Una idea que me lleva rondando la cabeza desde el otro día en el Encuentro del IESE, cuando estuve escuchando a los líderes de las principales empresas energéticas españolas, es que cada vez es más importante tener un regulador/gobernante independiente y con recursos para tomar buenas decisiones sin depender de lo que cuenta cada uno de los agentes interesados. Y sobre todo en estos tiempos con tanta incertidumbre.
Más aún porque, en general, la demanda está infrarrepresentada, así que toda la información que domina el debate, y que llega a nuestros políticos, es la de los que nos quieren vender algo, sean redes, biometano, nuclear, renovables, combustibles sintéticos, la necesidad de los subsidios, o de la eliminación de la regulación ambiental para seguir siendo competitivos. Y ya sabemos que, a veces, la verdad se retuerce un poco cuando están en juego tantos millones: todos arriman el ascua a su sardina. Es cierto que a veces se compensan entre ellos, porque sus intereses no son siempre los mismos, y en ocasiones entran en conflicto. Pero como digo, el problema es que (casi) nadie defiende al consumidor/contribuyete, que es el que termina siempre pagando la factura o los impuestos.
En todo esto, por supuesto, es fundamental lograr un equilibrio: no se trata de demonizar a la empresa, que, SI (en mayúsculas) funciona en libre competencia, es capaz de proporcionar a la sociedad lo que necesita, al mínimo coste (incluyendo empleo). Pero tampoco podemos siempre sucumbir al discurso habitual de que la empresa necesita certidumbre para invertir, y que eso supone que les aseguremos siempre los ingresos, o las subvenciones. Las buenas empresas saben, o deberían saber, competir en presencia de riesgos e incertidumbre, saben cubrir esos riesgos, saben apostar por las mejores opciones, mucho mejor que los gobernantes o que los consumidores. Reconociendo por supuesto que a veces necesitan apoyo, para hacer cosas que la sociedad quiere pero que todavía no son competitivas, para que lo sean. Pero no puede ser que siempre el riesgo se lo coma el consumidor o contribuyente.
Por eso, mi conclusión después del evento es que es más necesario que nunca contar con reguladores/gobernantes capaces de crear marcos competitivos en los que las empresas vean los riesgos, y por supuesto, las recompensas por acertar. No tanto ir soltando dinero sin retorno. El dinero, ese que no nos sobra, deberíamos dejarlo para compensar a los perdedores; no a las empresas que se equivocan en sus apuestas, sino a los que trabajan en sectores que vamos a tener que dejar, o a aquellos a los que hemos cambiado las reglas de juego sin tiempo para adaptarse.
ADD: Un lector me hace llegar esta cuestión: Una matización/duda: si usamos el dinero para compensar a los perdedores, que puedo estar en cierta medida de acuerdo, donde pones la frontera, y sobre todo, como consigues no ir en contra de lo que seria una política industrial y de innovación inteligente, donde si no me equivoco (Rodrik? ) lo suyo es "premiar y apoyar a los ganadores / innovadores, en lugar de sostener a los perdedores" ?
Respuesta: la clave es la diferencia entre "sostener a los perdedores" y "compensarles", es decir, ayudarles a sobrellevar el golpe, pero no haciendo lo mismo que antes, sino por ejemplo ayudándoles a transformarse para la nueva fase (por ejemplo, ayudando a los hogares/empresas vulnerables a invertir en eficiencia y renovables, o a comprar vehículos eléctricos)
- Lo primero que me preguntaba el periodista es cuánto realmente paga el consumidor más allá de lo que dice el mercado diario. Eso como sabéis se puede mirar, al menos para el PVPC, en ESios. Ahí podemos ver cómo, para un precio del mercado mayorista extremadamente bajo como el que tenemos estos días, el precio que pagaría un consumidor regulado estaría entre 90 y 265 €/MWh para la semana pasada. A eso hay que sumar el término de potencia, impuesto de electricidad y otros cargos, que, según la CNMC y su comparador, suman un 60% más al coste de la factura. Mirando el coste medio de la electricidad del comparador de la CNMC me salen 250 €/MWh.
- También es interesante analizar cómo de frecuentes son esos precios del mercado diario tan bajos. El año 2026 no es demasiado representativo, por las altas precipitaciones del comienzo, y las temperaturas suaves que tenemos ahora (esto sí lo cuentan bien en el artículo del FT, más allá como digo de su titular). Si miramos un año completo (2025), vemos que el número de horas en las que estuvimos por debajo de los 14 €/MWh fue un 44%. El precio medio (sin ponderar) fue de 65 €/Mwh.
- Y luego, a la hora de comparar los precios de la electricidad para los consumidores, le he recomendado que mire en Eurostat, tanto para Hogares como para Industria y Servicios.
- Por último, tampoco viene mal recordar que, en términos de protección frente a la subida de los fósiles, como ya recordaba en mi artículo de The Conversation, no estamos significativamente mejor que otros en Europa: Europa depende en un 73 % de los combustibles fósiles (un 90-95 % importado) para su suministro energético. En España, y a pesar de los avances recientes en renovables, el consumo final de energía sigue siendo en un 70 % fósil (importado al 100 %), con el transporte alimentado casi por completo por el petróleo. En este sentido, sería interesante hacer el cálculo, pero no me sorprendería que una introducción de vehículos eléctricos como por ejemplo la que planteaba el PNIEC de 2019 nos aislara mejor, al reducir nuestra dependencia del petróleo (como hace China). De hecho, si todas las medidas de ese PNIEC hubieran estado implantadas estaríamos en mucha mejor situación. De ahí la importancia de no perder comba en la transición.
No me despido sin recomendaros que, en cuanto a posibles medidas de apoyo, leáis lo que plantea Javi Revuelta, que me parece en general muy sensato. También podéis por supuesto volver a consultar las recomendaciones que hicimos desde el IIT en la última crisis.