entrenada y móvil
- Conocimiento codificado y por tanto fácilmente comunicable
- Incentivos para la producción disruptiva, que se adapta a lo que realmente requiere el mercado
- Mercados robustos que combinen credibilidad y flexibilidad
- Facilitar los spillovers tecnológicos entre sectores
- Movilidad global
- Economía política
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